¿Cómo surge la decisión de ser puta? ¿Cómo es el momento en el que se le explica a una madre? ¿Las prostitutas se enamoran? ¿Qué hay de su placer y deseo? ¿Existe el perfil de cliente? ¿Libertad y trabajo sexual son conceptos reñidos? ¿Cuáles son las auténticas reivindicaciones de la mayor parte del colectivo de prostitutas? ¿El abolicionismo es la solución? Estas son solo algunas de los cientos de preguntas, hasta ahora en el aire, que encuentran respuesta en estas páginas que cambiarán tu visión sobre la prostitución. Lúcido, amable, honesto y revolucionario, este revelador ensayo autobiográfico nos muestra que la prostitución es menos sórdida de lo que pensamos, a pesar del estigma que marca la vida de todas las mujeres que la ejercen. Valérie May, quien decidió abandonar su actividad como integradora social para convertirse en trabajadora sexual y activista por los derechos de las prostitutas, desnuda su alma en este libro cargado de emoción para hacer un análisis global de la prostitución y acercarnos a la desconocida realidad de esas mujeres incómodas e insolentes, que, a través de su desobediencia sexual, ponen en jaque a un sistema represivo y contradictorio, empeñado en infantilizar a las profesionales del sexo. Cada una de sus líneas está escrita con la esperanza de que un día tomar decisiones sobre la propia vida no esté criminalizado y el trabajo sexual pueda ejercerse con seguridad y garantías y obtenga, por fin, el reconocimiento que merece.
175 páginas. 14 capítulos. 1 millón de post its. En este ensayo-autobiografía Valérie nos cuenta parte de su vida y experiencia en el mundo del trabajo sexual de una forma simplemente perfecta. Todos tenemos prejuicios y dudas cuando pensamos en la prostitución, creo que prácticamente todo el mundo hemos recibido la misma (des)información al respecto. Surgen las preguntas de cómo alguien puede llegar a "caer tan bajo" (queridos amigos, no se debe juzgar a nadie porque no conocemos qué hay detrás de ciertas decisiones), qué papel van a desempeñar esos amigos/familiares, ¿es imposible tener pareja y ejercer ese trabajo?... Y mil preguntas más.
He disfrutado inmensamente de este libro, de cómo la autora explica las cosas, divertida y sencilla, se nota que hay mucho cariño detrás y, aunque no sé si es la palabra adecuada, mucha valentía para mostrarse y defender quién es y qué quiere de su propia vida. Es un libro que ha arrojado luz y que me ha hecho reflexionar sobre nuestra sociedad, una sociedad que nos prejuzga, que nos ata, que nos encasilla en un papel preestablecido del que no se puede escapar sin sufrir ciertas consecuencias. En palabras de Valérie: "La dignidad es inherente a la persona... El merecimiento de esta no depende de la profesión que uno ejerza, sino de cómo uno se comporte con su entorno, de cómo trate al resto de personas y de si procura o no ser mejor persona cada día"
Y sí, me gustaría poder decir que no he tenido/ tengo prejuicios sobre las mujeres (sí, hay que reconocer que el estigma cae sobre ellas) que ejercen este trabajo, pero estaría mintiendo; pero puedo decir que gracias a gente como ella esos prejuicios se desmoronan.
Por si cabía alguna duda, mi nota es un 5/5 ⭐⭐⭐⭐⭐. He de decir que es una de esas personas que, si estuviera por BCN me encantaría tomarme un té matcha con ella.
La conclusión final a la que llego es que... Callémonos y dejemos que hablen las putas.
Una crítica en toda regla de, no solo los prejuicios, que podamos tener hacia el mundo de los trabajos sexuales. Todo lo que expone es aplicable a cualquier aspecto de nuestra vida
Pillé este libro por casualidad y va siendo una de las mejores lecturas de este año. Da cuenta de una mirada integradora, con las ventajas y desventajas de ser trabajadora sexual, además de una crítica a la sociedad con todo lo que nos falta por cumplir para dejar de excluir a quienes deciden ser trabajadores sexuales. Me gustó mucho.
OJO: Si no estás seguro/a de leer este libro, estás a tiempo. ¡Huye! No vale la pena.
