Jordi Agustí Ballester (Barcelona, 1954) es un paleontólogo español especializado en mamíferos cenozoicos y evolución humana. Se doctoró en Ciencias Biológicas por la Universidad de Barcelona en 1981 bajo la dirección de Miquel Crusafont i Pairó con su tesis Roedores Miomorfos del Neógeno de Cataluña. De 1985 a 2005 fue director del Instituto de Paleontología Miquel Crusafont. Desde 2005 es profesor de investigación de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA) en la Universidad Rovira i Virgili, primero en el Área de Prehistoria y desde 2007 en el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social.
En 1976, junto con Josep Gibert i Clols y Narciso Sánchez, descubrió el yacimiento de Venta Micena en la localidad de Orce (Granada), donde organizaron una campaña de excavación con Salvador Moyà-Solà y Joan Pons-Moyà. Allí se descubrió en 1982 el fragmento de cráneo siglado como VM-0, e inicialmente identificado como perteneciente al género Homo, el denominado hombre de Orce.1 Sin embargo la adscripción del fósil a un humano no está clara: tras posteriores análisis, Agustí y Moyà-Solà publican en 1987 su posible pertenencia a un individuo juvenil del género Equus, lo que desatará una intensa controversia.2
Sus trabajos de investigación se han centrado en el estudio de los mamíferos extintos, desde la doble vertiente evolutiva y paleoecológica, y ha dirigido diversos proyectos europeos así como campañas paleontológicas en el norte de África y Georgia.
Tiene publicados más de 250 trabajos en revistas científicas sobre fósiles de micromamíferos del Cenozoico europeo.
En 1999 ingresó en la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona. En 2003 recibió la Medalla Narcís Monturiol al mérito científico y tecnológico de la Generalidad de Cataluña.
Se trata de un estudio interdisciplinar sobre la evolución de los homínidos: el cerebro, las estructuras sociales tan típicas del Homo sapiens, la tecnología, la cultura, el simbolismo y el lenguaje; todo ello marcado con un fuerte énfasis en la cognición y la mente humana. El tema es abordado por una gama de ciencias diversas, desde la paleontología, pasando por la biología evolutiva e incluso la neurología.
A decir verdad, la obra me ha sido de gran utilidad en mi proceso de aprendizaje en el terreno de las ciencias naturales. Para un lector como yo, cuyo objetivo principal era desarrollar una concepción general de la arquitectura y el funcionamiento del cerebro humano, el libro resulta más que adecuado. Si bien mi atención se focalizó en los capítulos más estrechamente relacionados con mi campo de interés, los apartados que se alejaban un poco del tema los disfruté asimismo, aunque con algo menos de entusiasmo.
En cuanto al capítulo final, que lleva el mismo nombre de la obra, confieso que me sorprendió. Yo esperaba un fragmento totalmente dedicado al cambio climático, a los daños a la biosfera y demás calamidades provocadas por el ser humano por obra de su intelecto; pero no: resultó ser algo distinto. No me esperaba para nada ese enfoque en la biomedicina evolutiva, y conceptos como «las enfermedades de la civilización» o el «retraso genómico» me fascinaron profundamente, sobre todo este último.
He aprendido muchísimo con este libro; tanto es así que, durante la lectura de cada capítulo, experimenté a fondo aquella sensación de descubrir algo inédito, tan intensa y frecuente en la infancia. Muy buena obra divulgativa: me ha dejado más que satisfecho en cuanto al cumplimiento de su función.
Es un libro extraordinario y merece la pena ser leído tanto por personas dedicadas a las ciencias sociales o clínicas, como personas que no tienen formación alguna en ella. Tener claridad sobre cómo ha evolucionado la especie humana, quizá nos ayude a comprender mejor quiénes somos.
Bastante interesante y se aprenden cosas. Para mi gusto no tiene 5 estrellas porque en algún capítulo se mete demasiado en la estructura cerebral llegando a aburrir con demasiados detalles que complican más la lectura de lo que la aclaran.