Caicedo no solo fue un escritor que incursionó en diferentes estilos y géneros literarios, sino que reflejó a una generación que vivió la violencia en carne propia en la ciudad de Cali. Aquellos tiempos traían consigo un porvenir incierto, escabroso, lleno de refugios como bares, antros de prostitución y drogas. Era difícil que los jóvenes pudieran conocer una realidad más optimista y limpia de lo que Colombia ofrecía.
Para Caicedo, el mensaje era claro: vivir con amor y rencor hacia el sistema, su gente, su propia persona. Por ello, sus novelas y cuentos testifican las emociones reprimidas y singulares de una psique preparada para el colapso, pero que aún guarda un ápice de inocencia por las desgracias vividas.
Angelitos empantanados o historias para jovencitos es un manuscrito que, a veces, es catalogado como novela, otras veces como cuentos interconectados. Toma la vida de jóvenes enamorados, sumidos en la desgracia de una ciudad dividida en barriadas, jerarquías entre los que tienen más dinero y los que no, pero con problemas similares. Más aún —diría yo— Caicedo recurre a retratar la típica historia romántica y trágica del amor (la típica historia de los románticos empedernidos), solo que con personajes alter ego y con un panorama de ciudad bulliciosa, ajena al ideal romántico de la primera aproximación con el amor.
Algo que caracteriza a Caicedo es que sus personajes oscilan entre perdedores renegados y jóvenes egoístas, sueltos por las calles. También refleja, con ellos, los engaños de la ilusión sobre ese amor no correspondido y la realidad de quienes aman en una ciudad donde cosas como los valores no tienen peso. Hay otra verdad que guía a los jóvenes: una verdad implícita y destructiva. Ergo, pareciera decir el autor que el amor responde a un contexto cultural que está por encima de los sentimientos. Quizá esa sea la diferencia más significativa con las novelas de antaño del romanticismo, que, a pesar del triste y mortuorio final, sostenían que el amor era independiente de lo que dijera o hiciera la gente. Vemos que no es así.
Sin embargo, las novelas de Caicedo caen también en la repetición de tramas, personajes y un estilo poco legible para la historia. Hay momentos en los que cuesta seguirle el juego, también los motivos de cada personaje para ser como es, y más aún con el lenguaje (las jergas) que usa. Siento que su “novela” podría haber tenido más potencial si se hubiese quedado como un conjunto de relatos; ya que ese es su fuerte.