Un acierto. No es la saga más imparcial, profunda, ni completa; es, además, una narración histórica muy tradicional, centrada en los años, grandes eventos, y presidentes de turno, algo que, a mí, generalmente, no me apasiona demasiado. Pero es tremendamente entretenida. Supongo que esa es la gracia de que la escriba el mismísimo Asimov. Y para alguien como yo, que venía con ningún conocimiento sobre la historia estadounidense, es perfecto.
Algo que no puedo dejar de destacar, porque me llamó la atención -y mosqueó un tanto, en su momento-, es que la historia de la Conquista española es consecuencia de la época en la que se escribió la obra: muchísima leyenda negra y simplificaciones que nos hacen ver a los españoles como poco más que bárbaros. Por otro lado, otra cosa fastidiosa es que a la saga le falta un libro. En la última frase del último disponible, declara sin opción a duda que su intención era escribir uno más, que cubriría la Historia desde el final de la Primera Guerra Mundial y el comienzo de la hegemonía absoluta de EE. UU. en el mundo, hasta la Segunda Guerra Mundial. El tomo no existe, así que es de asumir que Asimov falleció antes de poder darle vida.
La Historia de los Estados Unidos es la historia de cómo una nación construida en las bases de una libertad que no se había vivido nunca en el mundo puede corromperse hasta volverse la tiranía encubierta que hoy tenemos el placer de disfrutar. Y lo peor es que lo hace en los términos que esa misma libertad definía, lo cual nos obliga a preguntarnos si la propia libertad es cómplice de su destrucción. En apenas dos siglos, el país que nació por la injusticia británica se volvió igual de injusto con otros países, con su tejido económico, y con sus propias personas. Si tengo que quedarme con alguna conclusión, es que la libertad no es sencilla, y puede que nunca logremos ya no alcanzarla, sino siquiera comprenderla.