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Sing Sing Nights

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Three men in Sing Sing--all writers--awaiting execution for the same crime. The body of the victim held only two bullets--one of the men is innocent. How can they find out before morning which one of them is to sign the pardon blank? Sing Sing Nights is a startling example of Mr. Keeler's uncanny power to unravel the most involved plots and during the unraveling deepen the mystery until the very end of the story.

Hardcover

First published January 1, 1927

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About the author

Harry Stephen Keeler

168 books55 followers
Born in Chicago in 1890, Keeler spent his childhood exclusively in this city, which was so beloved by the author that a large number of his works took place in and around it. In many of his novels, Keeler refers to Chicago as "the London of the west." The expression is explained in the opening of Thieves' Nights (1929):

"Here ... were seemingly the same hawkers ... selling the same goods ... here too was the confusion, the babble of tongues of many lands, the restless, shoving throng containing faces and features of a thousand racial castes, and last but not least, here on Halsted and Maxwell streets, Chicago, were the same dirt, flying bits of torn paper, and confusion that graced the junction of Middlesex and Whitechapel High streets far across the globe."

Other locales for Keeler novels include New Orleans and New York. In his later works, Keeler's settings are often more generic settings such as Big River, or a city in which all buildings and streets are either nameless or fictional. Keeler is known to have visited London at least once, but his occasional depictions of British characters are consistently implausible.

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Displaying 1 - 13 of 13 reviews
Profile Image for Oscar.
2,240 reviews581 followers
July 10, 2020
Cuando hablamos de Harry Stephen Keeler (1890-1967), estamos hablando del escritor más extraño del mundo, calificado por muchos como el Ed Wood de la literatura de misterio (una exageración, ya que Ed Wood, si bien no era un gran director, tampoco creo que fuese el peor director de la historia del cine; los hay peores, os lo aseguro). Mientras se leen sus historias, uno tiene claras sus deficiencias, algunas hijas de su tiempo, pero son más la virtudes, porque cuando uno está leyendo un Keeler, busca entretenimiento e imaginación.

La obra de Keeler puede encuadrarse dentro del género de misterio o policíaco, utilizando para ello un método creado por él mismo, Webwork Plot o tela de araña, en el que las tramas se van mezclando sin pausa. Mientras uno lee una historia de Keeler, le da la impresión de que todo está improvisado, de que en cualquier momento se va a producir un giro en el argumento. Pero nada más lejos de la realidad, ya que Keeler lo tiene todo pensado y estructurado desde el principio. Aun así, la sensación de imprevisibilidad permanece en la mente del lector, lo que le lleva a seguir y seguir leyendo movido por la fascinación y la sorpresa.

¿Pero, cuál es el método de Keeler? Mejor que lo explique él mismo por boca de uno de los personajes de ‘Noches de Sing-Sing’:

El arte de crear la trama de una novela consiste en la manipulación psicológica de unas cuantas ideas iniciales. […]

Hoy en día, cientos de escritores profesionales y miles de aficionados de todos los países tratan en vano de crear una trama para sus novelas, y se ven obligados a abandonar este sistema tan satisfactorio de construir una historia o una comedia bien redondeada y rematada, porque ignoran el principio básico, que no se ha establecido nunca matemáticamente. […]

