Alfredo Bryce Echenique ocupa un lugar destacado en el subgénero de la ficción dedicada a las angustias, desparpajo, narcisismo, arrogancia, inseguridad, alienación y toxicidad de la adolescencia masculina urbana latinoamericana de clase media y alta de los siglos XX y XXI. Los cuentos de esta antología se ubican muy claramente en este subgénero, sin llegar a la brillantez y profundidad de su maravillosa novela, Un mundo para Julius (1970) que, junto con la novela La ciudad y los perros (1963) de su contemporáneo y coterráneo Mario Vargas Llosa -Vargas Llosa nació tres años antes que Bryce Echenique-, definen los parámetros del subgénero que, en Venezuela, ha tenido exponentes como Francisco Massiani en su novela Piedra de mar (1968) y el cuento Un regalo para Julia (1991) y más recientemente Edgardo Sánchez Rugeles con Blue Label (2010) y Juan Carlos Méndez Guédez con Veinte merengues de amor y una bachata desesperada (2016). Vale la pena destacar que el espacio equivalente femenino es más complejo y merecería un ensayo extendido propio.
El tono satírico con que Bryce Echenique aborda la clase alta es inmisericordioso, así sea una clase alta venida a menos pero igualmente enceguecida por su orgullo, arrogancia, egoismo y vanidad; las personas de clase más modesta con que entran en contacto, por ejemplo en El descubrimiento de América, Eisenhower y la Tiqui-tiqui-tin y Muerte de Sevilla en Madrid, por lo general, salen destruidas o muy mal parados del contacto -hay en el autor muy poca empatía real con los personajes de medios modestos.
Los cuentos que sobresalen son, en mi opinión, Con Jimmy en Paracas, El camino es así, Una mano en las cuerdas, El descubrimiento de América y Baby Schiaffino -todos ellos estudios notables sobre la falta de autoestima y los tres últimos, la psicología del enamoramiento -o enamoriscamiento- adolescente y juvenil.