Harto diálogo con Simone Weil y sus textos. Eso nunca puede ser malo. Porque nunca es tan bueno que Weil tenga la última palabra.
Bertoni es de los pocos que van quedando que piensan en la bondad a la antigua, con un poquito de dolor, usando lo que se tiene a mano más que el hambre en África. ¿Quién se calienta la cabeza hoy cuando están claritas las condiciones materiales en que producimos el mal y la anacronía de un bien que sólo pareciera pertenecerle a los santos? Calentarse la cabeza no soluciona nada, obvio. Pero poner esa tensión por escrito y acercarla y mezclarla con los temas típicos de Bertoni que, quiéralo uno o no son también los temas del sentido común (las minas, el tedio, la muerte, el trabajo, la soledad, etc), eso ya es algo.