Ahora, entrando en materia diré que Víctor tiene una prosa amena; sin muchas floritura y directa. Tiene algunas pinceladas de poesía en algunos momentos. Y es capaz de contar mucho de los personajes con poco. Este tipo de escritura tiene su ventaja porque es capaz de engancharnos en la historia y mantenernos en ella, a pesar de que el inicio de la trama es algo lento y está cargado de una buena cantidad de tecnojerga. Por cierto, en este último punto, se agradece el hecho de que el autor decidió mostrar que contar. Así que, si bien nos asalta con expresiones como el puente Einstein-Rosestaim (creo) no nos hace infodump para explicarnos como funciona.
Continuando con su estilo, debo destacar que tiene una maestría para moverse entre escenarios. Así pasamos de ambientes bucólicos —y aburridos— como esperanzas, a sitios complejos y altamente tecnológicos como Delios a sitios de plano psicodélicos como La Ciudad Pascalina o los entornos virtuales de Damasco.
Otro punto a destacar de esta novela es el entorno. Se nota que Víctor pensó casi todo. Pero, aun así, hay puntos que nos deja a nosotros. Su mundo está vivo y detallado, —y vaya que lo está—, pero no se dedica a explicarnos o mostrarnos todo a detalle, sino que da al lector algo de manga ancha para que deje volar su imaginación.
Con ello, llegó al punto de los personajes. Aquí hay algo interesante y es que hay muchos personajes, pero esencialmente quienes secuestran nuestra atención son Alejandra —candidata a ser Emperador— y Evan. Ellos serán los protagonistas, dos personajes con historias diferentes, que empezaran en puntos equidistantes de la trama, pero que se terminaran uniendo.
Se nota que el autor le tiene cariño a ambos, pero más a Alejandra. A mí, tal vez por edad, no me llamó la atención como personaje. En algunos momentos la sentí forzada. Pero, me gustó mucho que ella fuese el detonante de todo. Y, a la par, fuese la causa y la solución al gran antagonista que sale en la novela. Que, por cierto, hay que estar muy atento, porque se pierde un poco.
En cuanto a Evan, sentí más empatía por la apariencia del personaje. Pero, también porque no los pintan como un soldado, un tipo capaz. En cierta parte lo demuestra, pero después, cuando la situación lo abruma, vemos que es un tipo normal. Eso lo hace creíble.
Hay otros personajes interesantes, pero esta pareja opaca a la gran mayoría. En cuanto a la trama, esta, como ya dije, inicia con cierta laxitud, pero luego va ganando fuerza. Como una piedra que cae por una ladera, va ganando más masa hasta volverse algo incontrolable. Luego tenemos un momento de respiro y luego hay mucha acción, donde ocurren cosas interesantes, pero hay un final que se siente apresurado. Este, al ser una primera novela, deja muchos cabos sin atar, pero es un final agradable.
En líneas generales, el Tercer Nombre del Emperador es una novela entretenida. Con un estilo de vieja escuela, sí hay mucho saborcito a Dune —también hay muchos guiños a otros clásicos de la ciencia ficción, especialmente en los apellidos de algunos secundarios—, pero con un toque de dureza y pesadez digno de los autores más modernos como Hamilton y Alastair Reynolds.
Recomendaría El Tercer Nombre del Emperador al que le guste el estilo de los autores nombrados, pero les guste las cosas más ligeras. Si lo tuyo es la ciencia ficción hard o la ciencia ficción soft, pero quieres descansar un poquito de las lecturas, pero sin moverte de la zona de confort, esta novela es para ti.
Si te gusta la acción trepidante y entretenida, esta novela es para ti. Claro está, luego de superar la primera parte, que tampoco es nada mala.
En fin, El Tercer Nombre del Emperador es un material de calidad, de verdad vale la pena.