"Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es."
Maravilloso Borges, eterno Borges, infinito Borges, sabio Borges, maestro Borges, Borges único.
Después de “Ficciones”, este es el libro que más me gusta leer y releer del maestro.
Aquí, vuelven a aparecer los temas recurrentes de su obra como la inmortalidad, la muerte, los cuchilleros, la teología, el Martin Fierro, la mitología griega, las parábolas sobre el infinito y las atribulaciones del hombre que es todos los hombres.
Naturalmente, sobresalen algunos de ellos por su perfección literaria, tal es el caso de “Emma Zunz”, una historia de venganza, “Los dos reyes y los dos laberintos”, que es otra forma de venganza, “El inmortal”, que narra la búsqueda de la vida eterna, “El Zahir”, que funciona a modo de adaptación de “El Aleph” y cuya trama está atada al destino y por supuesto, el que muchos consideran su mejor cuento junto a “El Sur” de “Ficciones”: me refiero a “El aleph”, con su única y particular visión del universo y que al mismo tiempo posee la interpolación del Borges real en el ficcional, algo que no cualquier autor se atreve a poner en práctica.
Terminé de leer este libro ayer y casualmente por la noche tuve un sueño.
En él soñaba que levantaba la vista después de leer un libro de Borges, salía a la calle y escuchaba su voz. Eso me llevaba a caminar unas cuadras para verlo en el techo de una casa, con la cara pintada y usando una túnica griega, mientras declamaba un poema.
El sueño, uno de los temas más preponderantes de su obra me dio la posibilidad de disfrutar de Borges como a él le hubiera gustado que se lo recordara.