Eduardo y Julia son dos viejos amigos que se reencuentran a sus setenta años. No se consideran una pareja, mucho menos un matrimonio: uno es para el otro esa deseada compañía que los ayuda a afrontar los achaques propios de la edad, pero también a compartir sus inquietudes y sus ganas de vivir, aún intactas. Ella es inquieta y divertida; él es un hombre paciente y amable que vive pendiente de las necesidades de su nuevo amor. Con ironía y humor, la novela retrata las peripecias de dos personas para quienes, a pesar de los años y la nostalgia por la juventud perdida, la vida es un permanente comienzo.
Un libro que leí con una sonrisa, por las anécdotas y el humor con que se burlan de las desgracias de la vejez, el paso del tiempo está muy presente, hay muchas referencias a obras de público conocimiento y te transporta a los lugares que citan.
No lo termin_. Habiendo avanzado un tercio del libro, me pareci_ que no iba para ning_n lado. El uso permanente de la t_cnica "asociaci_n libre" lo hace ir y venir de lugares poco interesantes. Por otra parte, habla permanentemente de la vejez. En este momento de mi vida no tengo ning_n inter_s de sentir lo que se siente a los setenta a_os.