A José Ramón y Javier los ha unido el azar: son vecinos. Es lo único que tienen en común. José Ramón estudia oposiciones. Javier es un superhéroe. Pero el mayor problema de Javier no es vencer a los superenemigos de Titán, su álter ego, sino llegar a final de mes después de haber perdido el trabajo y decirle la verdad, toda la verdad, a la chica que quiere.
José Ramón, sin embargo, sólo tiene un verdadero problema: convivir con Javier y su identidad secreta. Ser vecinos no es lo mismo que ser amigos.
El bitono, negro y rojo, que proponen en esta tercera entrega de El Vecino de Santiago García y Pepo Pérez, no es la única vuelta de tuerca que ofrecen llegados a este punto de la saga.
Y es que si El Vecino 1 era una comedia urbana costumbrista que mostraba la trastienda del mundo del superhéroe y El Vecino 2 se trataba de un drama intenso con la ciudad como escenario, El Vecino 3 combina la comedia y el drama que habían aparecido por separado en los capítulos anteriores de la serie. El retrato colectivo de la vida de cuatro habitantes de la gran ciudad moderna se pinta sobre el fondo invisible de un telón superheroico.
Santiago García Fernández es un traductor, teórico e historietista español licenciado en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Antiguamente, firmaba a veces como Trajano Bermúdez.
Muy malo, no aporta nada a la historia y es totalmente prescindible. Una pena, el anterior prometía mucho y para mí una obra a tener en cuenta. Pero este no.
Entretenido, pero poco más. Javier cada vez me cae peor y lastra al resto de los personajes que se comportan de una forma casi estúpida. Nada que ver con el primer tomo.
Los aciertos de las entregas anteriores tropiezan en una entrega innecesariamente extendida a punta de subtramas un tanto insatisfactorias, extraviando el atractivo punto de la premisa inicial. Quizás pudo sostenerse mejor en la mitad de la extensión.
Crisis de madurez, crisis de pareja o como en ocasiones solo miramos para nosotros y no somos capaces de ver lo que nos rodea. Está me ha gustado menos, son situaciones cotidianas pero que a mí no me han aportado nada. Cambios el color por el blanco y negro por los que, al ser los paisajes pobres en detalles, pierde lo que vestía el color. Como el cuaderno cuando no atiendes en clase.