En un callejón de Nueva York se materializa el cuerpo desnudo de un hombre. No recuerda quién es y no entiende dónde está... En una ciudad infernal, donde los recién llegados del «más allá» son tratados como inmigrantes ilegales, el protagonista deberá buscar su identidad recurriendo a «adivinos», capaces de saber el pasado. Pronto se verá inmerso en una espiral de mentiras, violencia y sexo, y rodeado por personajes de todo tipo, desde un jubilado atormentado por sus falsos recuerdos hasta la mafia, agentes de la CIA y la mismísima presidenta de los Estados Unidos, Hillary Clinton. El laberinto ha sido planificado por dos misteriosos artistas, que acaban de desaparecer en una isla desierta.
Escritor español que ha sido vinculado por parte de la crítica con el movimiento Afterpop, y crítico literario español. Nació en Tarragona, pero ha pasado la mayor parte de su vida entre Mataró y Barcelona. Ha vivido también en Argentina y en los Estados Unidos. Licenciado y doctor en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, da clases de literatura contemporánea y de escritura creativa en esa misma universidad, e imparte clases sobre literatura y literatura de viajes en la Escola d’Escriptura del Ateneu Barcelonès. Es autor de numerosos libros, que van desde la novela hasta el ensayo y la literatura de viajes.
Entre 2000 y 2005 fue miembro del consejo de redacción de la desaparecida revista Lateral. Entre los años 2006 y 2009 fue codirector de la revista literaria Quimera junto con Juan Trejo y Jaime Rodríguez Z. Ha publicado crítica cultural en los suplementos culturales de los diarios Avui, ABC, Perfil, Clarín y La Vanguardia. Sus artículos y reportajes han aparecido en Letras Libres, National Geographic Viajes, Otra Parte, Revista de Occidente, Eñe y Lonely Planet Magazine, entre otros medios hispanoamericanos. Ha sido incluido en antologías literarias de México, España, Alemania, Cuba y Argentina.
Por fin una novela de vanguardia que llega de España. El gran Jorge Carrión nos presenta una novela sobre una serie de televisión inexistente, con los rodeos inesperados que por momentos recuerda a Los detectives salvajes y por otros a las series de televisión y películas a las que remite (Blade runner, Los Soprano, Lost). Hacía tiempo que no me sorprendía una obra literaria de esta manera; no fue "wow", pero sí vale la pena celebrar una jugada arriesgada.
-¿Quién nos hace sufrir tanto? ¿Quién escribe el mundo? Grant Morrison, Animal Man núm. 24; DC Comics (1990)
ATENCIÓN: Esta reseña contiene spoilers de una novela-spoiler
La sinopsis oficial Contraportada del libro: “En un callejón de Nueva York se materializa el cuerpo desnudo de un hombre. No recuerda quién es y no entiende dónde está. En una ciudad infernal, donde los recién llegados del “más allá” son tratados como inmigrantes ilegales, el protagonista tendrá que sobrevivir y buscar su identidad, en manos de “adivinos” capaces de “adivinar el pasado”. Pronto se verá inmerso en una espiral de mentiras, violencia y sexo, que escalará desde un jubilado atormentado por sus falsos recuerdos hasta la mafia, la CIA y la mismísima presidenta de Estados Unidos, la afroamericana Hillary Clinton. El laberinto ha sido planificado por dos misteriosos artistas: Mario Alvares y George Carrington, que acaban de desaparecer en una isla desierta.”
Retos y spoilers. Todo es novela. La novela Los Muertos (Mondadori), de Jorge Carrión, supone un reto a muchos niveles: lector, cronista y autor van a estar (o han estado ya) expuestos a una continua tensión informativa ofrecida por la compleja construcción escenográfica de la obra, en la que se trasladan (que no adaptan) sobre la narrativa, estilos y texturas de lugares no siempre fácilmente reconocibles en literatura. El storyboard o guión de lo que parece ser una teleserie de ciencia ficción de dos temporadas, los ensayos teóricos sobre ésta, así como la escueta entrevista final o incluso la misma sinopsis oficial de la contraportada. Todo quiere ser novela.
El fenómeno fan. Al lector se le va a exigir espíritu inquieto para poder acompañar los múltiples saltos de plano que ofrece la obra, y así no quedarse varado en el mero disfrute pasivo que supondría la contemplación de las dos temporadas de la teleserie. No sólo eso, sino que se le animará a una relectura de la obra (“Se ha impuesto la moda de la relectura y la revisión”, p. 81), como quien revisiona cualquier serie televisiva de culto en busca de todo matiz viviente. ¿El fenómeno fan trasladado a la literatura? Por otra parte, a todo aquel que quiera hablar sobre la novela se le aparece otro reto, dado que no sólo es imposible, sino que es irresistible la tentación de desvelar detalles importantes de la obra, en un intento de descomponerla. Toda la novela es un GRAN SPOILER en el que, detrás de cada pequeña pieza, se esconden nuevas perspectivas, campos y focos de atracción. Y ése ha sido también un reto, ahora para el autor: trasladar a los seguidores de la obra la enigmática impaciencia que envuelve al friqui-fan televisivo de última generación.