Sospecho que esta señora quiere que, al pasar por la calle, la ovacionen y le avienten flores… ¡A nadie le interesa! Elegiste tu camino y ya. Así como es de libre elección si un hombre si quiere o no una pareja que se dedique a lo mismo que ud, señora. No motivo para sepultarlos.
El “patriarcado” no te prohibió que ejercieras esa “profesión”. Deja de culpar a todos, porque cualquiera que lea este libro diría que no quisiste convertirte en lo que eres y que odias a lo que te dedicas.
Se puede debatir y cuestionar las consecuencias e implicaciones sociales y morales del trabajo sexual. Ahora bien, la realidad y lo que ocurre en el presente es que es un sector social desprotegido, señalado y estigmatizado, y lo lleva siendo durante toda su historia. Existir ha existido desde hace mucho y lo seguirá haciendo, se persiga o no legalmente. De modo que la primera prioridad es proteger/las, darles derechos y opciones laborales viables y reales (si es que las prefieren). Después de eso se puede debatir si está bien, mal, si el capitalismo es una mierda o si mercantilizar el deseo es algo cuestionable. Lo que tenía claro sobre este tema es que si iba a leer sobre ello debía ser de alguien que lo contara desde la experiencia. Porque primero viene la persona, la que lo vive en su día a día y en la realidad. No debates filosóficos alejados de la realidad material de la calle, los clubes, las facturas de la luz y agua y la compra del super. La cuestión de la prostitución, el trabajo sexual, es un ejemplo que permite ver con mayor claridad las costuras, injusticias y fallos en el sistema económico y social en el que vivimos. Y creo que es la mayor lección que se puede extraer tanto de la experiencia de Valérie como de toda la información que aporta. El ts puede ser tan machacante, injusto, duro y agónico como el sector hostelero con situaciones de explotación, jornadas de trabajo insostenibles en un hospital o tratos inhumanos en los jornales de temporeras y temporeros. Es el ejemplo perfecto para reflejar todo eso porque es un sector que reúne perfiles que suelen verse atravesados por las mayores discriminaciones a nivel laboral y social: mujeres, migrantes, personas vulnerables (trans, racializadas…) y en general personas con pocos recursos. Es decir, saca a relucir tanto la discriminación que sufren ciertos sectores del colectivo lgtbiq+ como las injusticias legales y sociales que sufren las personas migrantes que, ante situaciones hostigadoras, falta de recursos y desamparo legal se ven abocadas a vías laborales que no se plantearían si se vieran solucionados esos aspectos. No diría que el ejemplo en particular de Valérie es privilegiado o no representativo. Es el ideal. Es por lo que un futuro proderechos y con mayor justifica social abogaría. Se ha podido formar, ha tenido otras opciones laborales y llegado el momento optó por esta en particular. Lo hizo y por suerte con el apoyo de algunas personas que la entendieron, protegieron y apoyaron en su decisión ha podido ejercerlo de forma satisfactoria o, al menos, para querer seguir realizándolo durante 6 años. Todo eso a pesar del estigma y con la ley en contra. Es, además, un trabajo que trata la sexualidad. Otro gran tema social del que aún se requiere mucha educación y, sobretodo, reeducación. Esto, junto a la cuestión de reunir perfiles de trabajadores/as desfavorecidos crea una bomba de relojería frente a la cual una legislación abolicionista podría parecer la gran solución milagrosa y más radical. De todo el tiempo que llevo escuchando y leyendo a trabajadoras sexuales he aprendido que el abolicionismo está muy lejos de ser una solución y es una utopía tan irrealizable como nociva para aquellas y aquellos que quieren/necesitan/deben dedicarse al trabajo sexual. La realidad de su aplicación es persecutoria, que lleva a un desamparo y violencia policial y legal aún mayores, especialmente en los casos de migrantes en situaciones irregulares. De esto ya habla bien Valérie y definitivamente la vía proderechos es la más factible para aquellas personas que se dedican y viven en un sector laboral y social absolutamente desamparado. Derechos laborales, aumento de recursos sociales, cambiar las leyes de migración y educación, educación y más educación.
