“Ese es el nivel. Profesores americanos, belgas, ingleses..., los colgados de medio mundo, los saldos de las universidades de todo el planeta vienen a Barcelona porque aquí hace buen tiempo y la gente es abierta y es friendly, es el Mediterráneo pero no acaba de ser África. ¿Y qué quieres que cuenten en sus países para justificar dónde han acabado? No es África, pero es España. El país de los monopolios, del AVE y de los aeropuertos sin aviones, las autopistas sin coches, los bancos privados pagados con dinero público, la amnistía fiscal, la mafia sistemática, el rey corrupto, la manzana podrida de Europa. ¿Qué voy a decirte yo a ti? En mi casa venden cemento y tú dices que llevas una inmobiliaria”.
Por lo general suelo acompañarme de un pequeño cuaderno de notas en el que voy apuntando mis impresiones de las lecturas que realizo. En ella suelo apuntar el nombre de los personajes, cuestiones referentes al estilo y todo aquello que considero de interés. Básicamente luego lo leo y escribo a partir de ahí mis reseñas. Lo menciono porque al disponerme a realizar esta en concreto, la de “Persecución”, de Toni Sala, me he quedado un poco ojiplático al ver la de veces que he apuntado, junto al nombre de los cuatro protagonistas-narradores, la palabra “intensidad”. Y creo que no iba muy mal encaminado al escribirla y ahora citarla, porque si hay un estilo al que se pueda adscribir esta obra, mucho más acusado que en “Los chicos”, es el de la intensidad. No el realismo, pues yo creo que la naturaleza de este escritor catalán escapa a esa clasificación sobrepasándola. La intensidad es el estilo de Toni Sala. La intensidad y la exploración de la negrura del corazón humano.
La obra se inicia de una manera contundente: Albert Jordi, la pareja de Élia, le confiesa a esta tras un año de relación que mató a su mujer, y que ya pagó por ello al pasar años en la cárcel. La reacción de Élia es contundente: echa de casa a Albert Jordi; seguidamente quita las sábanas y se pasa un par de días durmiendo e intentando digerir lo que le acaban de confesar. ¿Por qué se lo ha confesado? ¿Por qué alguien con un trabajo aparentemente normal, jefe de ventas en una librería, es capaz de cometer semejante atrocidad? ¿Cómo es que ella no ha sospechado nada en un año de relación? ¿Quién es en verdad ese tal Albert Jordi con el que ha compartido un año de su vida? ¿Es acaso el atento amante con el que ella creía haber asentado su vida o un vil y despiadado asesino? ¿Fue el asesinato de esa mujer “un pronto”, “un accidente”, o, por el contrario, algo planificado y cruel?
Este tipo de preguntas y otras muchas se hace Élia. Pero en lo que considero un gran logro del libro tanto el asesino Albert Jordi, como Élia, como todos los personajes que van apareciendo, marginales o no, capítulo a capítulo, están igual de desesperados. Como bien se dice en una frase: “El mundo está lleno de infelices con delirios faraónicos”.
Aquí no se salva nadie. Cada cual a su estilo y espoleado por sus carencias afectivas todos los personajes viven acuciados por sus fantasmas interiores. Lo que hace Toni Sala es ir sacando todos esos fantasmas y hacerlos bailar sobre el texto.
Novela políticamente incorrecta y valiente en su concepción y en su estructura. Otros escritores se hubiesen quedado en un solo monólogo, el de Élia, y hubiesen asistido a mucha distancia prudencial al de Mercury y la de Teresa, dos personajes tremendos, y mucho menos la inclusión del pájaro Marc y a la exploración del terrible y enigmático personaje principal, Albert Jordi, pues lo curioso es que tras esos primeros días de shock emocional Élia inicia una búsqueda desesperada de Albert Jordi, pero este, que a su vez tiene sus propios fantasmas, huye de ella y de todos como una especie de Wakefield, el famoso personaje de Nathaniel Hawthorne, refugiándose en las inmediaciones del aeropuerto, pero sin viajar hacia Cracovia como fue su primera intención.
Dividida en tres partes cada una de las mismas podría definirse como una especie de díptico, en la que cuatro personajes-narradores, dos en cada parte, van adentrándonos y sumergiéndonos en esta exploración del mal. A partir de la segunda, en la que aparecen Mercury y Teresa, el libro ya no se puede soltar de las manos.
Y hasta ahí puedo escribir puesto que la sucesión de acontecimientos es tan escabrosa y angustiosa, y va tan in crescendo, que es mejor que los interesados en este libro puedan descubrirlas por ellos mismos sin que yo les adelante y fastidie nada. Creo que sobre la trama ya he aportado todo lo esencial.
Eso sí, me gustaría citar que el marco geográfico y emocional en el que se aposenta esta obra es perfectamente reconocible: la Cataluña de 2017, inmersa en la efervescencia independentista y en los atentados yihadistas de finales de agosto en Las Ramblas y Cambrils. Eso es otro acto de valentía literaria: meter a unos personajes tan extremos como los de Persecución en un contexto geográfico e histórico del que todos, en mayor o menor medida, conocemos.
La edición de Trotalibros (como ya nos viene acostumbrado desde que comenzó su andadura) es exquisita. De esas que merece la pena reseñar y agradecer todas las veces que haga falta puesto que desvela, en su sentido más profundo, un gran cariño hacia el acto de editar libros.
Galopen hacia la oscuridad del ser humano. Toni Sala, cual un experimentado técnico de iluminación les sobrecogerá con su espectáculo de sombras.
Hasta otra.