Realidad y ficción
Pero Carrión no mimetiza o traslada el lenguaje y formato del serial televisivo a la obra literaria (ésa sería una lectura demasiado reduccionista). Lo utiliza como instrumento y a la vez como argumento, al igual que los ensayos que acompañan a cada una de las dos temporadas de la serie (las “partes narrativas” de la novela), para lograr algo mucho más complejo: remover la percepción de la realidad y la ficción, a través de complejas elipsis, confundiéndolas, al igual que un individuo confunde su identidad, para describir la gran crisis existencial en la que el mundo, en cualquiera de sus planos, está sumido. Lo terrorífico es la verdad: en pleno siglo XXI, realidad y ficción son lo mismo. ¿Contra qué podemos confrontar la ficción? Generation Kill (David Simon y Ed Burns, 2008), miniserie de la cadena HBO que narra de forma hiperrealista las crónicas de un batallón de marines en el primer asalto a Irak en la invasión de 2003, es, como la novela de Carrión o el canal de noticias CNN, un brillante ejemplo.
Construcción. La elipsis como aviso de spoiler
La sinopsis oficial que aparece en la contraportada es más que destacable. Por lo que dice y por lo que no quiere decir. Empecemos por esto último. ¿No es extraño que la única referencia al formato televisivo de la narración sea el eufemístico “Con fuertes conexiones con formatos propios de internet y con las mejores teleseries norteamericanas de de nuestra época,(...)”? Como ya se ha comentado, a partir de una ficción televisada, mediante una traslación a lo literario de la sucesión de escenas de un storyboard, se narran los acontecimientos de una serie de TV llamada Los Muertos. La primera temporada de la serie, ambientada en un NY post-apocalíptico en 1995, constituye la 1ª parte del libro, una narración distópica de ciencia ficción perfectamente descrita en la contraportada ya citada, aparentemente clásica en el contenido y atrevida en la forma. Pero llega la sorpresa a medida que avanza la serie, y en lo que sigue al final de esa 1ª temporada. Perfectamente engarzado al epílogo de la serie (uno de los grandes momentos de la novela, con flashes exhalantes repletos de revelaciones al lector -espectador- sobre los personajes que han protagonizado la temporada) se incluye un ensayo fechado en 2011 (por tanto, ¿supuesto ensayo?), escrito por una tal Martha H. de Santis, que recoge las reacciones suscitadas por la serie en la sociedad. El lector entra en estado de shock al comprobar, si no lo había ya vislumbrado antes, cómo todos y cada uno de los personajes que protagonizaban la serie provenían de la ficción televisiva o cinematográfica, pero resucitados en un limbo en el que se sentirán foráneos, perdidos, sin identidad, sin papeles... ¿Acaso no son, por ende, inmigrantes ilegales?
Porque no estamos ante un simple fan-fiction, que podría suponer emotivos pero lacrimógenos homenajes a personajes populares de nuestra propia ficción (el agente de Jungla de Cristal John McClane, los replicantes de Blade Runner o personajes de la Lista de Schindler...). Nada más lejos de la realidad: el ensayo de Martha H. de Santis deviene una herramienta narrativa que permitirá llegar al fondo (o fondos, algunos quizás demasiado escondidos) del asunto, redimensionando la novela y sus acontecimientos y modificando sutilmente el plano en el que se desarrolla la acción y el punto de vista desde la que la obra ha de ser afrontada por el lector. Si el núcleo de la trama se encontraba hasta ahora en el desarrollo de la 1ª temporada de la serie, el ensayo de de Santis provoca que la trama continúe avanzando en otro plano: la detallada explicación sobre la repercusión y la locura que genera la serie en el planeta, con elementos tan curiosos como la aparición de la red social MyPain.com, en la que los individuos pueden recrear (resucitar) personajes de ficción fallecidos, acudiendo a pujas millonarias por los más mediáticos para así resolver (¿aliviar?) el duelo ante la pérdida de un ser querido, no hace sino detener la mirada en la figura del fan extremo y cegado, capaz de no poder distinguir entre un coche aparcado en el garaje y el vehículo de Super Mario Kart que conduce en la Super Nintendo.
