Lucila Grossman (Buenos Aires, 1993) ha publicado en Argentina, Chile, México y España. Su obra se define por una contemporaneidad rabiosa y desgarradora, la descripción de la angustia de la mujer y su cuerpo en constante proceso de revisión y análisis, por su apuesta por un nuevo feminismo despojado de lastres, la reflexión acerca de los límites del género y la tecnología, un sentido del humor extremo que no rinde cuentas a nadie y por la radicalidad formal de sus propuestas narrativas fuertemente influenciadas y retroalimentadas por los lenguajes y formatos del mundo online.
Grossman es también fundadora y editora de la revista Fina, centrada en el mundo del arte y la literatura, las nuevas tendencias y la tecnología. Su segunda novela, Acá empieza a deshacerse el cielo (Marciana, 2021), es su obra más reciente.
Me costó entrar al universo Grossman, pero cuando lo logré, me gustó quedarme ahí. Es una novela frenética, escrita en lenguaje coloquial, llena de lunfardo millenial y de texturas de lenguaje pegajosas, viscosas, verdes, oscuras, deformes e inconexas. Lo que me gusta es que en medio del caos cyberpunk que sufre la autora, aparecen igual esas frases que me encantan, que hablan de la condición humana, de lo bello y horroroso que significa conectar con otra persona. "Connection is why we are here" dice una mina de una charla TED y es verdad. Al final todo lo que hacemos es una paráfrasis de nuestra conexión, de su intento, de su éxito y de su fallido. Un verbo es sólo la expresión de un contacto posible. Y la protagonista obviamente está en esa, buscando conectar o no establecer contacto con su guagua monstruo, con otros hombres, con su papá, con sus amigos. Es el frenesí de tocarnos por obligación y ahogarnos cuando esa cercanía se ha perdido. Algunas frases que destaqué:
"El cuerpo es algo muy inútil". "Siempre sueño que vienen a robar y me hago amiga del chorro". "La miseria, tan exagerada, que se vuelve carnavalesca". "El trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo: el agua es turbia al principio, después se clarifica". "Después de tanto tiempo, si una se aleja de la gente es porque quiere hacerlo". "La historia está hecha de una serie de traumas que son, después, superados o actualizados por otros traumas". "No sé dónde está el límite entre sentir amor y fingir amor por la necesidad de ser amado". "La historia sucede toda al mismo tiempo". "El tiempo no pasa para los cuerpos". "Si no me volvió loca es sólo porque hago todo a medias" [ESTA ME ENCANTA]. "Miedo de las cosas que no existen pero pueden existir". "El bien y el mal se desdibujan así: lo que nos gusta nos extasía, lo que no, nos resulta indignante" [LA AMOOOO]. "La amistad es la mejor forma de amor". "La comunicación de lo real está en general destinada al fracaso". "Una ansiedad incontenible, algo parecido al amor". "El cielo muta velozmente como todo lo vivo y yo sigo igual". "Somos adictos a la red que nos conecta con otros". "Siento culpa, no fui suficiente, se aburrió". "Decimos este cuento soy yo y creemos en eso para toda la vida". "En el confuso cuarto oscuro de las cosas que se acaban".
Me gustó, me recordó que una tiene que escribir sus hueás nomás, sin importar lo que piense la mamá, el pololo o el viejo que nos vende los tomates, como decía Fogwill.
La primera vez que oí hablar de la argentina Lucila Grossman fue en un artículo donde hablaban de autoras jóvenes rompedoras (o algo así). Eso sumado a mi gran interés por conocer nuevas voces, hizo que mis ojos hicieran chiribitas.
‘Mapas terminales’ es la segunda novela de Grossman (y la primera que cae en mis manos) y empiezo diciendo lo genial que me pareció. Eso sí, es un texto “muy loco”. Pero no olvidemos cuántas veces se ha tachado de loco a quien era o pensaba diferente, se salía de la norma. Así, esta locura que plantea la autora, en ningún caso me parecido negativa sino más bien, sorprendente, fresca, original.
