La jaula vacía consta de ocho cuentos (el título corresponde al nombre del primero de ellos) del escritor catamarqueño Carlos Villafuerte, caracterizados por su marcado sesgo costumbrista. Son sumamente descriptivos, respecto a los paisajes de esta provincia andina, pero también respecto a las costumbres, creencias y hasta supersticiones que imperan en la región. Cada uno de los relatos comienza por una descripción del ambiente en el que transcurrirán los hechos; descripciones que son muy bellas en general, pero que demoran la entrada en situación. No me atrevería a considerarlo un error, pero sí es algo que va en contra de lo que suele recomendarse en los relatos breves. Quienes hemos participado de talleres y leído algo sobre el género "cuento", conocemos la recomendación de empezar directamente por la acción, para enganchar de inmediato a los lectores. A este consejo suele sumarse otro que habla de las descripciones, y que dice: "no lo cuentes, muéstralo". Los relatos de Villafuerte no siguen ninguno de estos consejos: no solo comienzan describiendo el contexto, sino que lo hacen de una manera pasiva, diciéndonos cómo son los personajes en lugar de permitirnos conocerlos por sus acciones. Sacando este afán descriptivo, que tiene directa relación con el estilo costumbrista de su autor, la prosa del autor es agradable. Utiliza muchas imágenes sensoriales que embellecen su construcción ambiental. Sus personajes suelen ser gente sencilla, con la que resulta fácil empatizar, y que se topa con situaciones que los obligan a salir de lo cotidiano. En general, prioriza los finales felices y emotivos, aunque a fuer de ser honesto, resultan también bastante previsibles. No es un libro que haya detestado, pero tampoco me enamoró. Esperaba un poco más, sobre todo considerando que se trata de un libro premiado por la Comisión Nacional de Cultura, en 1950. Lo previsibles que resultan y cierta artificialidad en el intento de ser emotivo a toda costa, me desencantaron. De los cuentos, mi favorito es "El muerto", que tiene cierta dosis de humor que lo distancia un poco de los demás. Pero tampoco este me enamoró, sin embargo.