“Descodificar el yo en un trabajo cuyo espacio laboral es la intimidad es un ejercicio que no solo requiere de una inteligencia emocional fuera de lo común, sino de una capacidad crítica, en lo individual y en lo colectivo, que solo alguien excepcional podría traducir en palabras. (...) Hablamos de una visión general sobre un tema del que todo el mundo opina, pero del que nadie sabe. (...) La razón duele: hoy, a causa de la moral que impera sobre el inconsciente colectivo, no podemos admitir que una mujer quiera tener relaciones sexo-afectivas por dinero. Muchas podemos entender a una mujer que quiera abortar, no dudamos de su voluntad y no la victimizamos por ello, pero a una puta jamás.”
Valérie May, en el libro.
“Gracias al sexo nos relacionamos a través del disfrute conjunto y sentimos uno de los mayores placeres que hay. (...) El sexo es sencillo. El cómo nos relacionamos los seres humanos es mucho más complejo.”
“Empecé a preguntarme el porqué de todo y comencé a darme cuenta de que todo lo que nos han contado a las mujeres es una absoluta mentira. Es el cuestionamiento, el pensamiento crítico sobre una mentira tan grande, lo que echa por tierra todas nuestras creencias. En el fondo, el que sigamos pensando que hay verdad detrás del «hazte respetar» solo responde a un interés ajeno: el del sistema.”
“Cuando empiezas a ejercer eres consciente de que tienes que protegerte de los clientes, pero cuando empecé a hacer activismo, nadie me avisó de que tendría que protegerme de los periodistas. Para los medios de comunicación, las trabajadoras sexuales somos puro morbo televisivo, y ellos en su mayoría, y no los clientes, son quienes más nos han hecho sentir vejadas, humilladas y engañadas.”
“Cuando me preguntan cuáles son los motivos por los que el trabajo sexual se continúa criminalizando, siempre respondo lo mismo: hay muchas razones, pero la religión y la moral siempre han jugado un papel fundamental. Son los cimientos del control hacia las mujeres, son el origen del matrimonio monogámico y son el soporte del patriarcado. Y es que por mucho que nos pese, no nos hemos liberado de la religión, no nos hemos liberado de la educación judeocristiana y no nos hemos liberado de la moral católica.”
“La dignidad es inherente a la persona y, a mi parecer, el merecimiento de esta no depende de la profesión que uno ejerza, sino de cómo uno se comporte con su entorno, de cómo trate al resto de personas con las que comparte este mundo y de si procura o no ser mejor persona cada día.”
“Siempre que se crean leyes que criminalizan a las trabajadoras sexuales utilizando el comodín de la trata, se sustentan en conceptos abstractos o tergiversados donde no queda claro quién es traficante o quién es una trabajadora sexual independiente que solo busca la forma de trabajar. Este tipo de leyes son como las redes de arrastre, que para pescar especies de fondo se lleva por delante a todas las especies de flora y fauna marina que se encuentran, ya sean económicamente aprovechables o no. Un método peligroso, ineficaz y cero ético.”
“Les resulta difícil evitar pensar que lo más duro de mi trabajo es follar, cuando en realidad lo más duro, a menudo, no tiene ni siquiera que ver con el cliente. La sociedad siempre piensa que lo más duro deber ser el mantener relaciones sexuales con una persona muy mayor, por ejemplo. Y, a día de hoy, puedo decir que mis mejores clientes han sido mayores que yo. A veces, por mucho. Otros piensan en la belleza, en tener que acostarse con alguien que no resulta atractivo. Esto demuestra que la sociedad es tremendamente hipócrita cuando critica la superficialidad y, a la vez, no considera una oportunidad la posibilidad que nos brinda nuestro trabajo de conocer durante unas horas a una persona que, aunque puede que no entre dentro de nuestra idea de atractivo físico, nos resulte muy agradable pasar tiempo con ella por su belleza interior.”
“La prostitución te enseña nuevos valores que se trasladan a tu vida personal, como, por ejemplo, a darte cuenta de que en la vida pocas cosas son blancas o negras, que existe una gama de grises muy amplia que muchas veces obviamos (...) Pocas cosas de las que damos por aprendidas son inamovibles, y uno de los valores que más he interiorizado y asumido, y que más procuro poner en práctica en mi vida personal, es la tolerancia.”