Creo que ya desde el punto de partida podréis haceros a la idea de lo que hablo. La protagonista se despierta con lo que parece ser una resaca de las duras, no tiene claro lo que ocurrió el día anterior y no puede con la vida. Aún así, ya sabemos que el mundo no se para por nadie y tendrá que levantarse y comenzar su día. En pocas páginas y horas, se encontrará a conocidos, dejará su trabajo, imaginará mundos, visitará a su padre con quien no se habla desde meses y descubrirá que está embarazada y dará a luz. Y esto es solo el inicio.
"Una ansiedad incontenible, algo parecido al amor".
Aunque pueda parecerlo, la vanguardia no se limita a una trama con guiños a la ciencia ficción pero muy asentada en el mundo real, el estilo de la autora es otro punto rompedor. Olvidaros de la RAE, Lucinda hace de la expresión un juego libre y sin reglas pero que tras un shock inicial, solo pude disfrutar. A veces es así, hay que dejarse llevar, abrir los ojos y la mente. Aparte, sumergirme de lleno en las (que para mi han sido nuevas) expresiones y vocabulario argentino, ha sido un plus.
Un universo en forma de libro a veces psicodélico y surrealista, a veces onírico (tirando a pesadilla) y simbólico, muy crítico, muy crudo donde la autora tiene muy claro lo que está haciendo. Es cierto que tantos estímulos a veces me agotaban, como cuando miras una pantalla que brilla mucho y tienes que descansar los ojos (y la mente) antes de seguir, así hubo partes que leí a sorbitos.
Pone el foco en la visión de la juventud, toca temas como la angustia de no saber qué quieres, pero si lo que no quieres, las familias desestructuradas, la adicción, los nuevos miedos y obsesiones, la influencia de internet, los móviles y la tecnología en nuestras vidas, de lo solos que estamos en era las comunicaciones y de cómo cada vez nos es más complicado conectar con quien tenemos cerca.
"Miedo de las cosas que no existen pero pueden existir".
"La historia está hecha de una serie de traumas que son, después, superados o actualizados por otros traumas".
‘Mapas terminales’ es una de esas novelas que juega al desconcierto, perfecta para quien como yo disfrute de salir de la zona de confort, de lo diferente y extraño, de lo divertido. Porque no lo he dicho, pero es un libro muy divertido. Creo que no será del gusto del mundo de todo el mundo, a veces es difícil apreciar lo nuevo, lo contemporáneo porque lo fácil es quedarse en lo de siempre, pero qué feliz me hace ver que no está todo hecho, que siempre hay fórmulas nuevas y autoras valientes que escriben sobre el nuevo mundo en el que ahora vivimos.
"No sé dónde está el límite entre sentir amor y fingir amor por la necesidad de ser amado".
Realmente aprecio el argumento que sostiene esta ficción. Me parece original y bien pensado. Este imaginario medio cyberpunk y medio maníaco-depresivo le sienta bastante bien. Es la primera vez que me topo con una novela de estas características que, encima, tenga los tonos experimentales y fresquitos que Grossman dibujó con sus letras. La mayor parte de mi calificación, sin embargo, se sostiene en el excepcional retrato que la autora construyó de la sociedad contemporánea y sus sujetos millenials. Entre estos puntos, destaco las escenas que involucran el uso de los teléfonos y el delirio que estos provocan en sus usuarios; así como también la lectura sobre los comportamientos socioafectivos e intelectuales de nuestra generación - que es, triste o felizmente, más o menos la misma en todas partes a causa de la híper-conectividad. Tengo que admitir que el estilo narrativo, o los tres estilos en realidad, me parece un tanto agotador. Tiene mucho de ese fluir de la conciencia porteña que nos dejaron como condena gramatical los autores del boom. Además, en forma de capricho personal, me hubiese gustado que la novela se tratase menos de la protagonista y más sobre los eventos que comprenden el nacimiento; en ese sentido, se me desinfló harto. Aunque, imagino, este cambio de foco haría la narración harto menos interesante.
