El camarero de El gato que ladra es un sencillo thriller en que el suspense se relaciona más con quienes investigan la causa de una muerte acaecida en extrañas circunstancias que con la duda de si esta fue provocada o no. Y el bar, trasfondo de encuentros y desencuentros, se convierte en parte central para conocer los hechos y poder desenmarañarlos, así como en la atalaya desde la que se buscará la razón de una insólita muerte y los entresijos que unen a unos clientes con otros. Samu, con su curiosidad, moviéndose entre las mesas, intentará unir todas las piezas del puzle sin importarle si pone su vida en peligro. (Santander, 1964) Doctora en Filología Hispánica, se especializó en el lenguaje no verbal desplegado en la vida cotidiana y lo aplicó al mundo novelístico. Desde su juventud, conjuga su labor docente con diversos proyectos literarios y, finalista en varios premios, es autora de los Versatilidad de la emoción, La escala de Jacob, Ars adivinatoria/Trizas y trazos y Metamorfosis. Bodegones y otras naturalezas vivas . A punto de publicarse en un volumen conjunto se Colección de flores raras (sobre enfermedades extrañas), Las noches y los días e Biblioteca . Además, escribe periódicamente en su blog personal. Si dentro del género lírico dio sus primeros pasos, la emoción y la psicología han trascendido hasta su narrativa, en la que el personaje y sus fantasmas son el punto de partida. En sus novelas, aparece el bar llamado El gato que ladra . Que su padre tuviera uno quizá no sea mera coincidencia.
Elena Camacho Rozas es Doctora en Filología Hispánica y profesora de Lengua y Literatura, además de autora de poemarios como Versatilidad de la emoción, Ars adivinatoria / Trizas y trazos, Colección de flores raras o En la frontera y de una serie narrativa (El gato que ladra, El camarero de El gato que ladra). Siempre ha defendido el carácter terapéutico y comprometido de la literatura.
Es un libro francamente entretenido, con una perspectiva muy original (la de Samu, que es el camarero). Su lenguaje llano, fresco y al mismo tiempo lírico es una delicia (como las imágenes en que "ve" a la mujer de blanco y sus ojazos aguamarina). Mezcla muy bien distintos subgéneros: de investigación criminal, psicológico, realista... No sabría calificarlo, pero me ha gustado mucho y se lee muy rápido. Y el camarero, ay, ese camarero, es de los que crea parroquia.
Resulta ameno sin inventar situaciones increíbles ni personajes con los que jamás nos encontraríamos en la realidad. Parte de un suceso habitual (accidente), retrata un escenario cotidiano (un bar) y critica el inframundo de la trata de blancas. Samuel, el protagonista, resulta muy de carne y hueso y verdaderamente simpático. El lenguaje es llano pero extremadamente cuidado. Un acierto.
I loved the description of the setting how some really casual comment turns into a detective investigation!!.. Easy to read. I recommend to all lovers of the Spanish language.
Todo lo que tiene de sencillo lo tiene de envolvente. Es como un bocado que no atraganta. Como un licorcillo que ayuda a pasar esta horrible travesía 2020. No conocía a esta autora, pero desde hoy me declaro admirador de la llaneza de su estilo. No me parece nada fácil escribir de forma tan ágil y natural. Tuve la sensación de asistir desde una mesa a los diálogos de los clientes y al deambular de Samu con su bandeja al ristre. Por ponerle algún pero, se me hizo corto. ¿Volverá este camarero?
Un misterio, una figura reconocible en ese camarero que sabemos que comparte silencioso nuestros secretos, un recorrido por un Santander que nos es familiar, la acción rápida y el diálogo ágil, hacen de esta obra una novela de intriga que envuelve al lector hasta el final. Elena Camacho, excelente poeta, inicia el camino en la prosa con un lenguaje fresco y actual. La acción es directa, casi cinematográfica, y la trama sostiene la intriga hasta el último momento. Seguiremos leyéndola