El autor debe tener presente en la memoria con toda claridad, cuando prepara ese tejido o trama de una historia, cualquier carácter u objeto vital inanimado, como la novela, por medio del cual se ha de ver de mayor relieve; por ejemplo una carta, un arma, una fotografía, que puedan constituir un hilo para la novela. Por tanto, hay que concebir ante todo un hilo, que podríamos llamar el hilo esencial, representante del carácter de parte de ella; le llamaremos el hilo “A”. Este hilo “A” tiene que figurar en un incidente de entrada con otro hilo “B”, y a este incidente llamaremos incidente “n”, puesto que su orden cronológico relativo al primero de todos los incidentes, de toda la estructura de la trama, depende únicamente de las revelaciones que se vayan haciendo sobre sucesos vitales que ocurrieron antes del momento en que dé principio la novela. Bien. Después de inventar el incidente “n” entre el hilo “A” y el hilo “B”, tiene que inventarse inmediatamente un incidente de orden numérico, “n + 1”, que entreteja el hilo “A” con otro hilo “C”; después, un hilo, “n + 2”, que enlace el mismo hilo “A” con el hilo “D”; después, un incidente, “n + 3”, que comprende un incidente entre el hilo “A” y un nuevo hilo, “E”; y esto, para evitar quedarse atascado, debe continuarse como regla, por lo menos, con incidentes de orden de “n + 4” y “n + 5”; y ahora fíjense bien en esta regla esencial, después de esta invención preliminar: el incidente “n” tiene que producir el incidente “n + 1”; el “n + 2” tiene que resultar del incidente “n + 1”; el “n + 3” tiene que resultar del “n + 2”, y así, haciendo esto correctamente, cualquier escritor tendrá en su mano una colección de hilos con los que urdir novelas, así como también el núcleo, si me permiten usar semejante término, del propio tejido.


Con este método un tanto confuso, sus tramas pueden parecer un verdadero caos, pero al final de la historia todo queda explicado.

‘Noches de Sing-Sing’, su novela más famosa y una de las más asequibles, se compone de tres relatos que tres condenados a muerte deben contar en una noche (y esta es otra de sus virtudes, el introducir historias dentro de historias). Por diversos motivos, se sabe que uno de ellos es inocente, pero ninguno lo admite. Así que el gobernador concederá un indulto a la mejor historia, que será elegida por el carcelero. Esto es así y punto; en el mundo de Keeler todo vale. Los tres relatos son fascinantes, pero me niego a contar nada sobre ellos.

En cuanto a las ediciones en castellano, recientemente se han reeditado tres novelas de Keeler, que no recomiendo en absoluto. El resto se han de buscar en librerías de viejo y en el mercado de segunda mano.

Sus tramas son delirantes en algunos momentos, con casualidades imposibles, pero te lo pasas muy bien leyéndolas. Si pruebas un Keeler y te gusta, quedas enganchado para siempre. Eso sí, has de entrar en su juego.
Profile Image for Julio Bernad.
494 reviews200 followers
August 25, 2024
Era un día cualquiera del muy lejano 2011. Servidor era un jovencito imberbe y confuso que acababa de descubrir la editorial Valdemar y estaba iniciándose en sus blasfemos misterios. En su diario y prolongado vagabundeo por el ciberespacio, admirando portadas de libros cuyo inexistente capital le impedía comprar y buscando nuevas lecturas afines a sus gustos recién adquiridos fue a parar al blog La décima víctima, mítica entrada al submundo de la literatura raruna y el cine mudo escrito por José Luis Forte, ahora codirector del podcast Todo tranquilo en Dunwich junto a Erica Couto. En una de las muchas entradas que visitó aquel día una llamó su poderosamente atención. Era un segmento del programa de radio Los dos de la tarde, de radio Extremadura, dedicado a William Hope Hodgson, autor acababa de conocer por su cazador de fantasmas Carnacki. Me lo empapé, obviamente, pero no me sació. Por suerte, este atípico segmento cultural formaba parte de una serie mucho más larga. Así, gracias a estas píldoras radiofónicas de poco más de un veinte minutos descubrí al Doctor Who, a Algernon Blackwood, a Gene Wolfe, a Eugene Fromentin, a Leo Perutz y a Alexander Lernet-Holenia. Y por supuesto, a este autor que nos ocupa, el inclasificable y enajenado Harry Stephen Keeler, que leo por primera vez después de 13 años.

Siento que esta introducción se haya alargado excesivamente, pero al Cesar lo que es del Cesar. Si ahora soy este lector es en parte gracias a la tutela inconsciente de José Luis Forte y su blog. Así que: ¡muchas gracias, José Luis! ¡Y sacad más Dunwinch y Barullo!

