De cómo una cárcel llena de convictos ingleses en el lugar más recóndito del mundo se convirtió en un país próspero del “primer mundo”. El subtítulo del libro también podría ser algo como eso, ya que cuenta algo así como una historia de superación. Si Australia fuera una persona sería un preso por robar a mano armada, que en la cárcel logró estudiar, rehabilitarse y salir para rehacer su vida. Leído desde los ojos de un argentino que creció escuchando la comparación constante con Australia resultó iluminador en muchos sentidos. Paso revista de algunos puntos interesantes:
-Pueblos originarios: los hicieron pelota ni bien llegaron los ingleses y hasta hoy en día arrastran conflictos con las comunidades negras que sufren discriminación. Tuvieron mucho tiempo una política de Australia for the white people. -Relación con Gran Bretaña y la Commonwealth: sumisa durante la mayor parte de su historia y un poco más desapegada cuando Estados Unidos empezó a ser su aliado más importante. Dieron muchos soldados para pelear en la Primera y Segunda Guerra mundial. Ahí empezó a crecer el nacionalismo australiano. -Primarización de la economía: comenzó con la industria de la madera, el oro y el trigo y hasta hoy siguen con una economía fuertemente atada a los commodities. Demuestra que es posible tener un buen nivel de vida exportando bienes primarios. -Los bushrangers son como los gauchos argentinos pero un poco más chetos. Ned Kelly vendría a ser como nuestro Facundo Quiroga. -El territorio es tan grande que tardaron mucho tiempo en poder atraversarlo de un lado a otro, más que todo porque el desierto de Victoria es inmenso. -El sistema político (del que el libro habla mucho) fue desde el comienzo bastante sólido y estuvo acompañado por una moral cívica democrática importante.
Único problema del libro: se habla muy poco de los kanguros.