Viento de primavera reúne un soberbio catálogo de la obra poética de Alaíde Foppa, quien, desde los abismos de su voz más íntima y más lírica, aborda temas que van desde la confesión de los anhelos e inquietudes del ser, la relación con el entorno natural y el político, hasta el cuestionamiento mismo de la condición la maternidad, el vínculo con los hijos o la alabanza de la feminidad.
Poño un poema bonito que cadrou ao chou. Este é dos que falan dunha observación da intimidade compartida e os seus límites, pero hai moitísimos moi bonitos e que son a cousa máis vívida posible (sobre o corpo, a vivencia dun instante significativo, a palabra poética como procura dunha epifanía...). «Elogio de las frutas» é as miñas merendas, e «Las palabras», aquilo no que maxino ao adormecer. Cada poema é coma un suspiro e acompaña moito.
A UNA SOMBRA La sombra de la nube pasajera me alcanza, y no me toca ya tu sombra. No sé quién eres ni si de veras fuiste, solo sé que un día caminamos juntos, o así al menos lo creíamos: en memoria de ese tiempo quisiera llamarte hermano, mas la distancia es el aire en que vivimos. Para decirte adiós te busco todavía, y no encuentra mi mano esa sombra que aún está a mi lado.
4.5 Qué belleza de poemario. Qué deleite es leer a Alaíde. Ahora algunos de mis poemas favoritos están en este libro, qué disfrute. Gracias por tanto, Alaíde.
“Señor, me diste una rosa; pero sólo florece si la riega el llanto. Bendita sea la lágrima silenciosa que la abrió milagrosamente”.
Cuánto amé a mi Alaíde y su pluma tan lúcida. Su poesía despertó en mí algo muy similar a la de Dolores Castro. Es curioso, porque tanto Alaíde como Dolores llegaron a mi vida casi al mismo tiempo. Les tengo un cariño, ternura y admiración irrefrenables. Gracias por instalarse en mi camino.
Leer a Alaíde es cercenarte la herida mientras la untas con la luz de un misterio esperanzado. Es envolverte de vida y estrujar el vacío. Es sentarte a la orilla de un jardín solemne y floreado, y dejar que tus sombras se paseen en ese paraíso idílico y doloroso a su vez. Por eso decidí darle su tiempo. Ir paso a paso. Escucharla, dejar que me hablara, que se volviera amalgama de mi conciencia. Así es como se interna la poesía en la memoria. Sus finos hilos se sujetan de las redes del sistema límbico con dulzura y olor a milagro. Ahí es donde comienza el verdadero viaje.
Qué mujer tan más vibrante fuiste, Alaíde. Cuánto hubiera deseado conocerte. Este es el sufrimiento voraz de leer a alguien como tú. Pero al menos tengo la certeza de que tus letras me abrazan. Me hacen sentir menos sola. Me devuelven a mi mujer raíz.
Recomiendo muchísimo esta lectura. La edición del Fondo de Cultura Económica además es bellísima e incluye una introducción de Elena Poniatowska, otra mujer maravillosa. Su texto es conmovedor y retrata con justicia aquello que representó y sigue representando Alaíde. No pude evitar quebrarme al estarlo leyendo.
Hacía años que no leía poesía. Luego, en un trueque de libros, encontré esta antología que me tentó por su portada. Leerla ha traído a mi vida, a mis viajes y pensamientos, el recuerdo de los años mozos en que probé por vez primera los versos.
Algunos de los poemas de la autora son casuales elogios, pasajes o momentos. Otros son concentradas gotas del líquido que habita el palacio interno, primero el suyo y ahora el mío.
Leer antes el prólogo de Elena Poniatowska, soberbio prólogo, fue de gran ayuda para comprender y sumergirme mejor en el contexto de los versos de Alaíde.
¿Cuántos resalté? Más de una decena. En ellos, en el futuro, recrearé los recuerdos propios y los frutos de ellos: las personas que nacieron de mi persona, con cuerpo de papel.