Amb aquest llibre m'ha passat una mica com a la protagonista amb el seu fill: quan el deixava i intentava explicar què havia llegit o imaginar les escenes del llibre, m'era impossible. Per altra banda, tot i tenir un fil difícil de seguir, poc coherent i amb moltes paraules desconegudes per mi, tenia la necessitat de continuar passant pàgines una rere l'altra. És curiós com m'ha arribat a captivar sent que la lectura és densa i amb un toc semipoètic que acostuma a allunyar-me de la història.
Grossman escribe para que nuestros ojos se cansen y atiborren de imágenes superpuestas, a las que difícilmente dejamos de atender. Nos lleva de una historia a otra tan rápidamente como si se tratase de un hipervínculo infinito, o de innumerables nuevas pestañas en modo incógnito de una máquina a punto de estallar.
Esta novela se articula a partir de la incertidumbre ante el cuerpo intervenido. Sin embargo, ni lo humano ni lo tecnológico logran dar una respuesta satisfactoria.
Extraño, en un buen sentido. Vi algunos rasgos de la sci-fi weird de Phillip K. Dick, pero para post adolescentes adictos a mirar el celular a ver si tienen notificaciones de algo, para luego no hablar con nadie, ni en internet, ni afuera.
“Frenamos en una esquina durante un minuto eterno. Más de cien personas en bicicleta cruzan la avenida. Se juntan una vez por mes. Salen a pasear todos en un equipo luminoso. Frenan el tránsito porque son felices. O nadie es feliz. Y esa es una forma de manejar la miseria. Qué grandilocuente todo.”
“Lo patético es inminente, igual que la muerte, siempre.”
La mañana posterior a una fiesta siempre puede ser difícil, el hígado busca líquido en el cerebro, la cabeza se parte en dos y si se combina con la paranoia de un mal viaje, el día no puede empezar peor ¿O sí? Por ejemplo, que en el hospital al que llevan a nuestra protagonista por sus síntomas, le digan que está embarazada. Y ella sabe que él no es un bebé humano, es un engendro que hasta puede ser marciano por sus características… Te aseguro que siempre va a ser peor.
Mapas Terminales es el primer libro de la autora argentina Lucila Grossman (1993-) y se publicó originalmente en el año 2017 por Editorial Marciana y en el año 2018 para Chile a través de Los Libros De La Mujer Rota.
Milenial Cyberpunk. La apatía llevada a su máxima expresión. Estados alterados por sustancias, embotados por alcohol. Nada importa, pero todo genera ansiedad. Pasar de una información a la otra con solo un click de por medio, de golpe, sin asimilar. Y la maternidad, el gran monstruo de la responsabilidad, un monstruo que da miedo en serio.
Lucila Grossman nos trae una historia vertiginosa, llena de referencias lingüísticas al nuevo siglo, pero con acento argentino. Un libro inmediato, que logra desorientarnos por momentos al no poder afirmar 100% si lo que está pasando es real, una pesadilla modelo siglo XXI o un trip malo y bajón. Sin dudas un libro que no se parece mucho a otros, al que hay que transitar con la mente abierta y dejarse llevar. Aunque esto último aplica para casi todo, incluso el vivir.
Me ha gustado mucho porque aparte de estar escrito fenomenal y de contar con algunas frases que me han dejado con el corazoncito tierno, es una historia que le podría haber creado yo a un OC de alguno de mis videojuegos de ciencia ficción y una ida de olla bastante fuerte.
Tengo el recuerdo de haber leído hace unos años una reseña de este libro y la sensación de que tenía que leerlo/me podía gustar. El fin de semana lo encontré en la Feria del Libro de Paraná y lo compré. La autora estaba en el stand, así que me lo llevé firmado. Algo que me interesó es el uso de un dispositivo tecnológico pero no al modo de la ciencia ficción (que intenta explicar cómo funciona) sino al modo de la literatura fantástica (que lo da por hecho). En el caso de una aplicación en el celular que permite a la protagonista estar en contacto casi telepático con su hijo/alien/baba transparente que gestó en pocos días. Observé la misma operación en un novela más reciente, El niño dengue. En ese caso, el dispositivo es una consola de video juegos de prestaciones limitadas, pero que en la realidad virtual de su interior uno puede acceder a una consola superior. Otro elemento interesante es la escritura cortada y alineada al margen derecho. Nunca lo había visto y provoca un efecto de cambio de dimensión que combina bien con lo que se cuenta en esas porciones de texto. Por último, un subrayado que muestra hasta qué punto está roto el personaje principal: "No se dónde está el límite entre sentir amor y fingir amor por necesidad de ser amado".
