Aunque este ensayo se desarrolla en tono sardónico me sentí regañado por Miller. Y no por leer en el baño; no lo hago. Me explico.
Justo hace un mes desinstalé Tiktok porque robaba mucho mi atención, me sentía sobreestimulado por contenido basura, pero no dejé de usar YouTube... Hay un fragmento que aguijoneó mi espíritu:
"La gente podrá insistir en que devora [videos], o pega las orejas a [pódcast] para estar al corriente de las cosas del mundo, pero se trata de un mero engaño. Lo cierto es que en cuanto esos lamentables individuos dejan de [consumir contenido], en cuanto no están ocupados, toman conciencia de un vacío interior abrumador y mareante. Da lo mismo, francamente, la clase de paparrucha que los alimente, siempre y cuando les sirva para ahorrarles un enfrentamiento con ellos mismos."
Me sentí ridículo al pensar que pertenezco a esa clase de "lamentables individuos" que casi a diario ven anime, noticias, podcast, tedtalks, etc; y no porque esté mal consumirlos, sino porque, en mi caso, sí es verdad que los consumo para llenar tiempos muertos. Esos espacios entre una actividad y otra que pueden ser tediosos. No me permito el silencio, la reflexión, la nada...
Un inciso, para cambiar de tema, me gustó que esa ridiculización del hábito de leer en el baño(o ver la pantalla del teléfono, si nos ponemos más contemporáneos) lleva a Miller a hablar de su devoción por la lectura, cómo para él es inconcebible realizar cualquier otra cosa cuando se dispone a leer; no entiende que haya personas que no dediquen toda su atención a ello. También me quedo con esa bella imagen del libro que, según Miller, leemos en sueños y buscamos en la vigilia a través de las lecturas que hacemos a lo largo de nuestra vida. O quizá, ese onírico libro sea uno que nosotros escribiremos algún día.