“El sexo debe ser, entre otras cosas, un lugar de respeto, pero sobre todo un lugar de tolerancia hacia los deseos propios y ajenos. Un lugar de disfrute y, absolutamente y sin lugar a dudas, un lugar donde podamos fluir sin sentirnos juzgados o juzgadas. El sexo es puro placer carnal del que tendríamos que saber disfrutar sin que al resto del mundo le importe. El sexo es también amor propio y cuidados. ¿En qué momento hemos permitido que algo tan bello pueda ser un espacio de miedos, juicios o culpa? ¡Maldita educación judeocristiana!”
“Cuando se argumenta que el cuerpo no puede ser una herramienta de trabajo y, por tanto, el trabajo sexual jamás será trabajo, se obvia que todos los trabajos son ejercidos con el cuerpo y lo aceptamos y asumimos como normal. Así que está bastante claro que el conflicto no es con el cuerpo, sino con los genitales. En realidad, ni tan siquiera eso. El verdadero problema que plantean es que no se puede trabajar con la sexualidad de las mujeres. Trabajar con nuestros genitales y nuestra sexualidad es lo que incomoda y molesta.”
“Y frente a la moral de algunas, nosotras preferimos defender la ética de todas, la ética sustentada en derechos para todas las mujeres, sea cual sea la forma en la que han elegido vivir sus vidas, luchando siempre contra quienes traten de aprovecharse y lucrarse de las más pobres y empoderando, desestigmatizando y apoyando a las que estén en situaciones más vulnerables o precarias. Porque si hay que abolir el trabajo sexual, entonces hay que abolir todo trabajo asalariado (la mejor opción para mí, y a la vez la más utópica). No se puede empezar por las más precarizadas cuando no existen alternativas reales.”
Pues, es que hay muchísimo más, pero por aquí me quedo. Lo libro es sencillamente extraordinario, exquisito, fabuloso. Un triunfo.
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“Fue clara, no tenía mucho tiempo (si algo tenemos en común las prostitutas es que sabemos bien el valor que tiene nuestro tiempo)”
“Esa frase que se repite constantemente acerca de que los amigos y las parejas van y vienen pero que familia solo hay una es cierta.”
“Todo eso hizo que me diera cuenta de que el trabajo, desde luego, no te dignifica, que no está ahí para hacerte feliz y que te desgasta enormemente.”
“Y nos sentimos egoístas por ser felices haciendo algo que, en teoría, no deberíamos hacer.”
“Todos queremos pensar que somos tolerantes y respetuosos, y que aceptamos en gran medida las decisiones de las personas con las que nos relacionamos, pero la realidad es que no.”
“(...) la moral y los prejuicios pesaron por encima del conocimiento, la empatía y el amor.”
“La relación y el apego que se crea con los clientes es difícil de explicar; no somos amigos, tampoco amantes y mucho menos pareja, pero puede haber cariño, alegría al vernos, intimidad (no solo sexual) y disfrute.”
“El sexo es ocio, diversión, contacto, placer, afecto, cariño y, a veces, amor…”
He tenido el placer de leer Puta y Libre, un libro que, desde la perspectiva de una trabajadora sexual, desmonta mitos y nos acerca al mundo del trabajo sexual con una visión honesta y documentada. Valerie May combina su experiencia personal con estudios de organismos oficiales, lo que le da al texto una base sólida y bien fundamentada. A lo largo del libro, se siente su intención de derribar los estereotipos clásicos asociados al trabajo sexual y abrir un debate informado, algo que considero absolutamente necesario.
Sin embargo, hay dos aspectos que me hubiera gustado que profundizara más. Por un lado, aunque incluye referencias importantes, eché en falta un mayor número de estudios sobre el tema para reforzar su mensaje y ampliar el panorama. Por otro lado, el capítulo dedicado a la legislación es interesante, pero me quedé con ganas de más: un análisis más detallado y extenso habría sido muy enriquecedor.
A pesar de estas pequeñas críticas, considero que es una obra imprescindible para entender mejor un tema tan polémico como necesario. Valerie May nos invita a reflexionar desde el respeto y la evidencia, algo que valoro enormemente.
Le doy 5 estrellas porque cumple su propósito y, además, se nota que está escrito desde el corazón y la razón en igual medida. ¡Altamente recomendable!
