Este libro es una venganza. Un escarmiento en forma de manifiesto colectivo para que de una vez dejen de hablar por nosotras, las maricas marrones, las locas pobres de la periferia, las travas migradas. También es un libro sobre el empoderamiento, sobre cómo nos apropiamos del insulto, cómo le quitamos esa arma a la cisheterosexualidad y la usamos contra ella. El dolor y la vergüenza se evaporan y la resistencia cobra vida en el instante en que te miras en el espejo y te ves por primera vez: ¡qué hermosa marica!a de purpurina.
«Acá voy a inaugurar y clausurar un tercer punto que no tendrá desarrollo. Solo diré, como Buena Señora cristiana amante del drama-suplicio y la autoflagelación: tanto dolor valió la pena.»
Este curso leí dos libros maricas, ambos robados a mi amigo @ivan_folgueira: Maricas Malas, del que ya hablé (muy bien) a finales del pasado año, y este Manifiesto marica visible, que acabo de terminar. Ambos comparten la reivindicación marica desde lugares muy distintos: el de @christocasas es un ensayo ordenado con un lenguaje casi académico, marica quizás más en el fondo que en la forma, mientras que este de odiseorojo es un libro inclasificable, mezcla de memorias, teoría, poesía y entrevistas donde también se entrelazan las problemáticas de la orientación sexual, la identidad de género, la raza, las relaciones sexuales (muchas veces remuneradas) y la pobreza, probablemente escrito más desde las tripas en un registro que se me escapa por momentos, por las expresiones latinoamericanas y las referencias maricas que desconozco.
Yo, como buena señora teórica (/matemática/obsesiva), me sentí más cómoda con el primero, aunque puede que me hiciese más falta este.