En un país como el nuestro sí que se hace necesario el nacimiento de libros como este. Libros que con la fuerza de sus relatos nos permitan al menos por un instante sentarnos al lado, ver, escuchar y sentir al lider social, a la madre que perdió un hijo, al hombre que fue cegado, a la mujer que fue violada, a la comunidad que aun espera que la promesa sea cumplida.
Juan nos da eso, no solo nos da un contexto de la guerra a lo largo del tiempo sino que además nos pone de frente todas estas vidas, todas estas muertes y mas allá de juzgarnos por la indiferencia colectiva que pretendemos negar nos hace camino entre las montañas, el río y el basto territorio y nos grita "ahí están". Una Colombia hermosa teñida de color rojo y asi ante esa imagen nos mete en la cabeza esto:
"Y no será distinto hasta que seamos capaces de llevar un luto nacional por este reguero de víctimas, una pausa reflexiva... que nos ayude a apagar de una vez y para siempre esta vieja hoguera de fusiles que aun arde en presente".
Mientras leía no podía dejar de preguntarne ¿Qué podemos hacer para no silenciar mas todo lo que pasa? ¿Como podemos generar mayor conciencia alrededor de todo eso que simplemente es borrado o que nisiquiera logra ver la luz? A decir verdad estoy buscando una respuesta aún, quizás una respuesta que no me incrimine del todo por no hacer nada.
Por el momento lo que puedo hacer además de una pausa reflexiva es invitarlos a que lean este libro. Sobretodo a que escuchen sus voces.