Margaret Atwood es la escritora que me hubiera gustado descubrir hace años, aunque resulta que tuve este libro durante una gran temporada en mi estante de "Por leer". Anyway, nunca fue tarde para descubrir a esta maravillosa escritora que por fin cambia mi percepción de la literatura sobre mujeres escrita por mujeres.
Hasta ahora, creo que me había refugiado en una especie de prejuicio misógino de que "no se puede escribir sobre temas femeninos sin caer en el fanatismo, la cursilada u otras cosas peores que dan sopor y ganas de morirse". Atwood prueba que es posible hacer lo contrario. Aborda temas como el amor, el matrimonio, el romance, la maternidad, la relación con la madre, la marginación de la mujer y la vida doméstica con un montón de humor, absurdo y sin una pizca de sensiblería.
Además aborda otros temas más universales como la mentira, la inestabilidad, y, en el caso de Surfacing (novela que es casi una experiencia mística), la destrucción de la naturaleza y la búsqueda de una nueva conexión con la unidad primigenia de la que fuimos expulsados.
The edible woman sobresale por el humor, los personajes rarísimos y la sensación creciente de asfixia ante la forma en la que la protagonista pierde el control sobre su propia vida. Surfacing es una novela que, con un paso más lento y tristón, consigue ahogarte en la terrible sensación de separatidad a la que estamos sujetos los humanos: separación entre los hijos y los padres, separación entre la nación y los extranjeros que explotan los recursos, separación dentro de la pareja, todas separaciones que encubren la máxima separación: aquella entre el hombre y la naturaleza. La novela es una experiencia bellísima y desoladora. Lady Oracle es la vuelta a la risa, a una risa tragicómica por lo menos. Los personajes de esta novela son los más caricaturescos de todo el libro, pero quizás también los más humanos. Atwood se vuela con ellos todas las bardas del absurdo para, con sus situaciones que rayan en lo inverosímil, mostrarnos que efectivamente la gente es así de inverosímil. Entre condes polacos que escriben novelas de enfermeras, espiritistas que también ofician bodas, bullies de la infancia convertidas en luchadoras sociales, críticas veladas a la literatura, el activismo y el arte contemporáneo, Lady Oracle es una verdadera fiesta que se disfruta por lo grande.
Lo único que deploro de Atwood, quizás, son sus finales. Poco conclusivos o quizás insuficientes para novelas tan increíbles. En lo demás, no me queda a deber nada. Atwood es la escritora que me gustaría que fuera mi amiga o, quizás, el tipo de escritora que me gustaría ser si tuviera ochenta años. Directo al altar de los escritores y los libros favoritos.