Creo que es muy original, y no podría compararlo con nada de lo que he leído antes. Creo que Lucila tiene una gran habilidad con la ficción y que posiblemente llegue a ser una de las grandes autoras latinas de este genero, subraye muchas de sus frases.Lo único que a veces perdí el hilo, pero aún así increíble.
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Este libro es una gran representación de la sensación de ir colocado. Ya sea por alcohol o cualquier sustancia. Una historia lineal desdibujada, como si nada más hacer el trazo pasasesa mano e hiciese manchurrones. Exprime las imágenes, sonidos y pensamientos de la protagonista y los vomita magistralmente. A pesar de la complejidad de este tipo de narración, la autora es una maestra y te guía en este serpenteante y turbulento viaje. Una lectura postmoderna imprescindible.
Es un libro extraño, extremadamente acelerado y con una historia que cuesta agarrar a ratos. Sigue siendo interesante, pero a veces el exceso de recursos literarios sobre una trama que no se desarrolla del todo hacen que uno se pierda.
Es verdad que esta novela es sui generis. La empecé a leer una noche del viernes después de haber tomado un poco y me pareció explosiva, urgente y estilística. Yo no sé si la autora sacó la novela con la velocidad con que se lee, pero eso está buenísimo. Las escenas pasan de una cosa a la otra con reflexiones muy cortas, a veces simbólicas, otras más teóricas.
La trama de la novela es: una chica se entera de que está embarazada, le sacan al hijo (de quien no se sabe si es un alien, un virus cibernético o un delirio psicotrópico de la protagonista), se comunica con él vía celular con una app, se junta con amigos, va a una fiesta electrónica, internan a la abuela, viaja a Córdoba.
Todo el elemento cyberpunk y alienígena de la trama no tiene un gran desarrollo. Lo que más me gustó es de qué manera, esa contaminación, ese contagio que haría un Muk (el pokémon) hace mella en la narración. Todo "lo real" está contaminado de lo "ficcional/paranoico/alienígena" y viceversa.
En el libro anoté: "Narración frenética / Delirio metafórico"
Después hay 2 registros: uno narrativo y uno poético (cuando habla con su hijo). Aunque el estilo de ambos me pareció que era muy parecido. Lo que sí hay es una combinación genial de un estilo poético / simbólico / delirrante con otro bien coloquial.
Es verdad que al final decís: "¿Y qué onda con todo esto que levantaste?". Pero es más el camino que la llegada, o algo así. ¿No?
Y una cosa más: "El almuerzo desnudo". Me costaba pensarle el linaje. Va más por ahí que por la ciencia ficción.
Mapas terminales de Lucila Grossman es una novela cortita que involucra varios niveles de lectura entramados por un alto grado de psicodelia (o sustancia, como le gusta decir a la narradora). Tiene un gran comienzo y una escritura fuera de lo común que deja entrever algo hermoso pero sin embargo se pierde en el propio artificio. La trama pasa, en el sentido de ir hacia un lado, pero se empantana en la propia escritura, como una arena movediza de palabras y pensamientos que absorbe y entorpece la historia. Sí, hay droga, sí, hay cosas cibernéticas pero ¿y?. Hay cosas que me gustaron muchísimo como la construcción neurótica y nihilista de la narradora, las hibridaciones poéticas con el mundo digital, los inserts de imágenes que remiten a la IA de Google y las flasheadas imparables pero completamente lúcidas. Tal vez en esta primera lectura esté perdiéndome de cosas, tal vez en una relectura encuentre muchas más. Por ahora está bien.