El trabajo poético de Alaíde Foppa es breve, retóricamente reiterativo pero jamás se siente que se traicione a sí mismo ni que desee buscar herramientas de escritura que deslumbren por ser de vanguardia. Su sencillez, su claridad, sus influjos de poesía garcilasiana, sanjuanesca, frayluisiana, dan mucho que decir en su forma y en sus temas. No obstante, creo que el poemario de ella que merece la guirnalda de obra maestra es "Las palabras y el tiempo" por su encarnada búsqueda por volver concreto dos entes abstractos que toman a la poeta por sorpresa ya casi al final de su vida. La pregunta por el hacer de las palabras y la existencia del tiempo no va en vano y su división en fragmentos, días y momentos, le dan al trabajo una hondura esplendorosa. Dan ganas de releerla pronto.
Los poemas en los que habla de sus hijos son extraordinarios y estremecedores, sobre todo teniendo el contexto biográfico, pero aun sin él, son grandes poemas que se sostienen por sí mismos. Igual me gustaron los poemas iniciales, pero pasando estas dos partes, el libro se torna algo cansado para mí, en especial en esos poemas de elogios. En esos y otros en los cuales sentía su poesía se tornaba como muy de lugares comunes, en los que faltaba una construcción de imágenes más ¿arriesgada? No sé cómo describirlo. No sé si fue la selección o así sea el general de su obra.
Alaíde Foppa apuesta por una sencillez que es un arma de doble filo. Por un lado, sus versos sobre el amor y el cuerpo son tan directos que funcionan increíble como material didáctico, casi como una guía para "entrenar" el ojo poético sin complicaciones. Sin embargo, me queda el sabor de que pudo haber más: para alguien que hablaba cinco idiomas y vivió en tantos países, esperaba un léxico más rico o imágenes con más mundo. No es que sea un mal libro, pero se siente un poco plano en su ambición. Lo que más disfruté fue La sin Ventura.
No había tenido la oportunidad de leer a Alaíde pero quedé fascinada. Cada uno de sus versos es hermosísimo y cada palabra encierra a su vez tanta consciencia sobre una infinidad de temas, como el lenguaje y el tiempo pero usando como base en casi todos la femineidad, la maternidad y en general todo lo que engloba la condición de la mujer. Es el tipo de libro que le regalaría a mis amigas y que recomendaría por todos lados.
lo más hermoso. lo leí lento, con cuidado y amor. Ya estaba gustándome mucho cuando llegué a «las palabras» y me conquistó por completo.
me encantó leer los poemarios en orden cronológico y ver su evolución como poeta. en su primera etapa las ideas me parecen amplias, abratractas y a medida que pasa el tiempo se van haciendo precisas, afiladas.
Algunos poemas me gustaron mucho y otros no son para mí, pero independientemente de esto reconozco la importancia de su obra para reconstruir una genealogía de escritoras en lengua española. El prólogo de Poniatowska está muy fuerte.
Muchos de los poemas están excelentes, me gustan varias de las metáforas y temáticas que aborda la autora y la introducción de Poniatowska me sacó unas cuántas lágrimas. Definitivamente un libro que atesoro.
Me gusta regresar a este poemario cuando me siento perdida. Me encantan las reflexiones de Alaíde Foppa y la manera en que me deja reflexionando por días acerca de las cosas que normalmente paso por desapercibidas.
Bellísima poesía y formidable historia de vida contada en el prólogo por Elena Poniatowska. Me encantaron los poemas dedicados a la maternidad y a los hijos, a la fruta y a las partes del cuerpo. Poesía limpia, clara, hermosa
No conocía a Alaíde y no creo que haya habido mejor forma de conocerla que con el prólogo de Elena. Nunca un prólogo me había gustado tanto. No todo del libro me mató, pero lo que sí fue suficiente para amar esta antología. Muchísimos de sus poemas son consuelo y esperanza ante la sociedad y la tristeza. Qué lindo es escribirle a la vida. La parte del tiempo me alteró la química del cerebro.