La satira, el sarcasmo y la caricatura social fueron las armas pre dilectas de este fumador de pipa con cara de Cristo anticuado. Y asi sus not as, siempre firmadas por "P", siempre referidas a la actualidad politica o a la sociedad de la epoca, sacaban tantas chispas como carcajadas. Sin morder jamas el anzuelo del lamento ni perder el sentido del humor, al ridiculo Pr ieto respondia con mas y mejor ridiculo,ante medidas que juzgaba absurdas, o frecia soluciones mucho mas absurdas. En Tontilandia reune los mejores texto s del autor en sus tres decadas como cronista de punto fijo.
Debo anunciar que don Jenaro y yo no congeniamos. No tiene nada que ver con nuestras posturas políticas, que casi 100 años después no tendrían por qué coincidir, sino que está relacionado con los años. Sospecho que la diferencia generacional ha provocado una grieta imposible de ignorar. Su pluma, muy perspicaz y sutilmente venenosa nos dicen quienes le conocieron y quienes le entienden, me resulta indescifrable.
Es probable que don Jenaro esté tan lejos en el pasado que las cuestiones sobre las que escribe me resultan del todo ajenas. Disfruté algunos de sus textos, es cierto. El que relata su vuelo a Valparaíso, por ejemplo, y también el de la moralidad en verano. Pero logré leer hasta la página 120 y esos son los dos textos que recuerdo (y todo eso lo leí entre ayer y hoy, así que no se me podría acusar de olvidadizo).
Lo siento, don Jenaro. Realmente disfruté su novela El Socio, que hasta adaptación hollywoodense tiene, pero no pude con sus columnas y crónicas. Estoy seguro que usted aceptaría la idea de dejar de leer un libro con el que no conecto, asentiría ante mi plan de dejar de perder el tiempo y leer algo mejor o algo que realmente conecte conmigo.
No creo que escriba mal, don Jenaro. No creo que cuantos lo recomiendan se equivoquen. Me temo que, en este caso, debemos acodar estar en desacuerdo.