Eduardo y Julia son dos viejos amigos que se reencuentran a sus setenta años. No se consideran una pareja, mucho menos un matrimonio: uno es para el otro esa deseada compañía que los ayuda a afrontar los achaques propios de la edad, pero también a compartir sus inquietudes y sus ganas de vivir, aún intactas. Ella es inquieta y divertida; él es un hombre paciente y amable que vive pendiente de las necesidades de su nuevo amor. Con ironía y humor, la novela retrata las peripecias de dos personas para quienes, a pesar de los años y la nostalgia por la juventud perdida, la vida es un permanente comienzo.
Este libro me dejó con una sensación medio rara. Es un libro de fluir de conciencia, es decir no tiene trama, si no que se centra en el flujo de pensamiento de los narradores.
Me costó un poco entrar, pero despues de varias paginas me encariñé con los personajes y quise terminarlo. Pero me aburrió un poco la verdad.
Diría que si este libro llega a vos, está bien para leerlo. Pero no es un libro que iría a comprar o a buscar.
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Un libro que leí con una sonrisa, por las anécdotas y el humor con que se burlan de las desgracias de la vejez, el paso del tiempo está muy presente, hay muchas referencias a obras de público conocimiento y te transporta a los lugares que citan.
Me pareció un poco confuso el intercambio de narraciones, pero más allá de eso es un libro llevadero y lindo de leer. Me lo presto mi abuela, ella estaba mas encantada por el relato de vejez y su experiencia.
No lo termin_. Habiendo avanzado un tercio del libro, me pareci_ que no iba para ning_n lado. El uso permanente de la t_cnica "asociaci_n libre" lo hace ir y venir de lugares poco interesantes. Por otra parte, habla permanentemente de la vejez. En este momento de mi vida no tengo ning_n inter_s de sentir lo que se siente a los setenta a_os.