Este libro de crónicas de Ricardo me voló la cabeza por su aparente simpleza y lenguaje relajado, pero con mensajes muy profundos en temas de adicciones, suicidio, auto descrubrimiento y otros más. El Santo del Crack es uno de esos libros que me hacen querer guardarlo en un lugar especial para volver a leerlo, una y otra vez.
Lo mejor de esta obra es el último capítulo que narra las experiencias de un joven de 19 años en una clínica de rehabilitación de drogas. Me sentí dentro de la clínica y conocí a los diferentes pacientes, me hizo entender la perspectiva de los adictos, resaltando la humanidad de cada uno.
El Santo del Crack es uno de los mejores libros que leí este año, cada una de las crónicas que lo conforman valen la pena. Se los recomiendo ampliamente. Muchas felicidades al autor.
Con tales ingredientes El santo del crack se hace, a mi juicio, un lugar propio en la narrativa moderna mexicana. Eso nos indica que Ricardo tiene muy bien calado el sensor, está atento a todo lo que le rodea y saca de ese dolor, de esos mundos en colisión, lo mejor para su prosa.
Ricardo narra de una forma que escucho su voz platicando conmigo.
Me ha encantado el hilo de sus historias y los mensajes que me ha trasmitido, es increible cuando un libro te puede hacer sentir multiples emociones exactamente al mismo tiempo.
Este es un libro de crónicas, pero es apenas un decir. Aquí conviven textos con forma de cuento, con ritmo de poesía, con la brevedad de la microficción, el aliento del ensayo, la ambigüedad de la autoficción. Tal vez sería mejor llamarlo un libro de literatura, así, a secas.
Confieso que había leído algunas, si no es que todas, en algunos medios digitales y hasta en un hilo de twitter. La experiencia de leerlos en conjunto cambia totalmente la perspectiva, es un universo en el que los temas saltan a la vista: la medicación, la salud mental, las ideaciones suicidas, la escritura, el duelo.
Uno puede ver la ruta de un escritor que crea a partir de lo que le rodea: sus citas, sus amistades, la familia; pero sobre todo, crea a partir de lo que proviene de su mundo interior: el reconocimiento de su sexualidad, los recuerdos de los seres queridos, la torpeza para tratar con un amigo tristemente cliché.
Me atrevería a decir que este libro es también una novela compuesta con los fragmentos de una vida y de la memoria. Algunas personas (¿personajes?) saltan de un texto al otro, y quizá ni siquiera el autor sea el protagonista principal, aunque está al centro de todas las historias: es la ternura.
En la aparente desolación de los temas que trata, siempre hay un rasgo amoroso que salva, que da esperanza. Y todavía más, hay alegría y humor, momentos en los que uno se siente abrazado como un mendigo que reconoce a su amigo. O siente uno el vértigo de un torito mecánico. Leer este libro es recibir de igual forma el asombro y la calidez que solo puede dar una literatura honesta.
"El Santo del crack" es una serie de relatos que te presentan los pensamientos de un ser humano cualquiera, no en el sentido peyorativo, sino en la alusión al inconsciente colectivo, donde el autor consigue hablarse a sí mismo como al lector.
Los relatos poseen una sombra de ansiedad pero al mismo tiempo una luz de claridad que hacen ver que la vida, siendo divertida y a la vez dolorosa, es posible vivirla.