Todo ello es un segundo estadio en la narración. El polo se ha movido hacia una versión 2.0 de las mismas preocupaciones que aparecían en el primer estadio (la 1ª temporada de la serie): extremismos, comunidades en continuo conflicto por el espacio, la identidad, el poder, el dominio... ¿No es también el duelo ficcional sufrido por la sociedad -y que Carrión plantea como tema- una excelente excusa para lo recién explicado? Y todo en un cambio formal contundente, una declaración de intenciones: la teoría como aparato narrativo, no cómo conocimiento especulativo, de la Historia, del Hoy.
Lo mejor: ¿cuál será el siguiente plano narrativo? Porque ya está dicho, Los Muertos es una novela revolutum, híbrida, que se nutre tanto de técnicas procedentes de la imagen como del ensayo, para ser construida. Pero no nos equivoquemos: todas y cada una de las páginas escritas por Carrión son novela. Una novela multiplano, en que en el primero de ellos, el cuerpo narrativo son las dos temporadas de la teleserie, y en los siguientes, el peso lo acabarán soportando tanto los ensayos como la entrevista final a los autores de la serie, personajes absolutamente determinantes.
Teoría y narración.
Los ensayos incluidos no son mera teoría que necesite autojustificar el producto o aclarar lo escrito. Son verdaderos motores dinámicos que hacen avanzar el relato en un salto vertiginoso hacia cotas insospechadas, un poco a la manera de la fenomenal figura del Arquitecto, en la injustamente tratada Matrix Reloaded (2003, Andy Wachowski y Lana Wachowski): la explicación que hace a Neo la representación virtual del creador de Matrix dinamita la narrativa de la película, y el espectador recibe un shock. La teoría deviene narración. Son ambos (la película de los Wachowski y la novela de Carrión) dos casos en los que la teoría provoca que el núcleo de la historia mute, cambie de plano desde uno más clásico (por decirlo de forma antipática), el del universo distópico, hacia otro metaliterario, aunque igualmente distópico: un relato apasionante en el que los personajes de la novela dejan de ser (sólo) los “personajes” de la serie, para ser personajes (también) los autores de los ensayos. Los planos se mezclan y Carrión empieza a resquebrajar el “cuarto muro”, las barreras de la realidad: las normas se han roto, y con los sucesos de la segunda temporada de la serie, el lector se encontrará al borde del abismo. Durante ésta se van sucediendo desapariciones, sin aparente explicación, de los personajes que “viven” en esa realidad, a la vez que se sucede una lucha de bandas por el dominio de la ciudad, en un guiño majestuoso a las dos familias más famosas de la mafia ficcional. La falta de identidad de la primera temporada torna ahora en miedo, terror, por la desintegración, el dejar de existir. ¿Dónde van a parar los desaparecidos, personajes aparentemente resucitados de la ficción? El lector (o televidente), en inquietante estado de ansiedad y empatía, ya no sabe dónde está o dónde situarse, y empieza a debatir sobre “su” propia percepción de la realidad, es decir, a mantener el mismo monólogo interior que padecen los muertos durante la segunda temporada del serial televisivo. ¿No se está convirtiendo el lector también en personaje de la novela? Dejémoslo para más adelante.
4º muro.
En la alucinante etapa del guionista Grant Morrison al frente del cómic Animal Man (1988-1989, DC Comics), se ofrece un sorprendente tour de force en el que el protagonista (un superhéroe devaluado y por aquel entonces casi olvidado del universo DC) acabará descubriendo la verdad en la que viven atrapados él y su familia: descubrirá, por un lado, que todos ellos son personajes de ficción, marionetas atrapadas entre cuatro paredes (las viñetas), y por otro, que los personajes de cómics olvidados por los guionistas, los que ya no son utilizados en ninguna serie, acaban en el llamado “limbo de los cómics”. Morrison propone un interesante debate ético que llevará al enfrentamiento directo del personaje protagonista, Animal Man, con el lector, dirigiéndose hacia él con un espectacular y angustiado“¡Puedo verte!”, así como a una intensa discusión dialéctica con su guionista (el propio Morrison), siempre con la desesperanza como eco de fondo.
Unas citas, todas en boca de personajes del cómic sumidos en plena crisis de identidad: “Tenemos derecho a vivir, igual que todos. Podríamos encajar.” “¡Si me descartan nunca volverá a verme nadie!” “Todos podéis ser vistos. Nuestras vidas se repiten cada vez que alguien nos lee. Nunca moriremos. Sobrevivimos a los creadores.” “Entramos y salimos de historias y nuestras mentes llenan los huecos. Creemos tener recuerdos, pero sólo tenemos breves apariciones en las historias de otros personajes.” Todos ellos se muestran desubicados, aterrados por el conocimiento de la verdad. Es el mismo tono que se vislumbra en el ensayo de de Santis, al reflexionar sobre Mypain: “Si el clon es una versión genética de un referente humano, ¿no es éste legal y moralmente responsable de su sufrimiento? Esa idea de referente o modelo surge de la teoría según la cual todo personaje literario se inspira de una forma u otra en un referente real” (p. 85).