Ahora sí, ¿Quién es Harry Stephen Keeler, cómo definirlo? En pocas palabras, un escritor de novelas policiacas o de misterio. Pero estas palabras no le hacen justicia; necesitamos muchas más palabras. Primero, contexto. En una época en que la Ley Seca y el Crack del 29 había acabado con el poco idealismo que le quedaba a la sociedad americana y Hollywood familiarizaba al público, en vivísimo blanco y negro, con las criminales maneras del lumpen y del nuevo gánster de gabardina y metralleta Thompson, las historias de detectives inglesas, tan frías y cerebrales habían quedado repentinamente anticuadas y, lo que es peor, aburridas. El lector de a pie no quería al detective excéntrico con grandes dotes de observación que resuelve el caso con un espectacular despliegue deductivo final, sino un investigador de campo, curtido por la calle y que no dude en desenfundar si la cosa se complica al final, sí, pero del primer acto. Así es como nace el género negro clásico, en el que resolver el misterio importa siempre y cuando haya tiroteos, frenéticas persecuciones, puñetazos y mesas rotas bajo el peso de un maleante vapuleado.

Este cambio de paradigma no satisfizo al jovencito Keeler, que tenía una visión mucho más personal del género. Y es que, para Keeler, las historias de misterio tenían que tener, precisamente, un misterio atractivo y divertido. Al igual que sus contemporáneos, Keeler rehuía los desarrollos morosos y los clímax finales; estaba a favor del hombre de acción, el agente activo que encuentra pistas corriendo de un lado a otro y molestando a propios y extraños en sus pesquisas. Pero sobre todo, y aquí reside la genialidad de la narrativa de Keeler, el misterio, para no dejar nunca de serlo, debía presentarse como un suceso inicial sorprendente que se desvanecía tras una urdimbre inextricable de tramas rocambolescas y elementos extravagantes que pusieran a prueba la atención y memoria del lector. A Keeler no le interesa la verosimilitud, para él es aburrida, tampoco la causalidad ortodoxa, tan predecible. Las historias de Keeler dan la sensación de haber sido improvisadas en una desaforada huida hacia delante: repletas de casualidades imposibles, encuentros y equívocos, identidades secretas y suplantaciones, nada de lo que ocurre parece estar aparentemente relacionado ni llegar a ninguna parte. Pero, de pronto, las tramas empiezan a encajar, el misterio se va esclareciendo y lo que al principio parecía un sinsentido estaba, en realidad, matemáticamente diseñado. Y es que Keeler tenía el cerebro de un inglés y las tripas de un yanqui.

Para pergeñar sus historias, Harry Stephen Keeler utilizaba el método de la tela de araña. Inventado por el mismo, éste consiste en ir creando hilos dramáticos. Dichos hilos pueden ser personajes o objetos importantes para la trama, y pueden aparecer tantos como el autor considere. Una vez se tienen todos los hilos deben ir conectándose unos con otros, de modo que cada conexión entre hilos se traduzca en un incidente dentro de la trama que la mantenga a esta siempre en movimiento. Suena confuso, pero sobre el papel es más fácil de entender. Si os interesa, en la red podéis encontrar varias de estas telas de araña dramática que utilizaba Keeler para urdir sus novelas. Por tanto, Keeler ni era un escritor brújula ni mapa, Keeler era un matemático que lograba convertir su fantástica y delirante inventiva en un edificio sólido e inexpugnable; aunque el edificio que presentaba tenía pinta de manicomio.

Pero, y de qué va Noches de Sing Sing. Pues bien. La novela comienza con tres personajes cautivos en la californiana prisión de Sing Sing, condenados por asesinato. Esta es la última noche de estos personajes, a la sazón escritores y dramaturgos de éxito, pues al alba serán ajusticiados en la silla eléctrica. Sin embargo, el gobernador se presenta con un indulto para uno de los tres reos, pues al parecer en el finado solo se encontraron dos balas, por lo que uno de los tiradores tuvo que fallar. Dado que fue imposible determinar cual de los tres erró el tiro en la refriega, los escritores idean una forma de decidir como salir de este brete de manera justa y caballerosa: los tres aprovecharan sus últimas horas para concebir una última historia, y será su celador, un hombre poco instruido, quien oficie de juez y elija cuál de las tres historias es la mejor. El fallo decidirá cual de los tres escritores será indultado.

