Crudo, demencial, bestial, cruel, pesado, descarnado, terrorífico, angustioso, son adjetivos que resultan en eufemismos para rotular este libro y describir ese episodio tan vergonzoso de la humanidad como es el de la segunda guerra mundial. Eufemismos de la misma talla de cuando se habla de “humanización de la guerra” ¿cómo se puede humanizar la muerte y la barbarie?
En estas páginas está consignado el testimonio honesto de Olga Lengyel, quien fue presa en los campos de concentración nazi “más famosos”. Pero este libro me resultó distinto a los demás escritos. De un lado, se relata como la sociedad recibía con incredulidad ingenua la segunda guerra mundial y también la “estructura” social que se formó en los campos de concentración. Y es en este último, donde la autora describe por aspectos las diferentes formas de tortura, de despojo humano y de muerte que emplearon los nazis, pero no de cualquier forma, sino de una muy descriptiva, detallada y descarnada. Y lo peor aún, es saber que pese a las circunstancias contadas al detalle, sentir que todo es un resumen de lo sucedido, saber que los hechos fueron peores (y es que la autora a veces guarda silencio o se reserva parte de las escenas) y que ni siquiera podemos imaginarlos, personalmente andaba horrorizada y mi imaginación, bien grande por cierto, no dio para más…pero sí llegué a sentir sed, ahogo, angustia y hasta percibir olores desagradables, el libro toca cada fibra sensible del cuerpo y de la emocionalidad. Lo contado en el libro supera con creces otros libros, reportajes y films que tratan este episodio de la humanidad.
De otro lado, es muy clara la intención de denuncia y es que ella lo hace y lo logra! En el libro se nos muestran datos, se ven desfilar con nombre propios y sus acciones a los más reconocidos genios de la SS y de multinacionales alemanas…se nos argumenta porqué los nazis eran tan eficientes.
En cuanto a los tópicos me parece que la autora revela los otros rostros de la guerra. Si bien ella nos habla del “trato preferencial” que tenían los judíos, también le da rostro y voz a las otras víctimas como son figuras eclesiásticas, cristianos, civiles, prisioneros alemanes, gitanos, prisioneros de guerra, etc. y me parece que es necesario darle oportunidad a estas historias, ya que la historia no les ha dado muchas páginas.
Aunque no se ven muchos nazis decentes el libro deja esperanza, toca ver como muchos prisioneros dieron lecciones de principios y moralidad dando su propia vida. Hay que ver también, como para esta valiente mujer se volvió motivo de vida salir del campo y contarnos lo que sucedió allí. Entre tanto, el retrato que la autora hace de ella misma en los campos de concentración es sumamente honesto, una mujer realmente valiente!
Se siente extrañeza, decepción y tristeza, pensar y sentir que el libro es bueno y de lectura necesaria, pero es justo e indispensable decirlo. Por ahora, solo puedo decir que el libro me contó muchas cosas que no sabía y que ese infierno fue más que dantesco, pero quiero pensar y recordar en aquellos que tuvieron una moral excepcional.