El miedo al The End.
En Los Muertos, las dudas existenciales, los miedos afloran por todos lados, humanizando a los personajes. Miedos universales que han protagonizado los acontecimientos de la Historia: problemas de identidad, racismo, venganza, lucha de clases o conflictos bélicos. Y por encima de todos ellos, como narra el final de la segunda temporada (y también apuntan elípticamente Carrington y Alvares en la entrevista al programa Larry King Live -emisión de 14/01/2012- citada al final de la novela), el miedo a la desaparición como final de todo, al apocalipsis, al fin del mundo (como en el estupendo último episodio de la segunda temporada de Mad Men, cuando en USA estalla el pánico entre la multitud, en plena crisis de los misiles en Cuba).
El miedo al The End, ficcional o no, es universal. Entonces, ¿no son las dudas existenciales de los muertos resucitados en la serie las mismas que pueden llegar a tener los usuarios de la red social Mypain que los manejan, o las de los mismos televidentes? ¿No son también nuestros mismos miedos, como lectores, al fin personajes de la novela? En un tremendo juego basculante de personajes, la novela de Carrión es tan coral que rompe la barrera del cuarto muro y nos atrapa a todos, lectores que acabamos formando parte de una novela (tercer estadio) que, como una mancha de petróleo, se expande fuera de sus páginas. Pero aunque todos somos personajes, los verdaderos protagonistas son, ya definitivamente, George Carrington y Mario Alvares.
Autores protagonistas. ¿Es The End un inicio?
Incluso la sinopsis de la contraportada forma parte de la novela. ¿Es gratuito el adjetivo “dos misteriosos artistas: Mario Alvares y George Carrington?” ¿Es gratuito que la breve entrevista a los autores al final de la novela se disponga en formato de cita textual, con el valor de certidumbre añadida que ello conlleva? ¿Es gratuito que uno de los pasajes más emocionantes de la novela lo protagonicen ambos, cuando de Santis narra la posible versión de cómo se conocieron Carrington y Alvares? Leemos:
“De todas las (versiones) disponibles, no obstante, tal vez se podría alcanzar un modelo, un patrón: en aquel youth hostel de la frontera entre Egipto, Israel y Jordania, charlaron durante unas doce horas, se tomaron otras tantas cervezas, acabaron borrachos, abrazados, y con el primer esbozo del argumento de Los muertos esquematizado sobre el azul celeste del mar de un mapa. Todas las versiones coinciden, señala Alarcón en que los unió radicalmente algo que compartieron: una información, al parecer relativa a las historias de sus abuelos respectivos durante la segunda guerra mundial. No quisieron responder la pregunta del cronista al respecto”. (p. 87)
Desde luego que nada de ello puede ser gratuito. Jorge Carrión se dedica minuciosamente a dejar pistas para poder focalizar la atención en los dos individuos. Desde el guiño que supone la semejanza de los nombres y apellidos de los autores de la serie con los del propio autor (Jorge Carrión Gálvez), hasta la importante aparición en forma de entrevista de los autores en el programa Larry King Live (¿colofón posterior a un The End falso -el de la serie, y el del mundo analítico de la misma-?). ¿Qué hay hoy más real y verídico que una aparición en directo y en televisión? La CNN narra el presente (un presente) en riguroso directo y la BBC narra el pasado. ¿No es el futuro una combinación o resultado de ambos? En un genial diálogo de la película Zodiac, de David Fincher (2007), en plena investigación de los asesinatos cometidos por el mediático (y jamás descubierto) asesino del zodíaco, dos personajes dan con la clave:
“- ¿Cómo sabemos que esa pista es real? - Es muy real. ¿Sabes cómo lo sé? Porque ha salido por la TV.”
Hipótesis (lecturas).