La novela es, por tanto, tres cuentos independientes de distintos géneros. El primero, una historia criminal sobre el robo del collar de la joven heredera de un magnate; la segunda, mezcla de intriga periodística e historia de amor; y la última, una fantasía pulp con intercambios de cerebro. Las historias van de más a menos, por desgracia, pero en todas está impreso el indeleble y inconfundible estilo de Keeler: son frenéticas, avasalladoras en ocasiones, no dan un respiro pero nunca, jamás, aburren. Son historias que están siempre arriban, siempre van con la sexta marcha puesta y el único freno que conocen es el de seguridad.

No quiero ni puedo contaros más, a Keeler hay que descubrirlo, no describirlo. Obviamente hay que decir que no todo el mundo va a entrar en su juego, pues sus historias caminan sobre la fina línea que separa la chorrada de la genialidad. Pero si entráis, y si os gustan las historias pulp de misterio y detectives estoy seguro de que vais a entrar, saldréis convertidos en otro lector. Porque leer a Keeler tiene algo de rito iniciático: uno se siente menos inocente sabiendo que había gente así de enloquecida haciendo literatura.
Profile Image for Trotalomas.
147 reviews3 followers
July 2, 2015
Muy, muy buen Keeler, divertido, repleto de situaciones inesperadas, aunque tal vez no tan disparatado como otros de sus libros.
Profile Image for Jonathan Ammon.
Author 8 books17 followers
September 18, 2022
Classic Keeler. Stories within stories, wheels within wheels, webs within webs, and all of it silly and weird. Keeler is consistently the most fun I have with mystery novels, and the last story actually got to me a bit.
This one has many of the different things Keeler was interested in: newspaper webwork, interracial relationships, and bizarre, mindbending, body horror.
Profile Image for Sem.
973 reviews42 followers
October 6, 2014
I wish I could pinpoint what it is about Keeler's work that fascinates me so much - even when it's not terribly good or even when he tosses the reader headlong into a lecture on race or the writing of fiction or What's Wrong with China, as is the case in this book. It reminds me at odd moments of The Avengers (Steed and Peel, not costumed superheroes) - the world is this world, but a this world that's slightly off-kilter, more than a little peculiar, cluttered with sinister stage props and with characters who are as unlikely as the names they bear. One comes away believing all of it because the place (often Chicago) and the time (usually the Jazz Age) are so vividly rendered. The first two stories in this tales within a tale collection are weird and splendid in spite of the lectures. The third is sub H.G. Wells and silly into the bargain. I'll sum it up by quoting from it: "I'll do anything - absolutely anything - to get even a chance to gain my freedom from the body of a gorilla. Even if you could transfer my brain to the body of a cripple - or an East Indian - that would be a thousand times preferable to my present condition."