Compré este libro por lo anunciado en contratapa, una virgen del s.XXI queda embarazada y proceda a una criatura salida de una historia lovecraftiana contemporánea. Pero podría haber sido un parto relativamente natural y la historia hubiera sido la misma, ya que este hecho es más contexto que sustancia o trama, sirve para darle a la protagonista (que sufre de la angustia y el nihilismo del mundo actual) algo, la única cosa por la que vale la pena preocuparse. Entonces, explicación del elemento sci-fi plasmado notoriamente en la contratapa, no hay mucho.
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Fuá. El argumento es una excusa maravillosa para el mundo de imagenes psicodelicas que crea la autora. No hay un destino claro, solo tienes que dejar que Lucila te coja de la mano y te lleve donde le da la gana. Respira crudeza y cotidianidad, un pesimismo generacional donde cada personaje hace lo que puede con lo que cree que es la vida. Una lectura sorprendente y muy chula.
Lo encontré en mi librería favorita en la sección de Ciencia Ficción...no es lo que me esperaba, pero se salva. Es un soplo de aire fresco. Original. El ritmo vertiginoso de la lectura, cosa que se agradece después de La Montaña Mágica, impide pararte a pensar en la profundidad de la obra. A ratos siento que la intención de la autora era parodiar el como es navegar en la red y estar conectada al móvil. Hay muchas ideas que merecen la pena como el que en una era de comunicación y redes sociales irónicamente nos cuesta más conectar con los demás, pero al rato te bombardea con más frases como si fueran anuncios pop up, que no te permiten ver más allá. Anuncios pop up, que tienes que cerrar a cada rato. Notificaciones. Correo spam... Parece escrito sobre la marcha como cuando entras en wikipedia a leer un artículo y un artículo te lleva al otro y al otro y al final terminas leyendo sobre la economía de Lesotho en el siglo XX. Tiene ese toque de realismo mágico de la literatura hispanoamericana que me engancha tanto. Quizás si lo leo con más detenimiento le podré sacar mucho jugo.
La única palabra por la que puedo definir a este libro es raro. Pero me ha entusiasmado. Es un libro en el que lo frenético se traduce en frases cortas, acción, reflexión, acción, más acción, otra reflexión y todo eso junto en cinco líneas. Pero es maravilloso. He tenido momentos en los que me ha costado seguirlo, saber si está pasando algo, que realmente siempre está pasando, pero que detrás de esa sucesión de cosas se pierde, pero está, pero ya no. Aunque claro, al igual que el embarazo de la protagonista en el libro trascurre en un día, aquí todo es rápido, acelerado, se condensa y expande al mismo tiempo. Una pasada de libro.
La prosa es genial, al igual que los recursos para crear ese caos y confusión que es esta historia. Pesadilla urbana, malviaje, realidad alterna: todas son válidas. Dicho esto, me pareció que lo que sería la trama principal se queda a medio camino y me hubiese gustado que se explorara más ese costado, porque era interesante. Quedan muchos cabos sin atar (que no es necesariamente malo) que a esta novela sí le hace falta.
Pero en general es divertida, es fresca, es "falopa". Me hizo acordar un poco a Yo era una chica moderna de César Aira.
"Seguimos creyendo que lo que escribimos y lo que nos pasa es importante solo porque lo escribimos o nos pasa a nosotros Tengo la sensación de que esto solo puede empeorar."
Un absoluto mal viaje. Una mezcla de actualidad, de desconexión con la realidad, de apatía hacia todo. Una evasión de la mas real de las realidades mezclada con tintes cyberpunks. Una nueva inmaculada concepción rodeada de redes sociales, drogas, individualidad y actualidad.
Qué tendrán estas cosas raras que me divierten tanto. Imágenes buenísimas, una lógica a la que hay que entregarse. Me remitió bastante a las novelas de Roque Larraquy, pero también se desvió a una psicodelia y cadena-de-desvíos muy Dick, como comentaban por ahí.
Una novela atrapante hasta al final con un espectacular lenguaje cybermilenian y tintes de ciencia ficción mezclados con la mediocridad de la juventud actual! Impresionante y super recomendable!
Muy bueno, muy fresco, muy del día a día mezclado con un poco de ciencia ficción bien hardcore que rompe la rutina sin desencajar con el tono en ningún momento.