Tanto en la entrevista a Carrington y Alvares, como en la sinopsis de la contraportada, se explica que los autores han desaparecido, trasladándose a una isla desierta. Una imagen que perfectamente puede recordar a la huída a un refugio nuclear, o al viaje hasta un lugar apartado de un mundo claramente imperfecto para ellos, un lugar desde el que puedan olvidar todo, y desde el que puedan olvidarse también de ellos. Un reset que es difícil deslindar de las desapariciones masivas de los personajes (de ficción) que tienen lugar en la segunda temporada de la serie, en la que, quizás, se nos esté narrando la desaparición total de la Ficción. El silogismo, no por evidente es menos inquietante: si la Ficción deja de existir, ¿no podría ser un motivo la desaparición de la Realidad que la alimenta, donde es creada? Ficción y realidad son la misma moneda, y una sin la otra no pueden tener razón de existencia. Así, ¿no están Carrington y Alvares, desde un punto de vista ficcional, serializando un fin del mundo, narrando de forma maestra el apocalipsis, el genocidio global? ¿No es ésta la narración del fin de nuestro presente, vista nuestra historia pasada? La huída de los autores a una isla, junto al papel que juega el inquietante personaje de El Topo (el hombre en la sombra, la idea de conspiración personificada), nos puede hacer ampliar aún más el espectro, y preguntarnos sobre la verdadera dimensión de esa huída: ¿por qué no la creación de una comunidad independiente y autónoma, que incluso desconozca la existencia del resto del mundo (recordemos la película The Village -El Bosque- de M. Knight Shyamalan)?
¿O se trata de una huída a la manera de Ozymandias en Watchmen, la obra maestra de Alan Moore y Dave Gibbons, un retiro desde el que borrar todo rastro infectado y enfermo del mundo, para poder empezar de cero?
“Es más difícil crear un mundo que destruirlo”, una declaración (¿de intenciones?) de Mario Alvares (p. 153). Inquietud desasosegante, se precipitan los acontecimientos. Son palabras que buscan motivos. Y cuando se desvela algo más de la historia familiar de los autores, en las últimas páginas del artículo que sigue al final de la segunda temporada de la serie, la sospecha de que nada es porque sí vuelve a cobrar significado. El abuelo de Carrington iba a bordo “de uno de los más de trescientos bombarderos cargados con napalm que participaron en la transformación de Tokio en un infierno, en 1945, poco antes de la bomba atómica”. El abuelo de Alvares “estuvo en Mauthausen, emigró a Estados Unidos en abril de 1947, tras dos años miserables en Francia. "Los que poseían una memoria óptima murieron.” (p. 159). Víctimas del mundo, víctimas de la historia. Como dijo magistralmente Paul Krugman, premio Nóbel de economía: “La historia importa”. ¿Idearon Carrington y Alvares en aquel youth hostel de la frontera entre Egipto, Israel y Jordania, los esbozos de la serie o más bien idearon un final posible a un mundo cruel e injusto? ¿Es la novela de Jordi Carrión una gran elipsis del Fin del mundo? Recordemos lo que dijo el propio Alvares en Larry King Live, el pasado 14/01/2012: “Quizá las buenas preguntas son las que nunca se acaban de responder”. Quizás lo único cierto es que el mundo no está hecho para que juguemos en él.
Si tuviera que definir Los muertos en una sola frase, sería esta: una buena idea mal llevada a cabo. La ambición que muestra el autor no se puede poner en duda, pero es precisamente ahí, en la osadía de intentar trasladar el lenguaje televisivo al papel, donde éste yerra. No en el orden conceptual, sino en el formal. Al igual que hiciera Stanislaw Lem en Vacío perfecto, Carrión propone un juego metaliterario, la creación de ensayos sobre obras inexistentes, pero al contrario que el maestro polaco, no deja lugar a la imaginación. El autor acompaña los dos artículos y la entrevista que componen el núcleo de la novela con el material que en estos se analiza, las dos primeras temporadas de una serie de televisión de género fantástico y contenido metaliterario. Donde Lem ofrecía un vacío que llenar con la imaginación del lector, Carrión construye todo un universo, el purgatorio al que van a parar los personajes fallecidos en las obras de ficción. El reencuentro con los protagonistas de Blade Runner o de Los Soprano, junto a otros muchos personajes reconocibles de la ficción, es tan sugerente como la historia que da vida a la serie, pero el autor pretende fusionar artes distintas, trasladar el lenguaje narrativo audiovisual a la literatura, y no elige el mejor camino. Cada medio tiene su forma de expresarse, y las adaptaciones suelen funcionar mejor cuanto más se alejan de su origen para acercarse al lenguaje de adopción. La literalidad, como era de esperar, condena de inmediato a la novela. Carrión somete el texto a un montaje televisivo, cada párrafo una nueva escena, y eso revierte en un caos difícil de disfrutar. O se tiene una memoria ciclópea para las situaciones, carentes de anclajes, o uno se ve abocado a retroceder en la lectura a cada momento. Es una lástima, porque la idea original contenida en este artefacto posmoderno era realmente atractiva. El experimento formal, como ha sucedido tantas veces, va en detrimento de la obra.
