A Reinaldo le debo otras lecturas. «Antes que anochezca» fue un tesoro literario para mí. Aquel libro que abrí despreocupado, pretendiendo no sobrevolar mucho entre informaciones previas a la lectura, rindió mi corazón ante una de las mejores impresiones que he tenido frente a la literatura. Así, más temprano que tarde, mi cariño por Reinaldo, (y por el registro emocionante de su historia) se consolidó. Y hoy, con la culminación de El mundo alucinante, no creo equivocarme mucho si digo con sesudo atrevimiento que ese cariño es solo el inicio de una admiración y un aprecio más grande. Dos libros. Son solo dos libros los que hasta ahora he tenido el placer -y la oportunidad- de devorar, pero ya mis consideraciones por Reinaldo se hacen presentes. (Con una pasión y una fuerza atronadora, además) Caso parecido con el titán Oulipiano de Georges Perec; solo que, en ese caso, ya son varios libros los que le he leído. No dos. Y no hay detrás de ellos una historia de vida tan agitada que revele una fascinación primera, previa a toda la bibliografía literaria.
Si lo que permea en la prosa de sus memorias es la sencillez poética, el lenguaje herrumbrado de cotidianidad, simple, y libre de configuraciones escriturales complejas; acá lo que se que ve es un Reinaldo preocupado, especialmente, por lo hermético y capaz del lenguaje literario. La explicación de esto se relaciona mucho con la corriente y el estilo en que se inscribe la novela: el Neo-barroco. La obra no tiene miedo entonces de ser exhuberante; olvida las convenciones narrativas tradicionales y propone una poética en que se reúne lo mítico, lo surreal, lo exagerado, lo aventurero, lo trágicomico, lo histórico, lo intertextual. Y frente a estos aspectos que componen -desde un ámbito general y resumido- al contenido del libro, se encuentran también peculiaridades en la forma de la novela. (Como los distintos tipos de narraciones/narradores que se van intercalando durante la extensión del libro, y que lo dotan de un dinamismo constante y lleno de vida).
El mundo alucinante teje sus realidades ficcionales a través de la realidad histórica, con la figura de Fray de Servando Teresa de Mier. A Reinaldo no le importa verse inverosímil o falso, porque su intención no es la descripción histórica o parcialmente verdadera de la realidad, sino la fracturación del tiempo y de la historia, el quebrantamiento de la linealidad literaria, de las miradas en un solo tono. O, en palabras de Reinaldo, que él lo dice mejor: "Por eso no creo que mis novelas puedan leerse como una historia de acontecimientos concatenados, sino como un oleaje que se expande, vuelve, se ensancha, regresa, más tenue, más enardecido; incesante, en medio de situaciones tan extremas que de tan intolerables resultan a veces liberadoras".
Libro alucinante, como ya lo indica su título.