Se dice que Jesús tuvo una seguidora que lo amó tanto como para tener el valor de asistir a su crucifixión, una seguidora a la que él amó tanto que la eligió para ser la primera en saber de su resurrección. Este personaje ha llegado hasta nosotros con una profesión y un nombre polémicos: María Magdalena, la prostituta. Sin embargo, la Iglesia Católica no duda en denominarla “Apóstola de Apóstoles”, aunque no reconoce como canónico el Evangelio de María Magdalena, un bellísimo texto gnóstico que nos propone un cristianismo como vía de conocimiento, un camino de regreso a nuestros verdaderos orígenes.
Simple y perfecto. Palabras de la Apostola Apostolarum, como la reconoce la Iglesia Católica… pero que muy pocos leemos. Sabia, mujer… hablando de la naturaleza, los ciclos, el alma, la inclusión. Palabras bellas para la época de transición que vivimos. Un must para todo católico y una buena lectura para derivar estereotipos.
Cualquier imposición es algo exterior, violento, capaz de estropearlo todo. Las mejores ideas, los comportamientos más buenos, si son impuestos pierden su valor. Normalmente quien intenta imponer algo a los demás es porque no cree suficientemente en ello o porque no lo ha realizado. Aquel que conoce por experiencia o porque antes lo ha realizado, no tiene necesidad de imponer; le basta con contagiar, con sugerir, con enseñar a aquel que tenga oídos para oír.