Hay otra forma de destierro sin desplazamientos. Orlando Dalbono y su madre la griega Sabina, la norteamericana Audrey buscando su camino de pintora lejos de Nueva York, los niños que corretean por las calles de Roma, y el enigmático y erudito Nebbiolo Bentornato, llamado El Viejo Elefante, viven en un mundo caracterizado por la intimidación del poder totalitario. Junto a ellos, silenciosa, la imponente máscara de piedra de la Boca de la Verdad parece guardar el secreto de la fatalidad bajo el signo de la Historia. El desterrado es una novela que despliega un largo aliento y una minuciosa riqueza estilística con decenas de personajes que permiten entender los mecanismos de la fantasía y la salvación por los relatos frente las imposiciones del engranaje del poder. Ubicada en la primera mitad del siglo XX, pertenece a la estela de novelas que van más allá de su contexto histórico y hablan sobre nuestro propio tiempo.
Doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Autónoma de Barcelona y profesor del doctorado de literatura latinoamericana de la Universidad Andina Simón Bolívar (Quito).
En su trayectoria figuran libros como la recopilación de cuentos progresivos La luna nómada (1995), con varias ediciones ampliadas e incluido en más de una decena de antologías, entre ellas Les bonnes nouvelles de l’Amérique latine (Gallimard).
Ha publicado las novelas El desterrado, El libro flotante y Kazbek, con varias ediciones en España, Argentina y Ecuador, así como los ensayos literarios de El síndrome de Falcón, y sobre arte: Soles de Mussfeldt. Viaje al círculo de fuego (2014).
Fue seleccionado para el Hay Festival de Bogotá 39 como uno de los 39 autores más destacados de la actual literatura latinoamericana. Reside en Barcelona.
Este es mi primer acercamiento con este gran autor ecuatoriano y me gustó muchísimo. El desterrado construye una narrativa sofisticada que combina historia, memoria y ficción.
Refleja la experiencia del desarraigo, la pérdida y la búsqueda de identidad, creando personajes simbólicos: Orlando y el Viejo Elefante, quiénes representan resistencia, introspección y memoria.
Su estilo narrativo es meticuloso, contemplativo y elegante, con un ritmo que acompaña la sensación de deslizamiento temporal provocando una reflexión profunda sobre el poder, la historia y la condición humana.