La incapacidad para ejercer control en su territorio, la falta de autoridad o su pérdida de presencia, la crisis de credibilidad en las instituciones democráticas, así como la creciente inseguridad jurídica y la ineficacia del Estado, constituyen la suma de elementos o factores que, peligrosamente, nos pueden conducir a un Estado fallido.
La falta de estabilidad política ha sido, sin lugar a dudas, uno de los elementos más perturbadores para nuestro país, cuya inestabilidad institucional le ha llevado a exacerbar sus debilidades y su incapacidad para atender las crecientes demandas de una sociedad, donde siete de cada diez ecuatorianos no tienen acceso a un trabajo formal.
Oswaldo Burneo, en su extraordinario libro, hace un ferviente llamado para salir del oprobio y marasmo heredados por malos gobiernos, para salir de la peor catástrofe emocional, económica y social; su patriótico exhorto nos conduce a pensar que estamos a tiempo para resurgir como rescoldos ardientes; pero, para lograrlo, Burneo no se equivoca al considerar que la unidad nacional es el único camino que nos queda, para soñar, diseñar y concretar la construcción de una nueva sociedad más justa, más igualitaria, más equitativa, más inclusiva, más solidaria, más ética.