La fin de la République est, du point de vue des sources romaines, un long siècle marqué par les guerres civiles : Sylla contre Marius, César contre Pompée, Octavien contre Antoine. Des guerres qui n’auraient été que des règlements de comptes entre factions romaines, interrompues par des campagnes contre des barbares ou des rebelles. En réalité, la situation militaire se révèle bien plus complexe. De l’Espagne à la Mésopotamie, la perspective est mondiale. Car face à cette expansion, Berbères, Hispaniques, Gaulois, Grecs, Thraces et Arméniens sont plus que des pions sur le plateau de l’imperium Romanum. À côté d’Octavien ou d’Antoine, des étrangers – certes moins connus que Cléopâtre – prennent part au Grand Jeu entre Rome, les Parthes et les peuples voisins. Le Maure Bogud, le Cilicien Tarcondimotus ou encore l’Arménien Artawazd influencent ainsi la politique intérieure républicaine. Dépassant le cadre réducteur de l’Italie, Giusto Traina retrace les dernières années d’une République romaine qui se projette par-delà ses frontières. Par ce récit renouvelé, il sort les acteurs étrangers de leur rôle de seconds couteaux.
Professeur d’histoire romaine à Sorbonne Université, Giusto Traina est spécialiste d’histoire militaire et de géopolitique du monde ancien. Parmi ses publications les plus récentes : 428, une année ordinaire à la fin de l’Empire romain (nouvelle édition revue et corrigée, Pluriel, 2020), et Histoire incorrecte de Rome (Les Belles Lettres, 2021).
Giusto Traina is a prominent Italian ancient historian and Byzantinist. Since 2011 he has been professor of Roman history at Sorbonne Université, and a former senior member of the Institut Universitaire de France. He is the author of numerous books and articles.
Un buon libro su avvenimenti fin troppo noti, ma inquadrati in un contesto più ampio che, finora, era stato trascurato, almeno nelle opere divulgative. Restituisce anche la verità su Antonio e Cleopatra.
A ver por dónde empezamos. Este es un libro que si le quitamos el índice, notas y bibliografía tiene menos de 200 páginas escritas, pero es que, si descontamos también los mapas, que poco o nada aportan, las láminas y las páginas de separación me da que no llega ni a 170 páginas. Resultado, un libro al que, en el mejor de los casos, le faltarían 200 o 300 páginas para poder desarrollar las ideas que expone con algo de rigurosidad.
Y es que, para colmo, hay momentos en que el autor muestra unos conocimientos enciclopédicos detallando genealogías que no vienen a cuento y que a mi me han recordado momentos del tipo:
Paca, te acuerdas de la Puri, la que se caso con el José que era el hermano del cura, el Ernesto, que iba para médico, pero se juntó con la Isabela que le dejó y se fue con Manuel, el hijo del Jacinto, un chulo que luego la dejó por la María que venía resabiada de su relación con el José, pero el José del Antonio no del Ernesto, que ese estaba con la hija del Federico que era muy feo, pero tenía tierras…
Si, me acuerdo, ¿y?
Que la vi en la frutería.
Pues lo cambiáis por Lucio, Fulvia y César y tenéis unos magníficos párrafos que tras leerlos decís, pa que cojo… me cuentan esto. Y se han ido otras 20 o 30 páginas.
Al final mi sensación sobre este libro es que el autor se dijo: voy a contar (y trabajar) lo mínimo posible, eso sí, dejando bien claro que sé de lo que hablo, pero nada de hacer un libro decente que total me pagan lo mismo.
Y es una pena, porque alguno de los puntos que plantea, con los que se puede estar o no estar de acuerdo, bien desarrollados hubieran sido interesantes.
En definitiva, hay libros sobre el tema más interesantes (y largos) ahí afuera. Un volumen perfectamente prescindible.
Libro denso en cuanto a contenido, especialmente enfocado en el aspecto internacional de las últimas guerras civiles entre romanos y bastante detallado. Se nota que el autor conoce en profundidad el periodo, pero esto se traduce en que da por sabidos varios episodios del conflicto no muy conocidos, por los que pasa de puntillas. Con todo, muy buen libro
Pocos periodos han resultado tan cruciales en la historia como los compases finales de la república romana. Esos casi quince años entre el asesinato de Julio César (44 a.C) y la muerte de Marco Antonio y Cleopatra (30 a.C.) tras la derrota sufrida en la batalla de Accio frente a los ejércitos de Octaviano, quien se alzaría poco después como primer emperador de Roma con el título de Augusto. Y, sin embargo, la visión tradicional del periodo, una larga guerra civil interna que decidió el destino de Roma, no basta. Es lo que defiende Giusto Traina en 'La guerra mundial de los romanos', una síntesis tan apasionante como esclarecedora que persigue la ampliación del foco con el que habitualmente nos enfrentamos a aquellos hechos, condicionados por la abrumadora disponibilidad de fuentes romanas.
Sobre el final de la República romana y la siguiente guerra civil protagonizada, entre otros, por Octaviano y Antonio, se ha escrito mucho. Habrá quien incluso afirme que demasiado. Las fuentes literarias y arqueológicas son las que son, y resulta cada vez más difícil encontrar una obra que aporte algo nuevo, y sobre todo mejor, a lo ya publicado. Pero las editoriales se empeñan en ello, dado que este periodo parece garantizarles que un buen puñado de incautos acabaremos adquiriendo cada nueva propuesta que nos presenten. Más aún si vienen con el marchamo de editoriales supuestamente confiables como Crítica. Craso error.
Quien adquiera este libro, convenientemente presentado con una preciosa cubierta, se encontrará con una obra tan prescindible como densa y aburrida, en donde a los largo de sus casi trescientas páginas no encontrará más que una sucesión abrumadora de datos, que en modo alguno le ayudarán a comprender lo que el autor quizás quiso decirle. Esto no es divulgación (alta o baja), esto es TEDIO.
Es cierto que no todos los capítulos son tan soporíferos. Pero si el lector de esta reseña alguna vez tiene en sus manos este libro, le invito a que haga una sencilla prueba: ábralo por cualquier página al azar de los capítulos 3 o 9. La que sea. Elija cualquier párrafo y cuente cuantos nombre propios aparecen en cada línea, en cada renglón. En el mejor de los casos verá sólo uno. En otras ocasiones verá hasta tres. ¿Qué pretende el autor con ello? Desde luego no acercar al lector a los hechos narrados. Más bien parece querer demostrar, en cada línea, lo bien documentado que ésta, y lo mucho que conoce las fuentes. La lectura del libro muy pronto se convierte en un suplicio que no hay más remedio que abandonar. Me arrepiento de no haberlo hecho.
Ernest Hemingway ya advertían de que una narración mínimamente fluida requiere economizar los sustantivos y los nombres propios. Este libro parece regodearse en lo contrario. Que se trate de un ensayo y no de una novela no parece que sirva de excusa para castigar de esta forma al lector.
No sé muy bien cómo es posible que la misma editorial que este mismo año ha publicado la brillante obra de Osgood sobre César y Catón, traiga al mercado español semejante libro. He leído en otras webs buenas críticas a la obra, quizás responda a que el autor de la reseña ha trabajado para el editorial... O a lo mejor sí que es sincero.