agosto 18, 2021
una adaptación moderna de ana de las tejas verdes? como comedia romántica? de verdad que deseo con todas mis fuerzas poder leer pronto este libro... y la portada y las imágenes omg *chef's kiss*
1era: diciembre 26, 2023 – diciembre 26, 2023 ★★★☆☆
«No sé cuánto tiempo a lo largo de los años hemos pasado así, con los dedos entrelazados como si fuéramos una extensión de la otra, pero ahora, de alguna manera, me parece más solemne que nunca»
Me parte un poquito el corazón el no haber disfrutado de este libro tanto como lo esperaba. Cuando supe que Iria y Selene iban a hacer un retelling de la historia de Anne Shirley ubicada en la actualidad, salté de la emoción. Y luego, cuando vi el adelanto de la portada y de las preciosas ilustraciones de Cristina Cid supe que tenía que conseguir el libro. Lamentablemente, no fue sino hasta ahora que por fin pude hacerme con él y pues… quedé algo decepcionada.
Es una historia tierna, sencilla y rápida de leer, buena para pasar el rato —especialmente si se lee entre otoño e invierno— y perfecta para quienes les guste el pastel de zanahoria y el chai latte. La representación LGBT+ fue de lo que más disfruté; hay cariño y naturalidad en la manera en que se abordan las distintas identidades, orientaciones y las posibilidades de relación que no se restringen al sistema monógamo-heterosexual que nos han vendido siempre. Es lindo poder ser abrazada por una historia que no tiene miedo a ser tan unapologetically queer <3. Por eso mismo, también amé varias de las escenas que Anne y Diana comparten (sobre todo la de la fiesta); se sienten suaves y honestas.
Sin embargo, el libro tiene fallas. Para empezar, la voz de Anne es confusa y algo agotadora, en exceso infantil para una novela que quiere ser new adult (y para una estudiante universitaria) y limitada a actitudes que la hacen parecer una caricatura más que un ser de carne y hueso. Da la impresión de que las autoras confiaron demasiado en que, al tratarse de un retelling, el personaje ya estaba previamente perfilado, por lo que estaban exentas de construirlo ellas mismas o de ahondar en él; pareciera que tomaron rasgos superficiales y se recargaron en ellos, en lugar de dibujar un personaje complejo e interesante. No he leído las novelas de Lucy Maud Montgomery, pero amo con mi alma Anne with an E, así que hablo desde ahí. La Anne de la serie es testaruda, temperamental e impulsiva, curiosa, enérgica y de rápido andar, ingeniosa, leal, cariñosa e imaginativa; en cambio, la Anne que se encuentra en Anne sin filtros se me figuró casi como un fantasma de la primera, un fantasma que puede resumirse en tres características: de rápido hablar (y eso a veces), soñadora (aunque luego cae en lo molesto y no tanto en lo encantador y único) e insegura (lo que la convierte en un personaje pasivo, contrario a lo que esperaba).
Y los demás personajes también pueden llegar a sentirse así: como fantasmas de sus predecesores. Marilla, Matthew, Rachel, Ruby, Josie, etc., se sienten como mini cameos, un poco como figuras de cartón. Esto se vuelve especialmente triste cuando hablamos de los dos intereses amorosos: Diana y Gilbert, quienes no logran existir de manera independiente a la de la protagonista y cuya extrema perfección resulta inverosímil y artificial. Los sentires, pensamientos y problemas de ambos no se nos muestran o trasmiten desde lo sensorial, sino que se nos exponen (mucho tell y nada de show), y pocas veces tienen impacto real en la trama. Creo que este es uno de los casos en los que la historia debió narrarse de manera coral, dándole igual importancia a los tres personajes principales (Anne, Diana y Gilbert) y permitiendo que se construyeran como seres tridimensionales cuya interacción está mediada por sus diferentes perspectivas y no sólo por el bien de la trama y de la protagonista.
Los temas que se quieren abordar son interesantes, pero —con la excepción del dejar atrás las expectativas irreales y edulcoradas para poder tener experiencias genuinas— cuando se llegan a tocar se hace de una manera superficial. Entre la sobrexposición, la perspectiva a veces insustancial que nos ofrece el personaje de Anne y la falta de conflictos verosímiles donde se sienta que hay cosas en la línea de riesgo (porque las tensiones son evaporadas cuando apenas empiezan a tomar forma y las resoluciones que la novela elige son demasiado fáciles), no hay nada que lleve a temas como las expectativas de los padres y el deseo de querer complacerlos (Gilbert, Anne, Diana), la experiencia lésbica reprimida (Diana), la doble identidad como mecanismo de protección (Anne), la homofobia en los medios (Roy), entre otros, a buen puerto. Es verdad que quienes nos identificamos con el colectivo LGBT+ merecemos historias dulces, amables y alegres, que no se regodeen en lo traumático (el salir del clóset o la discriminación) para poder llamarse a sí mismas «profundas», pero eso no quiere decir que el conflicto y los malentendidos se tengan que evitar por completo o resolver en menos de dos páginas.
Ya por último: el asunto de los fanfics es curioso. A veces funciona, a veces no tanto. Funciona para hablar de la experiencia de hacer comunidad a través de productos culturales y de la creatividad que se engendra en el amor por otras historias y la necesidad de contar las propias. Además, es muy lindo cuando las minisecciones de los fanfics que Anne y Gilbert escriben le hacen espejo al estado emocional de Anne. Pero no funciona cuando vuelve a los personajes y al libro tan monotemáticos y hasta aburridos, ni cuando los personajes se convierten en panfletos de las ideas en defensa de ese tipo de historias.
«[…] y no pudo evitar pensar que a Gilbert Blythe lo persigue la noche, en el pelo, en los ojos y en las paredes de su habitación»