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256 pages, Paperback
First published October 15, 2004
An older couple took a long-anticipated trip to Costa Rica, and when they arrived they found to their dismay their luggage had been stolen. The thieves had spared nothing except the couple's toilet articles and their camera case. It was assumed that the thieves didn't want the couple's personal toilet items, and authorities speculated that in their haste and loaded down with other luggage the miscreants simply were unable to manage the camera equipment.
Well, the couple were determined not to let the incident ruin their vacation. They bought some new clothes and in fact had quite an enjoyable two weeks. They took a lot of pictures.
Upon returning home they promptly had their film developed so they could share the experience with their friends. Having shot color slides, they quickly loaded them into a Carousel projector and began showing them to their kids. Halfway through the presentation they ran across a slide they didn't take. It must, in fact, have been taken by the thieves who stole their luggage.
It was a close-up picture of the couple's toothbrushes stucking out of two large hairy butts.
Como bien saben nuestros lectores, las leyendas urbanas nos parecen muy interesantes en CPI. Desde aquel maravilloso episodio de autoengaño colectivo que sufrimos en España con lo de la niña y la mermelada y el perro y Ricky Martin, mucha más gente tuvo la oportunidad de acercarse a lo que significa una leyenda urbana. ¿Quién no ha oído hablar de la historia de la autoestopista que al llegar a un curva dice “cuidado con esta curva porque aquí me maté yo” y va y desaparece? Hay miles de historias que todos hemos oído contar y que muchas veces nos las cuenta alguien que de verdad se cree que ha pasado (me remito a Ricky Martin. A mí hubo gente que me contó la historia jurándome que la había visto con sus propios ojos, cosa que, obviamente, era imposible, pues no ocurrió). Hablando de esta leyenda de la mermelada (otros dicen que Nocilla), debe saberse que varios años antes la leyenda ya corrió por los USA, en un programa similar al Sorpresa, Sorpresa, sustituyendo el condimento por mantequilla de cacahuete. No hay nada nuevo bajo el sol.
Bueno, pues este libro habla de este tipo de historias, pero centrándose en las más terroríficas y gore. Muchas ya las he oído o leído.
Lo bueno de estos libros no son las leyendas urbanas en sí, sino el análisis y la comparativa que hace el recopilador sobre ellas. Que si la historia de la canguro que no vigila bien a los niños ya existía en 1920, que si esta otra deriva claramente de una leyenda medieval que sustituye un coche de caballos por un deportivo biplaza… Los libros de leyendas urbanas suelen sacarle a uno bastantes creencias de la cabeza y demuestran lo poco originales que son los correos en cadena que dicen que Microsoft donará 7 céntimos a un niño sordomudomancociego de Osetia del Norte por cada vez que reenvíes el mensaje.
En este libro se echa de menos el análisis del folclorista o recopilador de las leyendas. Hace muy breves comentarios al principio de cada capítulo, diciendo cómo las leyendas llegaron hasta él, y poco más. Nos deja con ganas de saber más cosas. Además, a veces nos clava completas varias versiones de página y pico de la misma leyenda, en vez de poner una versión y sintetizar las diferencias de las demás. Me gustaron mucho más los libros de leyendas urbanas de Antonio Ortí y Josep Sampere, “Leyendas urbanas en España”, o uno de este mismo autor, más detallado, “El fabuloso libro de las leyendas urbanas”. Como lectura es entretenido, pero poco más. Los hay mejores, lo garantizo.
Mi nota: Discretito.