Fines de junio de 2005;
El periodista Andrés Oppenheimer, más conocido por su rol de conductor del programa “Oppenheimer Presenta”, nos ofrece en su libro “Cuentos chinos: el engaño de Washington, la mentira populista y la esperanza de América Latina” un relato fresco, lleno de datos e historias anecdóticas; algo así como un diario de viajero, que nos permite darle un vistazo a la realidad de países tan disímiles como China y la República Checa en su denodada lucha contra la pobreza, descubrir qué han hecho para aprovechar y potenciar sus ventajas comparativas y competitivas y entender cómo han conseguido proporcionar un mejor nivel de vida a sus habitantes.
Basado en los estudios del Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos y otro del socialista Rolf Linkohr, los cuales presentan a América Latina como una zona que tendrá poca trascendencia en el mundo en los próximos veinte años –una visión desalentadora y contraria a los discursos de muchos de nuestros políticos–, hace de este libro un medio que nos obliga a cuestionar por qué países tan cercanos al nuestro como Chile y Costa Rica están teniendo éxito en su lucha contra la pobreza y otros con mayores recursos como Venezuela –por citar al más emblemático– continúan dentro de este círculo vicioso, con carácter de crecimiento exponencial, llamado pobreza.
Así, el lector se ve envuelto en la realidad de cada uno de los países a los que el periodista ha tenido la posibilidad de viajar permitiendo establecer un vínculo con la realidad latinoamericana, esa realidad tan cercana a nuestro día a día, esa realidad llena de violencia, corrupción, desorden y atropellos a los derechos humanos, esa realidad en muchos casos muy similar a la del idiota latinoamericano de Mendoza, Montaner y Álvaro Vargas Llosa que permite establecer similitudes y diferencias, muchas de ellas tan insulsas como la forma de hablar o de vestirse de las personas y otras profundas como la cantidad de ingenieros, científicos y tecnólogos versus la cantidad de sicólogos y abogados en las sociedades contemporáneas de este “mundo globalizado” o “mundializado” como dirían en otras latitudes.
Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que este libro despierta los sentidos poniendo en el tapete temas vitales para el desarrollo social. Nos hace cuestionar, como por ejemplo, el grado en el que América Latina está preparada para formar parte de la sociedad del conocimiento, qué está haciendo por mejorar la calidad de la universidad pública considerando su rol creador y difusor del conocimiento, qué se hace por asegurar el respeto a las leyes y la constitución de un marco legal nacional o supranacional que permita convertir a Sudamérica en un imán para las inversiones que frene la fuga de capitales hacia el Asia o la India y la validez de pensar que nuestros recursos naturales son nuestra salvación y mayor motivo de orgullo y no el valor agregado producto de un buen desarrollo logístico, de marketing y de ventas el que nos permita sacar al máximo las ventajas de los tratados de libre comercio que vayamos a firmar con otros mercados; en síntesis aspectos de desarrollo que vienen a nuestra mente de manera a veces aleatoria y sin mucha ilación cuando solemos tratarlos por separado.
Analizando el libro de manera más puntual, el lector se topará con los mejores casos de desarrollo de los últimos 30 años; tras el relato de uno de ellos: el de la República Popular China, que puede ser el más curioso, hace que el lector se ponga en los zapatos del autor tras las mil y un peripecias que vive en la nación de Confucio. En efecto, China que tras años de verse envuelto en el más rudo socialismo ha abierto sus puertas a la inversión extranjera, ha cambiado de esta manera la forma de vida de muchos de sus habitantes haciendo que ídolos de antaño sean reemplazados por la tarjeta de crédito Visa y las zapatillas deportivas Nike. Carros de lujo por las calles y un interés capitalista que despierta una pasión generalizada por los estudios y la competitividad que ya quisiéramos ver en nuestras naciones. Se nos permite de esta manera dar un vistazo a la China de ahora, una China llena de posibilidades que apunta a ser la segunda potencia mundial en el 2020, una China que desde ya, como señala el autor, es el mayor país angloparlante.
Claramente se muestra el ímpetu con el que el Partido Comunista ha transformado la economía de su país sin alejarse del todo de sus pilares ideológicos –cabe resaltar que los medios de coerción comunistas no han sido desterrados y que la falta de libertades y acceso a la información es algo con lo que se debe convivir–; uno de los relatos que llamó bastante mi atención es aquél en el que Hong Lei, subdirector de información del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, señala que las decisiones en las más altas esferas del gobierno tienen un alto contenido de pragmatismo, con el que el Partido Comunista busca convertir a China en una república socialista abierta al futuro. Este pragmatismo, según señala Lei, se basa en la filosofía de “los tres criterios”:
• “Si la medida conduce a mejorar la productividad”;
• “Si la medida ayuda a mejorar la vida de la gente”;
• “Si la medida ayuda a aumentar la fortaleza del país”.
Algo bastante simple que según se señala ha contribuido al éxito de la aplicación de las políticas de estado. Se me viene a la mente la pregunta, ¿cuántas de las medidas tomadas en los últimos 25 años en el Perú habrán coincidido con alguno de los tres criterios del pragmatismo chino?
