“Yo, Julia”, la obra ganadora del premio planeta en 2018 y cuya existencia es conocida por todos ya que incluso la publicitan después del telediario y la puedes comprar tanto en las mejores librerías como en el “Carrefour” o en el “Lidl” de tu barrio ha colmado todas mis expectativas. Posteguillo, de nuevo, demuestra quién manda en la novela histórica patria. El Imperator es él, y eso lo sabemos todos. En realidad él también lo sabe. No voy a analizar los hechos históricos por los que discurre la novela. La sinopsis es clara y prefiero centrarme en otras cuestiones. Vamos allá.
La novela contiene muchísima carga histórica, pero mucha, y me fascina que un producto de esta naturaleza pueda llegar a ser tan grotescamente divertido; la documentación es soberbia, y casi sin darte cuenta y disfrutando como un niño, vas empapándote de historia romana: arquitectura, dinastías, latinajos y geografía imperial. Un lujo aprender así.
El libro, además, se incardina a la perfección con lo narrado en la “Trilogía de Trajano”: no es indispensable ni necesario pero recomiendo la lectura previa de esta trilogía. Al fin y al cabo es seguir la diacronía del propio Imperio Romano, esto es, el último tercio del siglo I y principios y finales del siglo II. El autor, con todo, se esfuerza por entrelazar y engarzar los distintos sucesos históricos en los que se fundan sus obras, así que si deseáis tener una visión ordenada y global de los acontecimientos ya sabéis.
La segunda es que es un libro que aúna de forma más exitosa la política y las terribles consecuencias prácticas de las intrigas senatoriales e imperiales. Me explico: en la “Trilogía de Trajano” son capitales valores como la amistad y la lealtad, tiene un componente más belicista-expansionista, y quizá enfatiza con mayor vigor en la cultura y el ocio romano y en el enemigo exterior, en la implantación y salvaguarda de las fronteras del Imperio.
En cambio “Yo, Julia” es pura intriga y movimiento político, las conjuras y las guerras civiles se suceden, es un libro más intestinal, de romanos contra romanos, en éste aspecto se asemeja a “Los Asesinos del Emperador”, primer libro de la antedicha trilogía, pero extremando la premisa, exacerbando la ambición y la traición, el culto a la familia y su porvenir (parecen las Cinco Familias). Y todo ello encarnado en la emperatriz siria. La obtención del poder y la escalada social vertebran la obra, y eso se nota en lo descarnado de los diálogos y la toma de decisiones.
Finalmente el libro se centra en los personajes femeninos de abolengo, un tanto abandonados en la trilogía del emperador hispano, así como en el estamento de los esclavos, eslabones indispensables de la sociedad romana y que merecían, al menos, una somera y justiciera referencia.
El libro es una pasada y tiene de todo; aunque el amor y la pugna por el poder absoluto es lo principal, tal y como he indicado. La lectura resulta adictiva y trepidante con un pulso narrativo ágil: desconectar es impensable. El "bonus" es que además de entretenerte te culturiza, ¿se le puede pedir más a una novela?
Por todo ello la nota es de 4,35-4,5 estrellas. Voy a dejarlo en 4 estrellas y me explico: considero que es acertado (y casi obligatorio) establecer una contundente diferenciación entre la obra maestra, que es la “Trilogía de Trajano”, y un libro magnífico, como es el que nos ocupa, pero que no alcanza las cuotas de excelencia de los anteriores, ¿por qué? Pues porque faltan personajes secundarios interesantes, algunos diálogos son muy forzados y artificiales y la historia no alcanza la magnitud del abrumador ascenso de Trajano, además de desprender constantemente un halo a introducción, que no termina completamente de perfilar el personaje de Julia, no habiéndome tampoco entusiasmado la caracterización de Septimio Severo: muy manipulable e inseguro, influenciable.
Por otro lado, aunque ahondando en el análisis negativo, el autor peca de defectos que entorpecen la lectura y que se hacen excesivamente evidentes: reitera demasiado las virtudes de Julia Domna, repite mucho la misma información como si el lector fuese Dory, esto es, un ser desprovisto de memoria, y no consigue, por lo reseñado y en general, igualar lo conseguido en anteriores obras que se llevaron los 5 esferoides luminosos.