En el cuento que da título a este libro, asistimos a la narración colectiva e intergeneracional sobre el origen cósmico de un árbol en la colonia Progreso. Según Doña Eva se trata de los restos de un robot caído del cielo, pero la historia no deja de ganar matices, perspectivas y personajes. Así, este libro despliega un muestrario de humor y ciencia ficción que da otra vuelta de tuerca a la literatura norteña. Cinco cuentos perfectos en los que deambulan taqueros clandestinos, cerveceros alemanes y antropólogos de culturas extraterrestres. Cinco reflexiones sobre el arte de contar.
(Mexicali, 1993) es narrador y docente. Su trabajo aparece en la antología del Primer Certamen de Literatura para Niños "Escribiendo para el Futuro" (2018) y en "Vacunas contra la poesía: antología de relato corto" (2020). Ha colaborado en Cinosargo, Letralia, Bitácora de vuelos y Revista Plástico.
7 días y 68 páginas después. Un libro que leí muy despacio porque leía un cuento para antes de dormir, y que a veces me quedé en la mitad. Son grandes ideas, y hay una plusvalía enorme en encontrar ciencia ficción tan buena mexicana (y norteña). Los cuentos están agradables, aunque un poco apresurados algunas veces. Creo que este libro daba para un poco más, al extenderse.
Cinco cuentos se reúnen en esta pequeña colección de narrativa breve con la que Hiram de la Peña hace su debut dentro de la colección "Tierra Adentro" del Fondo de Cultura Económica (FCE). Narraciones que exploran inquietudes y pasiones muy propias del norte de México: el ambiente árido, la carne asada, la cerveza, los corridos, y las anécdotas que emergen en el espacio festivo donde todos aquellos elementos se reúnen y, donde figura, asimismo, aquel tono oral tan característico, del cual Hiram es un destacado cultivador. No obstante, todo aquel espacio del popular norteño, se ve matizado también por el tono futurista de la ciencia ficción. Donde el único árbol que da sombra es en el fondo un robot lacrimógeno. Aquel contexto en el que las emisiones del carbón para la carne asada se buscan regularizar para una pretendida política ambiental. Allá donde el polvo lunar se mezcla dentro de una fórmula cervercera particular. O bien, donde los antropólogos son reclutados en exploraciones espaciales para hacer etnografía de poblaciones extraterrestres. De tal manera, el conjunto de los cinco relatos se amalgama de manera interesante y muy coherente dentro de lo que Jorge Martínez, atinadamente, ha llamado posnortec science fiction: una combinación de la literatura noir y la distopía ciberpunk aderazada con el inconfunfible tono y circunstancia del norteño mexicano. Donde, vale subrayarlo, también se podrá encontrar altas dosis del más fino humor.
Historias que giran y se relacionan entre sí a través de un mismo núcleo que radica en un árbol cósmico localizado en la zona Progreso. Cinco historias narradas a diferentes voces y con estilos narrativos distantes entre ellas, de ciencia ficción, que nos hablan acerca de vida extraterrestre, de robots, de una raza superior. Aunque carece un poco de estructura y tiene sus fallas, la creatividad en el lenguaje y narración terminan siendo el único buen experimento.
Jamás pensé encontrar un libro de ciencia ficción norteña, pero aquí está. Una corta antología de cuentos, algunos con tintes de libros clásicos de ciencia ficción en otros planetas, otros de futuros que serían solo posibles en México.
Este es un libro de fake ciencia ficción. Son cuentos que más bien toman la carcaza de la especulación del futuro, pero es apenas el pretexto para hablar de otras cosas. Creo que así debe ser la ficción, engañosa. Lo que le da más importancia es que las historias se desarrollan en el norte de México, con su lenguaje y sus referencias.
El cuento que le da título al libro me recordó a uno de Sada, en el que un pueblo está discutiendo sobre el fin del mundo si abren una botella. Aquí, un pueblo comenta sobre la leyenda de un gigante de hierro caído a la tierra y convertido en árbol. ¿Qué de ciencia ficción hay en eso? Nada, si acaso es folklore ficción, como eso de que hay marcianos en Tamaulipas.
Quizá el cuento más ciencia ficción es La ciencia dura, sobre un programa de antropólogos que serán llevados a otros planetas. Y aún así, es una exploración sobre el conocimiento con afanes colonialistas. Cervecería polvo lunar es un cuento que también bordea más por el género de la teoría de conspiración, sobre un supuesto alemán-alien que le echaba polvos a una cerveza.
El archivo global es un cuento sobre una supuesta técnica que reprograma la mente, o te ayuda con los pedillos mentales que tienes. Todo se narra no con la ciencia ficción sino de la duda razonable si no es uno de esos inventos new age para neo hippies. Finalmente, La tormenta del desierto es un cuento que especula qué pasaría si se prohibiera las carnitas asadas. Va más en mostrar las repercusiones sociales y políticas, algo que me recuerda a un cuento de Yasutaka Tsutsui sobre la prohibición de fumar.
Me gustó el desenfado con el que cuenta las historias y el humor presente. Quizá había cuentos que se alargaban por el detalle o la descripción, creo que era innecesario. En general, me deja buen sabor de boca, sobre todo pensar que hay autores mexicanos con intereses que van más allá del realismo.
Cuentos breves con una narrativa muy norteña y temas vigentes retomados a través de la ciencia ficción. Prueba de que no todo tiene que estar escrito igual para ser buena literatura o reflejar la cultura de un lugar.
"Tal vez la memoria sea también un cádaver; nuestro presente, un ave rapaz que solo quiere vivir otro día, aunque le toque hacer el trabajo sucio".
Un libro simpático. Me gustó que el tono de ciencia ficción fuera más sutil, no se engolosinándose a a en una descripción del futuro y su tecnología, sino que lo tomaba de forma natural. Un par de cuentos pudieron cuajar mejor, pero es un libro muy disfrutable.