Sor Juana Inés de la Cruz es más que una escritora, es uno de los personajes centrales de la cultura mexicana. ¿No la vemos con frecuencia al abrir la billetera? Cuando ella vivió, faltaban siglos para que se inventaran las fotos, y aun así podríamos etiquetarla si viajáramos al pasado y nos tomáramos una selfi con ella. El Fénix de México, como también le llamaron, ha ganado la batalla contra el deslumbró en su época y lo hace todavía en la actualidad.
Rebelde en el convento pero disciplinada con la pluma, la autora escribió poesía, teatro y prosa. Todos esos géneros se encuentran en estas páginas, gracias a la sensibilidad que sólo otra escritora, Mónica Lavín, podía tener para elegirlos.
Sonetos, villancicos, una comedia de enredos amorosos y hasta su última protesta se incluyen en este breve pero ambicioso compendio que acerca a la Décima Musa a los lectores del siglo XXI.
Lamento mucho que estés muerta Sor Juana, te hubiese encantado Chapell Roan.
Me emocioné muchísimo con cada poema escrito a la virreina María Luisa Manríquez (Lysi), y más aún con el contraste entre esa intención íntima y el poema de cumpleaños dirigido al virrey. Me morí de emoción con el chismecito literario a lo que no se decía tan directamente.
También conectar con parte de su historia en Celebraciones religiosas me permitió ver no solo su cotidianidad, sino sobre la enorme responsabilidad que debía asumir para poder escribir. Esa tensión entre lo que vivía y lo que deseaba decir está claramente defendida en la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, donde queda plasmada su lucha.