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320 pages, Paperback
First published January 1, 2003
Comenzaba el mes de septiembre del año veintisiente. En uno de los periódicos del abuelo se anunciaba la ejecución en Boston de los anarquistas Nicola Sacco y Bartolomé Vanzetti. La abuela dijo, quien mal hiciere, bien no espere, que Dios los perdone, y el abuelo rompió el silencio para decirle a la abuela, guarda la ignorancia para tus rezos, éste es un asunto de mala conciencia
capitalista, y le pregunté si conocía a aquellos hombres y me dijo que no, que no los conocía, pero que le hubiera gustado conocerlos [..] Aquél día que yo me dirigía a iniciar mi primer trabajo como ayudante de jardinero, me dijo, procura estar siempre del lado de los inocentes, aunque te cueste la vida.
[…] y me dijo, nada sucede en la naturaleza viva que no esté en relación con la totalidad […]
[…] esto tiene que ver con esa mariposa de la que a veces te hablo, esa que está encerrada aquí dentro y que algún día se manifestará, ella te podría aclarar si la señorita es o no para ti una musa, de la misma forma que te informará sobre lo que eres y sobre lo que quieres ser, sus revoloteos son certeros, permanece oculta porque necesita conjurar ciertos estados de ánimo y
algunas fuerzas secretas para vencer futuras batallas entre el corazón y el cerebro, pero un día se despojará de ese disfraz y te ocupará el cuerpo entero y la mente entera, la memoria entera, y te dirá quién eres tú y entonces sabrás quienes son los demás, podrás de alguna manera mirar a los otros por dentro, y unas veces sentirás orgullo y alegría por lo que verás, pero otras sentirás asco […]
[…] las cosas de aquel mundo nunca ocurrían una sola vez y de principio a fin de manera absoluta, sino que cada cosa o circunstancia iba ocurriendo a trozos por ser simplemente demasiado grande y magnífica para tener cabida en un sólo suceso y cada una de esas pequeñas ocurrencias de una misma cosa deja en nosotros manchas de colores e intensidad diferentes, huellas o visiones que nos indican en cada instante por dónde seguir y nos enseñaban cómo las fracciones aleatorias de cada suceso se alineaban en el tiempo y enhebraban aquel momento parido de la circunstancia total con todos los demás momentos y aquélla era la fórmula del sentido de la vida, aquél era el hilo que unía los sucesos ordinarios y los alineaba el tiempo para forma el sortilegio
extraordinario y pensé que quizás ese hilo de que colgaban antecedentes y consecuentes fuera la mariposa de la que me hablaba Eneka […]
[…] empecé mal porque tuve infancia oscura y llena de miedos y una juventud a trompicones, tropezando contra la pobreza y la desgana y llenándome siempre la conciencia con preguntas que nunca tenían respuesta, pero sobre todo empecé tarde, muy tarde, como aquel desarraigado que viene de fuera y no conoce el idioma y anda corriendo de forma equivocada con cara de forastero perplejo, por eso te digo, Nalo, que no fui feliz, y que en estos últimos tiempos intenté salirme del camino de la tristeza y de la muerte para buscar el
camino de la creación, porque en la creación siempre están el inicio, la imaginación, el poder, y la satisfacción, propiedades todas ellas, aunque no las únicas, de la revolución, y tú sabes que por este camino me va mejor que antes, aunque sé que más temprano que tarde me acabaré colocando toras vez frente a la irremediable soledad original […]