«Pasearse por el jardín siempre es agradable, y más con una azada en la mano»
Sus amigos y conocidos les tacharon de locos al comprar aquella casa destartalada con aquel basurero como jardín. ¿Sabemos dónde se encuentra nuestro destino?
La historia comienza cuando huyendo de la guerra que era inminente, hasta ese momento ella y su marido Walter habían vivido en Londres, buscan una casa. Trabajó como secretaria de Lord Northcliffe, periodista y escritor irlandés, propietario y editor de varios de los periódicos de mayor éxito en la historia de la prensa británica, conocido como el «Napoleón de la Prensa». Más tarde de su marido que era editor del Daily Mail. Ningún conocimiento en jardinería.
Estuvieron tres meses mirando casa, no sabían qué querían, en esa búsqueda dice, «Nos perdimos muchas veces y tuvimos amargas discusiones, pero acabamos descubriendo lo que no queríamos». Juntos reconstruyen la casa, terrazas y plantan una huerta, diseñan un jardín espectacular y discuten por la colocación de una fuente o del uso del abono o cuándo se debe podar, como todo buen matrimonio, si un matrimonio no se enfada o discrepa, malo, uno de los dos está sometido al otro. Unas veces ella trabaja al servicio de Walter y, al final, cuando su marido no tiene nada que aportar, porque la audaz en el jardín es ella, él se retira a las tareas de mantenimiento. Habla de un jardín, sí, pero también del matrimonio, las parejas se pelean, desde el respeto y la empatía, esto no es malo, que nadie nos venda que un buen matrimonio JAMÁS discute, repito la idea de antes, si no lo hacen solo uno lleva la batuta. No se trata de no discutir, sino de aprender a hacerlo de una forma asertiva, como nos lo escribe Margery. No quiero terminar este apartado sin una frase conmovedora de Margery a Walter cuando ya no está, «Como jardinera, fui un calvario para mi marido, y ahora, en retrospectiva, me maravilla la paciencia que tuvo conmigo», sí, ella también la tuvo con él y lo leeremos en los metros de manguera. Compraba plantas para experimentar, como no las sabía cuidar, muchas se morían, así se aprende, prueba y error, pero para él un despilfarro. Hay un proyecto en común, comparten una pasión.
Pero esta obra es más, los tiempos van cambiando, la autora se admira de ciertas costumbres ridículas, la ventana de cristal ante el fregadero, sinceramente no doy crédito, no os digo más, quiero que lo leáis. A lo largo de la lectura la afectividad de Margery por su jardín es evidente, hasta los mismos albañiles se dan cuenta de la importancia que tienen y quitan los dichosos escombros.
Pero es más, aprenderéis de jardinería, yo cometí el mismo error que cualquier principiante, puse las plantas muy juntas, sin calcular que crecerían, las ahogué en abono y las maté de sed.
Una maravillosa lectura.