Una lírica empeñada en decir lo que se calla. No la masacre intima se sentimientos obvios que suelen privilegiar el silencio sin imitarlo sino la victoria que suscitan actos, sujetos y escenas que nos habitan y salen a respirar el aire del ghetto ala que pertenecemos, en el que nos recluimos por y con el temor de ser perseguidos. Una lírica que encuentra la vuelta para desplegar un elenco sustraído de las representaciones convencionales porque viste mal y es, por lo tanto, mal figuras episódicas del marzo con que la vida corta para redistribuir la suerte o la muerte, la salida del juego. Caras familiares, chicas que dan un paso atrás, retratos de infancia que circundan el barrio, el barrio chico que se convierte en barrio grande y que se vuelve en el recuerdo ghetto. Hay algo celebra torio y compartido en este libro de Tamara Kamennszain y sin embargo la voz lírica es mas singular y personal que nunca. Se trata de una voz que absorbe y transforma, que dice y calla, una incertidumbre y un reclamo plural. La pertenencia y la soledad, el individuo y la procesión, la casa y el barrio, la exclusión y el conjunto. El ghetto contiene un sorprendente aprendizaje y una gran dicha.
Tamara Kamenszain (Buenos Aires, Argentina, 1947-Ibídem; 2021) fue una poeta y ensayista argentina. Estudió filosofía, trabajó desde muy joven en periodismo para después dedicarse a la enseñanza de la literatura. Pertenece, junto con Arturo Carrera y Néstor Perlongher, a la generación de poetas de los setenta llamados neobarrocos. Sus ensayos sobre poesía argentina y latinoamericana son material de estudio en universidades argentinas y del exterior. Sus libros de poesía fueron total o parcialmente traducidos a diversas lenguas y es considerada una de las voces que influyeron sobre las nuevas generaciones de poetas.
“ideas sin ataúd no son ideas son estrellas fugaces del viernes”
“Me pesa el muro que te cargo con la vista puesta en la espalda el horizonte nos señala otra patria”.
“No me recen al oído porque me despiertan”.
“No hay sótano más oscuro que este al que desciende el alma para esconder con palabras lo que debería decirse (…) encierro precoz donde la niña aprende a canjear veinticuatro horas en blanco por segundo de escritura”.
“acercaba sin embargo una tranquilidad luminosa: había un mensaje literal enunciado clarísimo donde la luz es la luz es la luz es la luz y donde irse es replegarse en eco como sólo un padre sabe hacerlo”
“En el campo sin límites de la mirada verde sobre verde avanza el paisaje de todos todos cuelgan sobre ese horizonte la esperanza de estar vivos (…) Mi duelo, lo que estoy viendo será de aquí en más este verdor que te dedico”.