Está buena la novela. Al principio no se entiende nada porque tiene una estructura medio de guion de cine; todo el tiempo está pasando algo y se narra como una sucesión de acciones. Igual esa creo que es una de las intenciones del libro. Trata temas como la construcción de la memoria colectiva e individual, y cómo esa memoria muchas veces se recupera de a fragmentos. Por eso la aparición de estos adivinos que se encargan de recordarles a las personas qué habían vivido antes de materializarse en una nueva vida. Quizás, eso que se cuenta afecta la forma en que se narra (no se puede etiquetar en esta red social, así que hago como que esa idea es mía pero en realidad se la robé a un comegato y porteño), con esto de la mezcla de registros y discursos. Hay partes más cinematográficas, otras más descriptivas, incluye artículos que incluso niegan la existencia de la novela (?), y también tiene esto de que en cada párrafo pasa a otro personaje, como si imitara el movimiento de la cámara, que se traslada de una escena a la otra. En general está buena la idea, me gustó leerlo más allá de que al principio no se entiende nada, se empieza a entender más después y ahí se disfruta un poco más la lectura.
4.9"¿Extraño? Si. ¿Diferente? También. ¿Bueno? Muchísimo. Toda una sorpresa. Difícil de explicar pero delicioso de entender, un libro con un trasfondo simplemente excepcional y que de verdad sientes que te aporta algo nuevo y fresco.
Los Muertos por el español Jorge Carrión es una obra única en su especie. El libro sigue el rumbo de una peculiar serie televisiva titulada Los Muertos y sus repercusiones en el mundo. Una literatura poco común acompasada con un estilo bastante directo hacen de este libro algo fresco y novedoso, con referencias por doquier al mundo televisivo y literario este escritor logra crear un universo paralelo creíble y sustentado en un sentimiento "nostálgico" producido por la muerte real y ficcional. Quiero que se tomen el tiempo de leerlo y decirme qué les parece a ustedes.
Opinión Personal
Me gustó. Muchos comentarios dicen que el libro debió acabar en la primera parte (temporada) pero a mi parecer Los Muertos siempre buscó llegar hasta donde llegó, un final que te abre la mente a una nueva manera de ver la muerte ficcional.
Pasó de ser un libro sin más en mi estantería a una gran obra para el recuerdo de mi mente. Obviamente se merece una relectura (quizás más adelante cuando me empape un poco más de las referencias que hace el libro) porque es demasiado bueno. Por momentos te hace sentir extraño, te hace sentir diferente pero es a misma trama la que evoca estos sentimientos y cuando llegas a entender (realmente entender) de que va te hace sentir único porque tramas como estas son únicas. Referencias por todos lados a Lost, Los Soprano o incluso a Batman y Superman que en mi caso me provocaron salir corriendo a ver las series a las que hacía referencia.
Un mundo diferente y al mismo tiempo tan parecido al nuestro. Me recordó a Matrix, Lost, Under The Dome, La Isla y a muchas otras obras donde la incertidumbre gobierna a la realidad y como el mismo libro dice "Quizá las buenas preguntas son las que nunca se acaban por responder" Necesitan leerlo para entenderlo. RECOMENDABLE.
Grata sorpresa, pero es muy difícil hacer la review sin spoilers. La primera parte fue 5 estrellitas, pero en la segunda decayó un poco para mí, sobre todo cuando se toma como alegoría o metáfora de algo más. Me gustaría igual discutir un concepto que tira: creo que esto no sería tanto post-memoria como post- post- o algo así. Igual lo disfruté un montón.
PD: sí evité leer una frase porque me pareció que estaba por decir algo sobre el final de Lost, así que si van como yo por la 5ta temporada: avancen con cuidado.
Me encanta lo que hace Jorge Carrión con este experimento literario. No sólo contrasta el lenguaje cinematográfico con el literario, pero el individualismo con la comunidad, la aparición y la desaparición. Hay también propuestas que abordan la política, la ética, la memoria y la identidad. Una novela de contrastes, con un desborde de referencias pop, pero cuyo origen, finalmente, es la literatura.
Difícil de seguir. Un reto de lectura para este momento en que nos falla la concentración.
