Madrid, 1936. Los militares golpistas se han levantado contra la República. Tomás Labayen, juez de instrucción perteneciente a una familia de clase media con raíces militares, vive en un por un lado su lealtad republicana, por otro sus escrúpulos morales frente a los excesos de los revolucionarios. ¿Qué hacer?
Pensar en volver a leer algo tan bueno como Juan Eduardo Zúñiga sobre la Guerra Civil se me hacía difícil. Iturralde lo ha conseguido con una novela donde retrata a la perfección las inseguridades, los miedos y las contradicciones de la burguesía madrileña ante el conflicto.
Hacía años que no me vencía un libro. Este ha podido conmigo. La trama es buena y promete cuando lees las reseñas. Pero la forma en que está escrito me ha vencido. Lo he leído hasta la página 100; es decir que le he dado su oportunidad, pero al final me he rendido. Está escrito con enormes párrafos del narrador en los que incluye los diálogos sin puntos aparte ni nada y, muchas veces, se hace difícil discernir quién es quién habla. Además cambia cada dos por tres de espacio temporal sin aviso ninguno y a veces te das cuenta ya pasado un rato que ha cambiado de escenario. Resumiendo, una buena trama está echada a perder por la forma de llevarla a cabo.