Es el segundo libro que leo de Alfonso M. González tras su "Retro Gaming Tales", aunque estas novelillas, bolsilibros o novelettes en los que se ha embarcado, firma con el pseudónimo Alan Dick, Jr. en una clara referencia a los pseudónimos que usaban los novelistas patrios que crearon todas esas colecciones de bolsilibros desde los años 60 hasta bien entrados los 80. No es el único homenaje de Alfonso a esta corriente de literatura "de a duro" ya que el formato, tamaño, ilustración de la portada e incluso el tono del papel usado en la impresión, quiere recordar a aquellas novelas que leían nuestros padres y abuelos.
La historia que cuenta en su "Pulp Reality" se enmarca dentro de la ciencia ficción distópica, en la que se nos presenta un futuro en el que los gobiernos atiborran a medicamentos a la población para alargar su vida laboral y conseguir que sigan trabajando pasados los cien años. Ciudades colmena atestadas rebosante de suciedad y desesperación donde todo el mundo parece sobrevivir en unas condiciones pésimas. En este caso, el anciano protagonista, Suda Chikao, vive en una de estas ciudades, situada en un Japón futurista que nos puede recordar a otras vistas en películas como Blade Runner; escribiendo novelas de aventuras entre sus horas de sueño, chutes de medicamentos y escapadas para comer en los restaurantes cercanos. Se nota que Alfonso domina términos japoneses que sin duda aprendió en sus muchos viajes a Japón, y lo usa para salpicar de detalles en sus descripciones y diálogos, algo que da un sabor especial al relato.
En un momento dado, la historia da un giro pasando de la ciencia ficción a directamente la fantasía, cuando el protagonista se encuentra cara a cara con la que a su vez es la protagonista del relato que está escribiendo en ese momento. Al presentar ese personaje, que es el arquetipo de la aventurera vengadora de desvalidos, sin grises, el bien contra el mal, el lector se da cuenta que está frente una suerte de muñeca rusa, de meta-historia, en la que no queda claro que es real y que fantasía.
Alfonso juega con ese despiste hasta el final, que no voy a destripar, pero que te mantiene en vilo y que consigue que no puedas dejar de leer para saber como demonios termina toda la aventura.
Porque, al final, a parte de idas de olla metafísicas, la historia es aventura. Hay acción, hay persecuciones, peleas, desenlaces locos, secundarios de traca ( madre mía, los perretes )... y lo mejor, tremendamente divertida.
Te recomiendo "Pulp Reality" si quieres volver a sentir esa sensación de novela corta, autoconclusiva y entretenida sin más ambición que la de hacernos pasar un buen rato, como hacían esos mismos bolsilibros hace varias décadas. O si nunca leíste ninguna de esas colecciones, para que te inicies en esa manera de consumir historias.
Espero las próximas novelas de Alan Dick Jr.