Qué historia tan valiente. Es mi forma de encapsular su esencia.
La Maldición de las Musas realmente me sorprendió. He leído muchísima fantasía y es para mí un deleite encontrar algo diferente. Y no sé si es la prosa de Javier Ruescas o la multitud de personajes, pero quedé enamorada del Continente. No porque fuera un mundo placentero, sino por esta magia que rocía a través de tantas historias. Lo había mencionado en mi reseña anterior, pero estoy segura que ese es el fuerte de esta bilogía: las historias.
Las historias elevan este mundo más de lo que creí. Si en el libro anterior nos dio ese adelanto, aquí lo explota. Cuando leía las historias de las Musas y enseguida del Flautista y Ettore, me emocionaba como si llevara años conociendo a esos personajes, pero es que es fascinante cómo describen la creación de los humanos y lo que nos diferencia de todo las otras especies que han creado. Luego comparamos y entendemos lo importante que es esto para la guerra que se avecina.
Sin embargo, con la idea anterior ya empiezo con lo que no me gustó. Esto de las Musas contra Adhárel era indudablemente interesante. Me agradaba la idea especialmente porque en el primer libro tenía el problema con Adhárel de que me parecía más un adorno que alguien que luchara por algo, vaya. Su conflicto con la desconfianza me avivó el interés, pero la resolución no me encantó. Aunque las Musas no eran buenas del todo (con lo que aclaro no tener problema), me parece que Adhárel no confrontó lo que debía afrontar, como si se quedase a medio camino. Creo que superó su desconfianza cuando no puso trabas a que Duna fuese por Cinthia, muy bien, pero hay algo en su problema con las Musas que no me cerró. Cierto que estas eran muy orgullosas y volubles como todo dios, pero había algo de cruda verdad en lo que proclamaban. Me hubiese gustado ver más de esto y no simplemente que los héroes dieran por hecho que todo lo que hacían las Musas era malo malo malo.
Entre otros aspectos, los narradores puentes, digamos, como el Márques, lord Gauntern, algunos niños sentomentalistas... eh, lo siento, creo que no eran necesario que narraran. Algunos casos aislados de algunos puedo entenderlos para dar lugar a eventos que los protagonistas no podían propiciar, pero eran pocos. Por ejemplo, un caso de los buenos fue el de Timmy, pues él nos dio un vistazo importante a la historia, que era al arco con el Flautista que se inauguraría más adelante. El resto me gustó bastante, pues es bastante entendible el narrador omnicisciente. No había otra forma de contar esta historia.
Ahora sobre los personajes y sus arcos. Vale, primero Firela para quitármela de encima. Las asesinas fueron un buen recurso antes, pero en este libro era obvio que ya no seguirían el mismo camino. Sabemos lo suficiente de por qué Firela se desvió, mas es lamentable que su arco fuera diseñado exclusivamente para revivir a Sírgeric. Mira, Javier Ruescas, no te culpo, Sírgeric es mi personaje favorito, ¿pero qué tenía que ver en la historia la trama de Firela? Qué bien por el personaje, no es tan plano y oscuro, pero... supongo que fue relleno. El uso que se le dio con Lysell y Wilhem fue muy tenso e increíble. Yo grité cuando vi llegar juntos a los hermanos, pero perdió intensidad cuando Firela cambió de rumbo. Personalmente, me quedé esperando más de este arco en específico.