Los muertos es una novela diferente. Y como tal, me dejó con sentimientos encontrados. Por un lado, la trama es espectacular, llena de giros inesperados e intriga (personas llamadas “los nuevos” que aparecen en callejones sin tener ningún recuerdo ni noción de quiénes son). El formato también es muy interesante y original. Los dos ensayos que dividen a la novela agregan otro relato a la obra. Sin embargo es la narración de la ficción lo que no me convence. Está escrito como si hubiéramos puesto a un bot a ver un programa y hacer un resumen de él. Los cortes de escena que son comunes en las series es un recurso fundamental en esta obra. Y si bien es muy novedoso verlo en la escritura termina resultando molesto. Entiendo que este tipo de escritura es necesaria para esta obra en sí (no entro en detalles para no hacer spoiler) pero no logro acostumbrarme y más que nada siento que termina siendo superficial, como si uno no llegara a involucrarse realmente con la historia y mucho menos con los personajes. De todas formas, creo que es una lectura impresionante, que me dejó una sensación similar a los primeros capítulos de Black Mirror. Es el tipo de libro que le recomiendo a mis amigos para después escuchar qué vieron en él ya que tiene muchas interpretaciones posibles.
Es curioso como algo tan arbitrario como un nombre nos ayuda a confiar en nostros mismos; tener un nombre significa poseernos.
creo que este es uno de los mejores libros que leí en el 2020. tengo escalofríos POSTA. miedo. terror. tengo ganas de leer do androids dream of electric sheep de nuevo. ver lost aunque nunca la vi. llorar. gritar. no sé. ALGO.
"Los muertos" es un libro diferente tanto en su trama como en su estructura narrativa. No es fácil seguirle el hilo, cada párrafo es una escena con distintos personajes (es como ver una serie). Lo distinto hizo que lo siguiera leyendo y lo terminara. Hay ensayos en la mitad y al final que hacen creer que no es ficción.
En estos momentos de virus y cuarentena, encontré estas líneas en el libro: "Para nuestro asombro, la Pandemia avanza, la población ha mermado un tres por cierto, y sin embargo, sigue amaneciendo".
Este es, sin duda, el mejor libro que me he leído este año hasta la fecha. No esperaba este despliegue absoluto de ficción y meta literatura en una obra redonda se mire desde donde se mire. El conjunto narrativo de esta novela es soberbio y mantiene al lector absolutamente hipnotizado por una historia que parece una cosa que luego resulta ser otra y que termina siendo un misil directo al cerebro del lector que, al menos en mi caso, termina preguntándose de dónde ha salido esta maravillosa obra de arte literaria.
Siempre de la ficción, o desde más allá incluso, Jorge Carrión nos presenta un artefacto narrativo difícilmente clasificable escrito mezclando tonos y estilos, y acercándose no solo a la literatura sino al mundo audiovisual ya que el cuerpo principal de la narración es la narración de las escenas de una serie de dos temporadas donde la muerte y la vida se mezclan con lo real y lo imaginario en un juego de espejos, referencias e imágenes impactantes llenas de fuerza. Llevaba tiempo sin leer algo tan rompedor, raro y diferente, y al mismo tiempo valiente, interesante y adictivo. Más literatura así se necesita por favor...
Difícil reseñarlo sin arruinar la agradable sorpresa que es sumergirse en él con pocas advertencias. Está muy bien escrito; y se regodea en ello. Sencillamente, no se lo pierdan.
Me pareció mucho más interesante la idea de la novela que la novela en sí. Pero yo ya soy una señora mayor que no entiende estas cosas de jóvenes a los que les gusta experimentar.
Pretenciosa e incompleta: propone un universo de narrativas sobre las que emerge la idea, pero muchas de ellas terminan dependiendo de un conjunto arbitrario y algo ingenuo de obras preexistentes. Creo que no había ninguna necesidad de centrar la trama en (y hacerla depender de, por más que el mismo libro diga después que no importa) películas y series populares de altísimo rating. Por otro lado, los ensayos agregados sobre la narrativa de la serie ni siquiera lograron un efecto de verosimilitud en mí, resultan un pobre esfuerzo de conducir al lector a una interpretación inerte a través de un pasaje insípido y de poco virtuosismo, más cercano a un comentario de opinión que a un artículo científico de rigor como se presenta.
Ofuscada y encima sobreexplicada: el estilo de guión poco suma y más bien termina de desorientar entre personajes sin (o más bien con múltiple) identidad. Más aún cuando casa párrafo implica un salto a una nueva y desconocida escena. En la ofuscación no pude más que sentir una intención de elevar la obra. Los ensayos, comentarios y recortes de archivo parecen buscar ese fin, conduciendo todo hacia una interpretación que como mínimo resulta plana, artificiosa y nauseabunda.
Dejame algo libre a mi imaginación, Jorge. Ni siquiera el nombre de ese autor "genio" pudiste soltar: George Carrington (Jorge Carrión). Ni ganas de ponerme a pensar si ese Mario Alvares representa algo, porque veo la dupla perfecta (para sintetizar la obra) en la que uno es Jorge Carrión y el otro (lo otro) no importa.
