Toda la tensión acumulada durante tantas páginas llegó finalmente a su puerto: esa chispa final que tanto me faltó en los libros anteriores saltó en esta culminación de historia y no se guardó nada.
¡Qué final más bonito! La representación gráfica de que lo bueno se hace esperar. Porque incluso ya sin ese factor que tanto resentí perder, vinculado a la traviesa e inintencionalmente desastrosa Ana pequeña (sí, gente, a este libro ya llegué más que asumida respecto a que tenía que dejar ir a esa Ana), todo logró ensamblarse a la perfección ¡al fin!, y entonces esa "Ana adulta" que de alguna forma nostálgica tan fuera de lugar parecía, terminó de integrarse de una vez por todas. Todo tuvo sentido.
Los últimos capítulos son una suerte de carrera ansiosa por ese final feliz, ese que parece de pronto a punto de deslizarse entre los dedos como consecuencia de las decisiones y, por qué no decirlo, terquedad de la protagonista. Hacía mucho que no me sentía tan en la onda del AMIGA DATE CUENTA POR FAVOR y, no puedo mentir, a ratos parecía que no sucedería...
Pero sucedió, y qué alivio para el alma, y qué bonito que cerró todo.
Sin duda una saga entrañable. Sus personajes son únicos, cada uno con elementos tan característicos que es imposible encariñarse (con unos más que otros, claro. I'm a hard Davy/Phil stan). Una saga dulce, una historia tierna, pero que no presenta todo en colores rosa: hay también eventos sumamente tristes, demoledores, que vienen simplemente a recordar que la vida está compuesta de esos segmentos oscuros.
Y, aún así, a pesar y hasta quizá debido a ellos, tal como hay tristezas, hay también siempre espacio para la imaginación. Porque quizá, al final del día, ese es el mensaje por excelencia de Ana de las Tejas Verdes: incluso en la incertidumbre, los cuestionamientos y hasta las tristezas inherentes a la vida y al mismísimo crecer, siempre podemos elegir mantener en nosotros esa inocencia que nos conecta con quienes somos realmente. Quizá, la alegría y la esperanza pueden ser encontradas en actos sencillos como el lenguaje por el que optamos embellecer nuestra vida.
Quizá, al final del día, el final feliz es ese: nosotros, como Ana, permitiéndonos hacernos merecedores de la alegría y de la magia de nuestro propio cuento.
Recomendado para niños entre los 8 y los 100 años, como dicen por ahí.