Alicia Flores García hace más de 30 años que vive en los Estados Unidos y casi no tiene recuerdos de su pueblo natal nicaragüense; según le contaron, fue su abuela quien decidió enviarlas a ella y a su madre al exilio para protegerlas de la interminable guerra. Su abuela, figura borrosa para ella, fue asesinada y tirada a un pozo al fondo de su casa, un año después de su separación. Nunca se conoció el culpable. Hoy Alicia debe viajar a Nicaragua para arreglar asuntos legales de la propiedad de su abuela; sin embargo, el viaje dará un giro inesperado y esos asuntos legales perderán el protagonismo para dar lugar a una búsqueda que la llevarán a comprender lo importante que es en realidad para unx el país de origen y su historia.
En el 2018, jóvenes nicaragüenses iniciaron unas protestas por reformas sociales que iban en detrimento de lxs jubiladxs y la respuesta del gobierno fue una dura represión militar y policial. Cientos de jóvenes murieron en las calles en manos del gobierno. Este contexto será entonces el disparador de una búsqueda personal. Alicia querrá saber cómo y por qué murió su abuela; querrá saber quién fue su padre, soldado defensor de su país que murió en las montañas en los 80 defendiendo la revolución; querrá saber sobre su gente y las interminables luchas de los nicaragüenses por ser libres, tener derechos y vivir en paz. Y es entonces que Alicia, como Alicia en el País de las Maravillas, llegará al país de las calles sin nombre, uno que inicialmente no comprende, pero del que se irá transformada. Porque la tierra de unx siempre será parte de unx, porque las raíces no se borran. Y lo que Alicia nunca pensó que le faltaba será una innegable parte de sí misma.
Una novela excelente para reflexionar sobre el imperialismo y las consecuencias de la violencia y, además, una oportunidad para conocer las luchas que todavía vive hoy el pueblo nicaragüense.