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Modernidad e independencias

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A partir de 1808, se abre en todo el mundo hispánico una época de profundas transformaciones. En España comienza la revolución liberal, en América el proceso que conducirá a la independencia. Se trata de un proceso único, que comienza con la irrupción de la modernidad en una monarquía del Antiguo Régimen, y va a desembocar en la desintegración de ese conjunto en múltiples estados soberanos, uno de los cuales será la España actual. Reducir estas revoluciones a una serie de cambios institucionales, sociales o económicos deja de lado el rasgo más evidente de aquella é la conciencia que tienen los actores de abordar una nueva era, de estar fundando un hombre nuevo, una nueva sociedad y una nueva política. François-Xavier Guerra, en diez magníficos ensayos, estudia el proceso revolucionario en España e Hispanoamérica como uno solo. Para ello aborda, entre otros temas, la compleja relación entre la revolución francesa y las revoluciones hispánicas, la modernidad y el imaginario social y político.

496 pages, Paperback

Published July 8, 2009

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Profile Image for esteban.
59 reviews5 followers
April 17, 2024
Las relaciones simbólicas entre el mundo antiguo –Europa– y el mundo nuevo –América– son blancos de una profunda tensión, digamos natural, en los debates de tradición y herencia, padre e hijo, o sea cual fuere la significación puesta entre estos dos continentes. Ahora bien, si hay algo certero, es la serie de independencias en América durante un joven siglo XIX. Es en la mitad de esta tensión donde se sitúa el historiador hispano-francés François-Xavier Guerra (1942-2002) en su libro Modernidad e Independencias, publicado en 1992 por MAPFRE. Allí, Guerra se aleja de la visita panorámica y episódica de las independencias americanas; por el contrario, toma como pilar la independencia de la Nueva España, y lleva a cabo un examen desde las raíces que favorecieron lo que, según él, se trató de un gran y único proceso revolucionario.
Guerra sostiene que los estudios entre España y los procesos independentistas tendían a un análisis deficiente, pues desarrollaban la problemática bajo la óptica de meras referencias contextuales que separaban el análisis de lo europeo y lo americano. Ante esto, Guerra propone unir ambos frentes para demostrar que “se trata […] de un proceso único que comienza con la irrupción de la Modernidad en una Monarquía del Antiguo Régimen, y va a desembocar en la desintegración de ese conjunto político en múltiples Estados soberanos, uno de los cuales será la España actual” (p. 12). Como es evidente, la propuesta historiográfica de Guerra gira en torno a lo político. De hecho, los primeros dos capítulos versan sobre el clima institucional en Francia, Inglaterra y España, junto con su reflejo en sus colonias de ultra mar, pues considera que el paso a la Modernidad tiene como común factor la insurrección popular ante la tradición institucional.
Llamarla ‘tradición institucional’ es la forma gentil de apuntar a la activa predilección del absolutismo en los territorios, rasgo el cual termina por ser el principal vehículo de concepción de lo que es una sociedad, así como la manera en la que los hombres se relacionan con el poder. En otras palabras, el absolutismo se convierte en la sociedad y no en parte de ella. Para Guerra, este factor es clave, pues lo anterior le ayuda a concebir el nacimiento de la Modernidad como un mundo que empieza a reconocer a ‘individuos’ y no a partes del cuerpo estamental: “el individuo y los valores individualistas se fueron imponiendo. Progresivamente, el individuo va ocupando el centro de todo el sistema de referencias, remodelando, a pesar de la inercia social y de múltiples resistencias, los valores, el imaginario, las instituciones...” (p. 86).
Por otra parte, Guerra ofrece la siguiente definición de lo que es político: “las relaciones entre los hombres que constituyen la sociedad y a sus códigos culturales” (p. 352), lo cual lo hace profundamente coherente con el desarrollo de Modernidades e Independencias. Si bien en una capa superior se encuentra el análisis de grandes debates políticos, como lo relativo a las instituciones, los individuos, la representación y la nación; es clave hacer especial énfasis en uno de los ‘códigos culturales’ en los que él se apoya: el lenguaje. La sensibilidad lingüística desde la cual Guerra argumenta este camino hacia las independencias americanas es una columna vertebral en la exposición que realiza. El historiador hace un reconocimiento de los sistemas de legitimación de ideas, tales como el alza de la alfabetización, la imprenta, la prensa y la tertulias a las que él denomina “las nuevas formas de sociabilidad” (p. 227). Con esto, Guerra reconoce que el lenguaje no son las palabras, sino el conjunto humano que elabora activamente un campo semántico y axiológico que antecede al acto de palabra.
Para Guerra, la revolución no puede reducirse a los hechos de 1810, sino a la gesta ideológica entre 1808 y 1809. Lo particular de su análisis de este periodo es que el matiz político de los vehículos de propagación no reside en el contenido de las ideas, ni a las discusiones de orden mayor a las que apuntan. Por el contrario, la invitación que hace Guerra acentúa en el lenguaje como el centro profundamente humano, y por ende político, del movimiento moderno e independentista. Este reconocimiento de la forma de las ideas conforma el corazón de la revolución: “las palabras adquieren un nuevo sentido y se imponen los nuevos vocablos del léxico revolucionario francés con sus oposiciones dualistas: antiguo y nuevo, tinieblas y luz, ignorancia e ilustración, despotismo y libertad.” (p. 144). Es llamativo el constante hincapié que el autor confiere al rol activo de la letra y los letrados. Así, la mirada que ofrece Guerra pone de frente a una nueva sociedad que se acapara en el lenguaje en su dimensión libertaria, pues es el dominio de las ideas y la palabra lo que propulsará su eventual equidad: “La palabra y el término escrito, cesan muy pronto de ser sólo un arma, se convierten en la esencia misma del poder” (p. 302).
Por último, la decisión de Guerra al resaltar el rol de la palabra en Modernidades e Independencias no sólo confirma el éxito de su hipótesis, en tanto el español como lengua común en España peninsular y la vasta América favorecen al planteamiento del movimiento revolucionario como único; además de esto, dicho rol activo de la palabra es acertado con la distancia histórica que confiere una lectura de los ensayos desde el siglo XXI. En un mundo, ahora postmoderno, donde la información y los mensajes saturan la cotidianidad, el lector de Guerra puede reconocer que, así como en el joven siglo XIX, la dualidad entre ‘arma’ y ‘poder’ está al alcance de todos como nunca antes en la Historia. La posibilidad de reconocer esta dicotomía es lo que, al cabo, debería propender la divulgación de conocimiento, más allá del área del que provenga. Buen síntoma para leer a Guerra.
Profile Image for Carlos Rueda.
82 reviews4 followers
November 14, 2024
Uno de los primeros estudios históricos que he leído. Que pasada el enfoque que le de a las ideas, las palabras y como el pensamiento político cambió de forma drástica en un periodo de tiempo super corto. Una pasada el manejo de las fuentes y me gustó mucho a pesar de que el tema al principio no me llamaba demasiado y fue para un trabajo de la uni.
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