"The Poetics of Eros in Ancient Greece" offers the first comprehensive inquiry into the deity of sexual love, a power that permeated daily Greek life. Avoiding Foucault's philosophical paradigm of dominance/submission, Claude Calame uses an anthropological and linguistic approach to re-create indigenous categories of erotic love. He maintains that Eros, the joyful companion of Aphrodite, was a divine figure around which poets constructed a physiology of desire that functioned in specific ways within a network of social relations. Calame begins by showing how poetry and iconography gave a rich variety of expression to the concept of Eros, then delivers a history of the deity's roles within social and political institutions, and concludes with a discussion of an Eros-centered metaphysics.
Calame's treatment of archaic and classical Greek institutions reveals Eros at work in initiation rites and celebrations, educational practices, the Dionysiac theater of tragedy and comedy, and in real and imagined spatial settings. For men, Eros functioned particularly in the symposium and the gymnasium, places where men and boys interacted and where future citizens were educated. The household was the setting where girls, brides, and adult wives learned their erotic roles--as such it provides the context for understanding female rites of passage and the problematics of sexuality in conjugal relations. Through analyses of both Greek language and practices, Calame offers a fresh, subtle reading of relations between individuals as well as a quick-paced and fascinating overview of Eros in Greek society at large.
Claude Calame (born in Lausanne 1943) is a Swiss writer on Greek mythology and the structure of mythic narrative from the perspective of a Hellenist trained in semiotics and ethnology as well as philology. He is a professor of Greek language and literature at the University of Lausanne and Director of Studies at the Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, in Paris.
Sin lugar a dudas, el proyecto de Claude Calame es ambicioso. Pretende, a través del estudio comparado de la literatura lírica y épica, así como teatral, de época griega, principalmente arcaica y clásica, desarrollar toda una serie de teorías que supongan una mayor comprensión del concepto del Eros griego y, con él, del concepto de la propia sexualidad y de las relaciones amorosas de los helenos. Para ello también se apoya en representaciones artísticas y en obras filosóficas, aunque en menor medida.
Pero lo que más habría que destacar de su obra no es sólo el hecho de embarcarse en semejante periplo, sino que no aborda la concepción de Eros desde una perspectiva única, haciéndolo, en cambio, desde la perspectiva del propio concepto en la mentalidad griega, reflejada en la literatura, hasta la de la filosofía, pasando, irremediablemente, por la de la sociedad y sus instituciones. Ahí reside el verdadero valor de la obra.
Calame comienza su obra hablándonos de Eros como una fuerza divinizada en un individuo antropomorfo y de cómo se refleja esta realidad en la poesía, para intentar comprender y hacer comprender al lector cómo percibían los propios griegos esta entidad tan abstracta y compleja. Como con muchas otras cosas, la sociedad griega creó contradicciones en torno al concepto de Eros y a la divinidad que se le suponía. Pero Calame no se amedrenta con ello y trata de entender qué valor y qué repercusiones podía tener esta realidad tan compleja en la sociedad griega.
No se centra en la forma divina de Eros, sino en la repercusión que esa realidad conceptual tenía en la vida de aquellos que la habían formulado. Así, y de acuerdo a su teoría, presenta a Eros, y a Afrodita en tanto que compañera de tareas, como una fuerza imprescindible para la formación de los ciudadanos y ciudadanas griegos. Eros se convierte, a través de dos vías bien distintas, como son las relaciones de homofilia y el matrimonio, en el garante de los ritos de paso de un adolescente a la vida adulta. Se intenta explicar, con ello, la función educativa de Eros y, con ella, de las particulares relaciones homofílicas, homosexuales y casi pederasticas que nos han llegado como noticia de la cultura griega.
De este modo, no sólo habla de la concepción divina de Eros, sino también de la experiencia social relacionada con la divinidad. Habla de realidades sociales, como el simposio, la reunión en el gimnasio y la palestra o el matrimonio, considerando el uso que estas actitudes sociales hacían de Eros y de su naturaleza divina o, al menos, inmensurable. Explica, por tanto, la influencia de la religión, quizá más de una creencia compartida que de una religión absolutamente reglada, en la sociedad.
Sin embargo, para acabar la obra, decide retomar la concepción más abstracta de Eros que había presentado, a través de la literatura, al comienzo de la misma, y explica las visiones filosóficas de esta fuerza divinizada. Aquí se muestra su naturaleza más religiosa y menos social, la que le convierte más en un dios unificador y creador que en la abstracción de una emoción humana como el deseo, presentación de Eros que había elegido hasta el momento por ser aquella que se adecúa a la creación de vínculos sociales.
Podemos considerar, dicho todo lo anterior, que Claude Calame, con esta obra, ha intentado ampliar la concepción que el lector pudiese tener de la sexualidad griega, intentando presentarla en sus formas más puras, si pasarla por la criba de las concepciones actuales de la sexualidad, ni siquiera por las expuestas por la antropología. A un tiempo, consigue aumentar el horizonte de conocimiento que el lector pueda tener de la sociedad griega, haciéndole partícipe, de forma indirecta, de realidades tan complejas como el simposio o el ritual del matrimonio, propias de la cultura griega. Comprender a Eros se convierte, de este modo, en comprender el entramado de relaciones sociales, dentro del mismo sexo y entre sexos, de una sociedad que se deslizaba entre una tradición tan tribal como el ritual de paso y una lógica tan civilizada como la de institucionalizar dicho ritual.
Eros, Eros, distilling liquid desire upon the eyes, bringing sweet pleasure to the souls of those you make war against, never may you show yourself to me for my hurt nor ever come but in harmony. For neither the shafts of fire nor of stars are more powerful than that of Aphrodite, which Eros, Zeus’s son, hurls from his hand. ’Tis folly, folly, for the land of Greece to multiply the slaughter of cattle by the banks of the Alpheus and in the Pythian shrine of Apollo if we pay no honour to Eros, mankind’s despot; who holds the keys to the sweet chambers of Aphrodite! He ruins mortals and launches them among every kind of disaster when he visits them.
Well, this ended rather nicely after that tragic prelude, with mystic Eros' unifying power and all