A cada relectura no deja de sorprenderme lo enternecedora que es la voz de Olga. Su visión del mundo y de las cosas más serias con una mirada inocente, pero no menos sabia, nos hace replantearnos las cosas una y otra vez. La historia de Olga es triste, o lo sería, si no fuese por el amor que le profesa a su madre y la manera en que ella le explica las cosas a la pequeña. Sí, su papá está en la cárcel, su hermano no es el mejor muchacho, pero Olga tiene a su madre, a Franco, a Ugo, las margaritas, el sol, el mar, su esencia, su alma bondadosa y su generosidad sin límites. Y nosotros, nosotros tenemos a Olga. Gracias Chiara Zocchi por este maravilloso regalo.