La educación: arma para afrontar los retos del futuro
A lo largo del libro el autor desarrolla un análisis ecléctico de factores como educación, salud y seguridad pública y su injerencia en el despegue de países antes desconocidos en el plano económico internacional. En este sentido sabemos que nuestro país no está precisamente en el mejor de los lugares del ranking, sino todo lo contrario; pero, ¿qué llama la atención de los procedimientos usados en otras latitudes para incentivar a los estudiantes al estudio de carreras más enfocadas a la producción, el desarrollo y la investigación científica?
Para la respuesta a esta interrogante, el autor nos presenta un caso que llamó mucho mi atención, el de la República Checa, país incorporado el 1º de mayo de 2004 a la Comunidad Económica Europea y fuente de inversión de grandes empresas de tecnología que, con una mano de obra más barata que el promedio de la comunidad, ha llevado a cabo un intenso proceso de publicidad e incentivos para la formación de ingenieros y técnicos en informática cuanto menos bilingües, capaces de cubrir la demanda de mano de obra de otras empresas europeas que han decidido trasladar sus operaciones a ese país manteniendo sólo la dirección y las áreas de gestión de las empresas en los países de origen. Es este manejo de estadísticas y objetivos estratégicos nacionales de aquellos países ad portas de su ingreso en el primer mundo lo que hace despertar en el lector un sentimiento de admiración y en algunos casos (me incluyo en ellos) una envidia provechosa.
No cabe duda que quisiéramos ver a los jóvenes motivados por el estudio de carreras vinculadas a la producción que puedan encaminarlos hacia el cumplimiento de sus expectativas personales y al mismo tiempo contribuir a que el país se encuentre mejor posicionado para atraer inversiones.
¿Se ha preguntado usted cómo vamos a hacer frente al futuro que se nos avizora?, ese futuro no muy lejano de grandes mercados supranacionales como el asiático, europeo y norteamericano. Se tiene fe en que el gobierno lleve a cabo las reformas necesarias y los planes estratégicos adecuados así como la reforma de los órganos educativos; que se certifiquen las universidades, que se manejen las cifras estadísticas objetivamente y que sepamos de manera clara y definida dónde estamos y a dónde queremos llegar. Disponemos de los recursos naturales e intelectuales suficientes para establecer metas claras. Este libro plantea la necesidad de promover el estudio, generar conocimiento para poder aportar valor a nuestros productos pudiendo así conseguir la diferenciación en base a nuestras ventajas competitivas apuntando siempre a la consecución de los objetivos nacionales.
Comentarios finales
Si hay algo que admiro de Oppenheimer es lo claro con lo que expone sus ideas, siempre con fundamentos y datos certeros. Como leí en algún lado, pareciera que este señor de pelo entre negro y cano con frente amplia y una sonrisa que lo pinta como el sueño norteamericano personificado hubiera hecho cientos de informes en la universidad pues dispone de aquella pregunta certera y el planteamiento claro como el agua, cuando de políticas económicas se trata.
Es evidente la forma como el periodista enarbola el neoliberalismo, es clara su tendencia y es posible también que algunos vean dentro de este libro, entre otras cosas, argumentos que busquen sacudir a los Estados Unidos de su responsabilidad para con “el patio trasero” –no obstante dedica un capítulo para criticar el desgano con el que Estados Unidos ha llevado a cabo sus medidas de ayuda exterior para con Latinoamérica –, sin embargo considero que se debe obtener provecho de lo mejor da cada libro y de éste se puede obtener mucho. He tenido la oportunidad de leer las críticas de algunos y charlar con otros que dogmáticamente ven a Oppenheimer como un instrumento de Washington para aleccionar a los latinoamericanos hacia el capitalismo, otros argumentan que un ex-empleado del gobierno norteamericano no puede actuar como juez y parte a la hora de criticar la política internacional de la Casa Blanca para con Latinoamérica , buscando de alguna forma u otra deslegitimar la crítica de este periodista.
Invoco a que el lector desestime esas ideas verticales que desde mi punto de vista perfilan al lector latinoamericano como un ser sin capacidad de discernimiento.
Para concluir quisiera expresar mi convicción respecto a que las lecciones de desarrollo de países como China, Singapur, Irlanda, entre otros de los citados en el libro servirán para darnos cuenta (ya sea que se tenga inclinaciones hacia la derecha, el centro o la izquierda) de una vez por todas que el tan “satanizado” capitalismo no es malo per se y que combinado con una política de desarrollo social y el aporte de la empresa privada pueden elevar gradualmente el nivel de vida de las personas, incrementar la productividad de las empresas y calidad de sus productos, convirtiendo a este planeta en un lugar de oportunidades donde algún día la pobreza no sea aquella que impida la nutrición sino sólo la de aquellos que la guardan en el espíritu, los que se resisten a ver al mundo como un lugar donde triunfa el decidido a competir y ganar, aquellos que luchan contra la mediocridad para tener competitividad.