Duna entró más a mi corazoncito ahora. Amo su coraje e ideas firmes y que luchara más por mantener a Adhárel con ella que con el reto de las creadores, me enternecía. La guerra le importaba, claro, pero no hay peor herida que el que haya fracturas con los que quieres. Me dio un buen sabor hasta el final. Por otro lado, Wilhem y Lysell... Ay, Wilhem era un personajazo para mí hasta que lo vi interactuar con Lysell. Y es que no estaba segura de conocer al personaje, sentía que aquí su don desfavorecía su evolución, porque no sabíamos sus motivaciones, lo único que sabíamos era que seguía esas voces al ton y al son y no qué lo movía a él. A quiénes quería, que haría cuando acabara su misión. Hubo aquí un hueco enorme que solo empeora al final. Ahora bien, Lysell me pareció interesantísima. Sus deseos y conflictos me hacían seguirla con gusto, sentía que había algo grande para ella y aunque fue clave al final, hubo cosas que no se desataron para terminar de evolucionarla, como que descubriera que podía lograr cambios buenos, que podía creer en sí misma y que esto se usara en beneficio con el conflicto externo con las musas. Pero terminó casi como empezó, solo que más sola y con un castillo, la diferencia era que ahora sus súbditos eran los que hablaban mal de ella, y no conforme, se afanaba tanto para devolver a su vida a alguien que afirmó no quererla: su tío. En mi opinión, hubiese tenido más sentido que se tratara de Vekka, porque aunque su asunto era cuestionable, era comprensible por qué robaba la luz de terceros, y él sí parecía desear estar con ella.
Dimitri no me gustó como villano. A ver, la amenaza de la guerra era real. La sentí en los huesos y eso dice mucho de un libro de fantasía que se toma en serio a sí mismo. Pero Dimitri es tan... plano. No había una sola razón para desear un poquito por lo menos que ganara, porque sus motivaciones eran muy caricaturescas. Puro poder y odio sin sentido. Vi un poco de capas en él con eso de que se sintiera inseguro rodeado de tanto sentomentalistas, pero eso no se desarrolló en última instancia.
El Continente por sí solo se me hace muy buen construido. No es cuento de hadas, aunque tiene toda la magia para serlo. Fue fascinante ver menoscabo un poco de cada uno de ellos y qué tipo de reyes gobernaban, qué maldiciones los aquejaba, porque sí otra cosa me atrapó de esta historia fue el funcionamiento de las maldiciones y su trasfondo. Porque habla del miedo humano a lo desconocido, habla de que las musas quería que los humanos se conciliaran con esto; es una pena que los protagonistas no lo vieran así. Fuera de eso, entiendo el punto de Duna, pues tampoco está bien manejar así los destinos de la gente. Aun así, qué premisa. Y fue súper acertado que fuera así cómo vencen a Dimitri, con la reina Thalisa y pateando a las musas en su propio juego cruel.
A destacar rápido: las conexiones importantes para la trama me dejaron boquiabierta, como el parentesco del Flautista con Duna y que esta relación no se forzara, o la tragedia de Thalisa en el libro 1 y para lo que serviría ahora; los capítulos cortos hacían fluir la historia y de la prosa ni qué decir; la sabiduría que obtuvieron el Flautista, su hermano y la musa menor le dio más credibilidad a la historia y esa sorpresa de que las Musas pensaban repoblar el continente con los niños atrapados en la montaña me erizó el vello.
Todos los personajes que aparecen tienen un papel u otro, pero me daba la sensación de que empezaban una trama o daba una pista de la historia simplemente no tenía espacio para desarrollar o no hacían nada. Ejemplos hay algunos. La mamá de Duna en el pueblo maldito, la supuesta visita de la musa con el Flautista, Vekka, el papá de Vekka, el grupo de nemadés que ayudaron a Adhárel y que ya no aparecieron... La cosa es que es una historia con mucha ambición. No quiero ponerme quisquillosa, pero muchas cosas se sintieron incompletas, sobre todo en torno a Lysell.
La historia es entretenida de seguir. Te tensas al pensar las tantas maneras en la que puede terminar y epicidad no falta. La adición del Marqués está inteligentemente pensada, así como la forma en que los dones se inmiscuyen para avanzar la trama, pues no es como que te quedes pensando "¿y por qué no usaron a este?" De alguna guisa tienen sentido sus participaciones y no quedan de más. No obstante, lo que principalmente me falló fue el uso excesivo de narradores, porque propiciaba relleno. En conclusión, sé que he expuesto varios puntos negativos, pero realmente disfruté de estos libros. Tienen ideas increíbles que le dan su propia cara a este mundo concreto de fantasía y una prosa épica de verdad con inspiraciones de cultura popular que ya conocemos pero con vueltas que seguramente encantarán.