A veces se diría que violencia, corrupción, racismo, misoginia, nepotismo y nacionalismo son inseparables de la competición deportiva. Ahora bien, ¿es el deporte fuente o víctima de tales lacras? ¿Forman parte de su propia fisiología o bien son simples patologías de la competición? En este viejo debate, este libro defiende la intrínseca moralidad de la práctica deportiva. Su tesis fundamental afirma que la competición atlética es una forma de comunicación motriz que define una práctica intrínsecamente virtuo- sa, por más que pueda ser adulterada.