Un día de primavera, en medio de un época de incertidumbre, una amiga me regaló un cuaderno azul, o verde, o aguamarina. Durante meses lo conservé a lo largo de viajes incontables, pero nunca pude escribir en él ni una sola palabra, como si el silencio fuera ya el destino. Hasta que un día viajé a Asuán, donde reyes, príncipes y arquitectos iban a poner la primera piedra de la nueva biblioteca de Alejandría. Cuando subí al ¡avión, abrí de nuevo el cuaderno del silencio y escribí en él la palabra Asuán. ¿Asuán? Era tan neutra y tan evocadora que con ella no interrumpía ningún las palabras seguían estando ahí, intangibles, distantes. De pronto la reflexión sobre la palabra fue también una reflexión sobre todas las palabras, y sobretodo acerca del amor y del silencio, las dos formas de conversación que entonces me conmovían, como ahora. Ese texto es esta novela, nuevamente autobiográfica, a la que le debo haber recuperado el sentido hondo que para mí tienen todas las palabras misteriosas. (Juan Cruz Ruiz)
De una belleza exquisita Sobre las palabras, el silencio, la soledad Sobre el amor, las despedidas Sobre escribir una carta a quien ya no desea leerte A quien ya no espera A quien sin embargo, aún recuerdas
" La memoria es el aire insoportable del silencio"
Y es verdad, que no hay completo silencio porque hay memoria. Porque hay recuerdo.
He subrayado mucho y reflexionado entre los márgenes Una delicia poética