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Literatura de interferencias. Flashes. Reminiscencias. La ficción se hace más real que nunca. Los muertos se presentan en nuestra percepción para vivir con total autonomía. Al leer no sabremos nunca si el paso siguiente será la «pisada final». Tampoco donde nos encontramos. Interferencia. Experiencia. Sólo esto. Si alguno de nosotros supiera que estamos haciendo, o hacia donde vamos, sería mejor que no nos lo dijera. Carrión desea contarlo. Con interferencias. Mediante el influjo de los personajes que han existido en la ficción, tanto literaria como fílmica.
Me ha dejado un poco a cuadros. Pienso que leyendo sus libros siguientes pueda engancharme a su escritura. Su forma de expresarse (nada errónea, aunque parezca lo contrario a continuación), está plasmado en presente descriptivo que puede pillarte desprevenido si no te esperabas algo así. Casi parece que estoy leyendo una obra teatral. Este mundo que nos ha creado Jorge, al igual que al propio lector, tiene a los protagonistas muy perdidos y desorientados. Cuánto más perdido te sientes leyendo la novela, es justo al final, al igual que los personajes.
La mejor manera para describirlo es raro pero chachi. Creo que la narración cinematográfica aporta mucho y es original, ya que es muy visual y agiliza la lectura, pero los artículos eran pesados y daban aspecto de pedantería por parte del autor (sinceramente, sorry). Las referencias me han gustado mucho pero después de que las hayan explicado porque son imposibles de pillar.
Creo que es una idea brillante pero no sé si la ejecución le hace justicia. Como serie de televisión creo que realmente habría sido un cambio de paradigma. No me termina de convencer como novela. Muy esquemática como el cine, y muy autoexplicativa como la metaliteratura. Debería darle un par de vueltas más, pero a primera lectura, me quedo con la primera parte y descarto todo lo demás.
Una mezcla entre novela de ciencia ficción y análisis de seriefilo. Con lo que adoro las series actuales y habiendo visto la mayoría de las que se citan en el libro aún así me costó entrar en el tipo de narración que nos presenta el libro. No sé si simplemente no me gustó o es que no me enteré de nada.
this was just such a good and interesting book like i've never seen before. please read it. it's about storytelling, modern storytelling. i cannot say more lest i spoil it
i just need to say that hillary clinton buying captain america as a character made roar with laughter
Un libro diferente a lo que he leído y eso es lo que hizo que me lo lea y quería saber cómo termina. La forma en que está escrito hace que tengas que leerlo capítulo por capítulo y sus ensayos en el medio y al final te hacen pensar que todo es real.
El libro es una buena idea, en primer momento es atrapante. Sin embargo, a medida que avanza en la lectura, se hace más y más complicado y pierde el encanto inicial. Una buena idea, llevada a cabo de una forma algo extraña.
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Experimento interesante que juega entre géneros, más interesante para mí en su parte de ensayo, de reflexión sobre realidad y ficción. Párrafos premonitorios.
Aunque procuro evitar los spoilers, para algún lector espabilado, mis descripción evasiva puede revelar demasiado, lease con precaución si se es susceptible al tema. La primera parte del libro es brillante, una historia distópica misteriosa, extraña, con una construcción compleja e inquietante. Está compuesta de diez capítulos que a veces parecen relatados en todo fársico y en otros resultan absorbentes. Al terminar, un ensayo de las páginas de The New Yorker (en un mundo alternativo, eso es), explica el misterio de la primera parte, y la broma es ingeniosa y aunque peca un poco de interpretativa y de atar todos los cabos, es un corolario eficaz y provocativo a la primera parte.Aquí debió, en mi opinión, terminar el libro. Entonces viene la segunda parte (o tercera, según lleve uno la cuenta), y ya no funciona igual. En lo absoluto. Porque ya que conoces la broma, la simbología, la estructura y las reglas del juego, ya no hay misterio, por lo menos en el sentido estructural. Lo que hay es una variante, intrigante apenas, de la primera parte. Es territorio visitado y no ofrece realmente nada nuevo, lo que vuelve sus diez capítulos en episodios fatigosos donde estamos esperando una vuelta de tuerca nueva, que lo justifique o reinterprete todo, y nunca llega. Al final, como epílogo, hay un nuevo ensayo, interpretativo, para decirnos lo que pasó en la segunda parte y atar los cabos siguiendo la broma. Pero tanto la segunda parte y su ensayo no funcionan más, porque su efectividad quedó disminuida en la primera vuelta y ya no hay una vuelta de tuerca en la trama o en la dialéctica de su simbología, escritura o interpretación, que ofrezca nada nuevo. Con todo, es una novela persuasiva, casi visionaria, y para ser la primera de su autor un verdadero acierto.