I have to give it 4 stars because I'm so smitten, but I'd advise against reading the third story unless the monkey gland school of medicine is your cup of tea. If not, it's more than a little excruciating.
Profile Image for Su .
117 reviews6 followers
February 21, 2015
Muero por volver a leer este libro ... Literalmente hablando claro :)
Profile Image for Pável Granados.
93 reviews9 followers
Read
April 5, 2023
Tengo cierto temor al referirme a Harry Stephen Keeler (1890-1967) porque parece que si se comienza a hablar de él comienza a brotar la extravagancia de manera incontenible. En primer lugar, está considerado el mejor de los peores escritores estadounidenses; y, según lo que puedo vislumbrar es parecido a Ed Wood o (desde nuestra perspectiva) a Juan Orol. En segundo: su vida parece no ser menos interesante que sus historias, pues, como nos lo informa la Wikipedia: su madre –que enviudó varias veces y que manejaba una casa de huéspedes para actores de teatro– lo internó durante su juventud en un manicomio por razones desconocidas. En tercero: uno de sus primeros libros trata acerca de cómo un dólar invertido en el siglo XX logra convertirse en una inmensa fortuna en el siglo XXXIII gracias al interés compuesto. En cuarto: los artículos que encuentro acerca de la excentricidad de sus tramas nos relatan historias como las siguientes: en El enigma del cráneo viajero (1934) aparece un cementerio especializado en freaks, y ahí se encuentra el cuerpo de una mujer con cuatro piernas y seis brazos, que nació en Cantón (China) y murió en Canton (Ohio); mientras que en El caso del cuerpo loco (1954) la policía encuentra un ataúd con un cuerpo desnudo cuya mitad superior pertenece a una mujer china y la inferior, a un hombre de raza negra (son hallazgos de Alberto J. Oyarbide, en su artículo sobre “HSK”). Sin embargo, comencé a realizar mi propia cacería de apasionantes tramas de Keeler, y descubrí lo que podría ser el punto 4.1: que buena parte de sus tramas consisten en narrar la historia de tres personajes que están condenados a muerte y, para salvarse, tienen que contar la mejor de las historias. De hecho, ésa es la trama de Noches de Sing Sing: tres escritores acusados de asesinato pasan la noche frente a su carcelero. El que cuente la mejor historia salvará su vida, así que durante varias horas se cuentan su mejor argumento… Puesto que referirme a cada una de estas tres historias me llevaría a una reseña infinitesimal, sólo diré que una de ellas trata sobre una mariposa gigante y sobre un baile de disfraces; en otra, se habla de un joven reportero que se enamora de la hija del emperador de la China… En realidad, la más interesante es la tercera: el invento de un científico que descubre cómo extirpar el alma y logra sacar el alma de un joven accidentado y trasplantarla al cuerpo de un mono. No sé en qué punto voy de mi pretendida enumeración, pero esta historia es, con toda seguridad, una de las múltiples referencias que este autor hace en contra de la psiquiatría, ciencia que aprendió a odiar luego de su reclusión juvenil. Como antepenúltimo punto, diré que el escritor argentino Pablo de Santis (¡alabado por Mario Levrero!), en un libro de “ideas para comenzar a escribir”, propone como ejercicio desarrollar alguno de los títulos de Keeler, por ejemplo: El caso del reloj que ladra, El caso de las dos damas extrañas o Cuando el ladrón conoce al ladrón… Y en último lugar: qué bueno que México no se inundó con las novelas de Harry Stephen Keeler. (Aunque… todavía recuerdo a mi papá leyendo, hace muchos años La cara del hombre de Saturno).
Profile Image for Avid Cobwebber.
50 reviews
December 18, 2024
Described: an anthology of sorts, all told by prisoners in jail to the most ridiculous Irish jailkeeper you would ever know, inside of a dream or out. And the best storyteller gets to walk free!

The dialects are hairy, the pace is steppin', and the keeler is on the loose. Question is, Can you chase this juice?

I have certainly read more than 30 Keelers, and this one ranks near the top because - well, there is something about a moth in the book, and that's symbolic. These are mini-tales cocooned in complexity, executed with enough style to burst forth and flit mindlessly against a light in your memory for alltimes.
Profile Image for Elle Vee.
106 reviews
March 1, 2022
It was a cute Arabian Night-ish book. I cannot give it more than three stars because -though it's understandable considering when it was written- some aspects related to racism and orientalism were too cringey to ignore
Profile Image for Enrique Oviedo.
284 reviews15 followers
August 30, 2016
De más a menos.
Remedando las Mil y una noches, el autor, hila una historia que sirve de excusa para presentar tres narraciones de misterio totalmente independientes. La única que merece la pena es la primera de ellas, ingeniosa y adictiva. Las otras dos son mero relleno sin sustancia y totalmente previsibles, sobre todo la última. En cualquier caso, mi opinión general del libro es buena puesto que el primer relato constituye más de la mitad del libro.
Displaying 1 - 13 of 13 reviews

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