Valery May escribe este libro para contar la “otra cara” de la prostitución, en sus propias palabras defiende la postura de que muchas eligen la prostitución como primera opción. Sin dar muchos datos y estadísticas, habla de cómo son casi la gran mayoría de personas que ejercen la prostitución libremente y defiende cómo los clientes son en su mayoría grandes y amables personas que solo necesitan afecto. Su idea es buena, pero ella misma relata que tuvo la oportunidad de educarse, el privilegio de tener donde vivir y no es extranjera, y al generalizar que todas las prostitutas lo son por la misma elección que tuvo ella su discurso es aún más dañino que el estigma, el rechazo y la cacería de brujas que el estado tienen en contra de las trabajadoras sexuales.
Ya había escuchado que, la vida de las prostitutas es un ambiente solitario, de mujeres incomprendidas y solas, que tienen que lidiar con los famosos quitatiempo o con personas con falta de seriedad.
El libro me gustó porque siempre quise saber que hay detrás de la vida de una prostituta, no es que las vea como seres extraterrestres sino que me llamaba bastante la atención saber su manera de pensar, su forma de ver la vida, el leimotiv de dedicarse a la prostitución.
Me identifiqué con el libro porque también soy una persona curiosa al igual que la autora y pienso esto me ha ayudado a tener una mente bastante abierta, en donde he roto varios estigmas y he aprendido a respetar y a no juzgar a las personas por su tono de piel, condición social o preferencias.
El mundo está controlado por los medios de comunicación, por la religión, por las costumbres las cuales aún siguen estigmatizando a las mujeres, a las personas por su condición social, sus preferencias. Vivimos en un mundo con tecnología de punta, pero donde la sociedad aún está relegada a ideas retrógradas generando una escisión en la sociedad lo cual provoca un retroceso como humanidad.
La misma autora reconoce que es imposible desarraigar las costumbres, están seguirán moldeando nuestra sociedad a la eternidad, lo cual considero injusto para las mujeres, ya que las mujeres también merecen igualdad como figuras sociales, cuando esto sea posible las cosas en la sociedad también cambiarán.
El contexto de la lectura nos posiciona en España donde el estigma hacía la mujer podría pensar es mayor, pero a estas alturas podría ser cualquier parte del mundo.
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¡QUÉ LIBRO! Pienso y creo que todos deberíamos de leer este libro. No importa, así sea una vez en la vida. Es narrado por Valérie, una prostituta. ¿Y que mejor manera hay de escribir un libro en el cuál ella es muy experta en este tema? Como sociedad vivimos en un mundo donde muchas veces señalamos a las persona sin ni siquiera saber porqué hacen tal cosa, es una realidad.
Ella cuenta lo que ha vivido a lo largo que ha estado ejerciendo este trabajo, y así mismo ACLARA que no todas las personas que están en este trabajo viven lo mismo que ella.
Léanlo, tal vez vean el mundo de la mejor manera para que no vivan en la ignorancia.
Magnifico libro donde la autora relata desde su conocimiento y perspectiva una biografía muy detallada con datos muy interesantes sobre el trabajo sexual, sobre el estigma y los derechos de las trabajadoras sexuales. Este libro me ha hecho reflexionar muy a fondo mi opinión sobre las prostitución y las putas. Si quieres saber algo más sobre el tema no dudes en hacerte con el libro que ha sido toda una revelación y puede ser la tuya. Después de esto verás las cosas de otra manera.
Un testimonio valiente que nos acerca a todos a una realidad que no conocemos y ayuda a empatizar con un colectivo que, como bien dice la escritora, está estigmatizado por el sistema. Una lectura con la que he aprendido mucho.
Es un ensayo autobiográfico de Valérie May que ofrece una visión íntima y reflexiva sobre la prostitución desde la perspectiva de una trabajadora sexual y activista. Aborda temas como la decisión de ingresar en el trabajo sexual, las relaciones personales, el placer y deseo en este contexto, y las reivindicaciones del colectivo de prostitutas. Además, cuestiona la eficacia de las políticas abolicionistas y aboga por la despenalización y el reconocimiento de los derechos laborales de las trabajadoras sexuales.
Destaca por la claridad y profundidad con la que Valérie May aborda temas complejos, ofreciendo un enfoque enriquecedor y necesario sobre la prostitución. Es una contribución significativa a una visión personal que desafía prejuicios, y promueve una comprensión más profunda de la realidad de las trabajadoras sexuales.