«Mi tristeza era una pose, una forma de llamar la atención, una condición ineludible para convertirme en escritor.»Así habla el narrador de Pacífico, testigo de una novela familiar en la que, de puertas adentro, mientras afuera se hace el primer trasplante de corazón o el hombre conquista la luna, se van acumulando desgracias. Si la intimidad es aquello que no se puede compartir, porque nos debilita, Pacífico, es un relato íntimo que hurga en las entrañas de sus personajes con una delicadeza excepcional, hasta convertirlos en seres inolvidables, maltratados por la vida. Los miembros de esta familia han vivido en la inopia, pero la realidad los sacará de ahí a golpes. Un padre que pagará muy caros sus amores con la dueña de una perfumería, una madre que ha impuesto entre ella y sus hijos una especie de grueso cristal, un hermano que construye barcos en miniatura y al que destruirá una casualidad tan verosímil que sólo podrá creerse cuando suceda otra vez. Una comparsa de seres frágiles en manos de un destino al que le gustan las bromas macabras.
Una historia triste con un final que no me ha parecido tan inverosímil como he leído en algún sitio, pero con un desarrollo que me ha dejado frío.
A ver si consigo explicarme... mejor aún, a ver si otros se explican por mí.
Torrente Ballester podría decir algo así como que es este uno de esos libros que pertenecen al orden de los que se entienden, no al de los que se sienten.
¿Bien? ¿No? Ahí va otro.
Vila-Matas comentaría aquello de que le atrae lo que no entiende. Pues bien, yo este lo entendí todo todito.
¿Ya? ¿Que no? Leches. Venga, otro.
Llosa se referiría a aquello de que no ha presentido en ningún momento esos demonios que sabemos que en la vida están siempre escondidos y que, en cualquier momento, pueden provocar un cataclismo. Ni un temblorcito he sentido yo.
¿No? Pues ya solo me queda el famosísimo de Kafka, no es este un libro que muerda y pique.
El relato es meridiano, su lectura es clara, sencilla, inocente incluso. No he encontrado nada tras la superficie, esas corrientes subterráneas que te mueven el suelo, eso que se capta a otros niveles, alguno incluso no del todo consciente, y que es justo el secreto de los libros que nos sulibeyan.
Vale, el último y lo dejo:
Selby Jr. simplemente os diría que es una de esas historias que se leen, no que se experimentan.
Me ha entusiasmado la lectura. Comencé el libro a principios de año pero, por diversos motivos, tuve que dejar aparcada la lectura tras "picotearlo", así que no estaba disfrutándolo como merecía. Pero hoy lo tomé de nuevo y lo he devorado. Escrito magistralmente, narra una historia profunda, con idas y venidas del pasado que convergen hacia un presente estremecedor pero, a un tiempo, repleto de esperanza. Una más que recomendable lectura.
Lo mejor del libro es su narrativa. Fluida y condensada. A pesar de que los detalles son los justos puedes hacerte una idea excelente de la época y la sensación de resignación y tristeza que invade a los personajes.
Los personajes están bien trazados. Llenos de contradicciones que los hacen más verosímiles.
Engancha desde las primeras páginas porque te adelanta que su hermano es condenado por una violación que no ha cometido.
Lo peor de libro y con lo que se ha convertido en el primer libro que no recomendaría a nadie, es la forma de la violación. Una niña de año y medio es intentada violada por un perro. Me parece una escena terrible, grotesca y que hubiera agradecido no tener que imaginar.
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Me gusto mucho la forma en la que transcurrí esta historia, la encuentro cautivadora y repentinamente me ha movido el suelo. Creo que la narrativa y los detalles de ella son lo que mas me ha gustado.
Mejor que Pacífico esta novela podría llamarse Desgracia, La abulia o Idiotas, pero que conste que el título es lo único que no me ha gustado de esta lectura.
Hay libros que gustan, libros que interesan y libros que emocionan. Pacífico es de estos últimos. Escrito con una pulcritud envidiable, José Garriga nos introduce en el mundo de esta familia "dueña de la adversidad", desgranando sus personajes como pepitas de una Granada. La historia se va construyendo en una espiral creciente en la que el autor va introduciendo paulatinamente claves, según quiere ir enganchando al lector en la trama. Y sin duda lo consigue. Es difícil dejar de leerlo. Literaria y estilísticamente, sin duda, el libro es una pequeña joya; una obra de arte. No le sobra ni le falta ni una palabra, ni una coma, ni un capítulo. La prosa está primorosamente cuidada, de forma que no solo te encandilas con la historia, sino con la propia obra literaria. José Garriga creo que merece un lugar más relevante en el panorama de las letras hispanas a día de hoy. Pocos tienen su virtuosismo literario y su pulcritud al escribir. Y además cuenta historias interesantes. Al menos historias que se te meten en la piel y en el corazón.